Martes, 23 de Julio 2024

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Cultura | El pintor se revela como un eterno curioso y explorador de las formas que dibuja

Antonio Ramírez en el aquí y ahora, desde lo de antes

El pintor se revela como un eterno curioso y explorador de las formas que se dibujan a través del lienzo

Por: EL INFORMADOR

Antonio Ramírez ha experimentado con distintas técnicas y expresiones artísticas a lo largo de su trayectoria. y dice que va por más.  /

Antonio Ramírez ha experimentado con distintas técnicas y expresiones artísticas a lo largo de su trayectoria. y dice que va por más. /

GUADALAJARA, JALISCO (14/FEB/2014).- Antonio Ramírez recuerda que comenzó a pintar desde los 14 años de edad, aunque fue tiempo después cuando exhibió por vez primera sus cuadros, muy a principios de la década de los sesenta.

Desde entonces, su manera de enfrentar la obra artística ha sufrido una profunda transformación, una que pese a todo, ha logrado mantener rasgos de identidad característicos. Que lo convierten en artista único. Allí están siempre su trazo, el color y el imperio del cuerpo como presencia en el espacio y testimonio de asombro e indignación, de desencanto y gozo.

CON ESPÍRITU LIBRE
La novedad y lo constante


Actualmente, el artista trabaja en nuevas obras, piezas –dice– en las que “hay un poco de cambio” respecto de obras anteriores, “aunque no es algo radicalmente diferente. Ya desde hacía tiempo tenía ganas de probar otras cosas, y le daba largas al asunto, o no se daba”.

Agrega que ahora experimenta “con no llenar completamente el espacio del cuadro, hacerlo un poco más abierto; a veces se trata sólo de otra forma, de aplicación del color”.

Para el pintor, este proceso no se da como resultado de un impulso o descubrimiento sorpresivo. “Fue algo paulatino, pero se trata de algo que no había hecho antes, si bien algunos detalles habían aparecido de forma esporádica antes”; con todo, el artista sabe bien que “no hay prisa. Es parte de una actividad diaria, ya que trato de mantenerme lo más activo posible dentro de lo que me dejan mis achaques”.

Lo cierto es que las obras más recientes representan oara el artista “un reto que me impongo. Tengo que pelear con la obra; siempre he sido complicado para pintar y me he enfrentado a los cuadros”.

TRABAJO COMPARTIDO
La colaboración, elemento enriquecedor

Lejos de ser un creador aislado, Ramírez se distingue por su colaboración con otros artistas, baste mencionar como ejemplo el Colectivo Callejero, en el que varios pintores se reunían en derredor suyo para trabajar a un tiempo; así, no deja de ver como “bueno” un proceso que “brindó incentivos para todos los que participaron, desde el hecho mismo de ver trabajar a los demás, algo que siempre enriquece”.

Entre estos artistas que por mucho tiempo se han agrupado alrededor de su persona, Ramírez guarda profundo respeto hacia el trabajo de esos jóvenes. Ve en ellos, una generación lista para expresarse.

“Algunos muy talentosos y otros no tanto, pero en todas las generaciones sucede eso”. No le incomoda que le llamen o consideren “un maestro”, pero no se niega a dar un consejo o ayudar cuando se lo piden. “Siempre trato de que no sea así (ser llamado maestro); es por su propio bien”.

En el pintor no deja de manifestar siempre esa intensidad ante lo que sucede y lo que surge de sus herramientas, como una obra que dialoga con la desazón cotidiana. Explorar los caminos del arte es una tarea eterna, una a la que está dispuesto a seguir caminando, ya sea en solitario, o en compañía.

Para el maestro, en cada nueva generación existen nuevos talentos, a los que está dispuesto a ayudar a explorar su potencial

EL JUEGO DE LAS PROPORCIONES
Los colores, la luz, el tiempo y otros elementos

En lo que concierne al uso de los colorores, admite Ramírez que “estos se avivaron mucho en mi trabajo en los últimos años; es algo que no sé a qué atribuir, aunque podría deberse a mi relación constante y cotidiana con Domi, o por la necesidad de ver el color en mis cuadros”.

La creación, agrega el maestro, tiene que ver además, con una visión mucho más personal. Con la forma en que el tiempo va desfilando, lentamente, ante sus ojos. “Con el paso del tiempo, como que uno ve un poco más sintéticas las cosas, con mayor claridad, se supone”.

Lo que es cierto es que es un curioso que no conoce frontera. No se aburre. No se cansa. No se sienta jamás frente a un lienzo sin tener claro que lo que quiere plasmar en ese inmenso espacio en blanco, es un mundo completamente nuevo. Uno que va naciendo de sus manos, y cuyas fronteras solamente conoce en el mapa que con cuidado ha ido dibujando suavemente en su mente.

Ramírez, como artista completo, ha incursionado en prácticamente todos los territorios que la plástica ofrece para la expresión –desde los murales y la escultura monumental hasta la gráfica, el óleo o el dibujo– y, hoy día, continúa “abierto para cualquier clase de proyecto”, asegura, “pero ahora estoy pintando obra de caballete, sobre todo, porque es lo que más puedo hacer por mi cuenta. Gráfica, por ejemplo, hago menos; mi vista no es tan buena como antes y (pienso que) requiere un enorme grado de precisión”.

EL PODER DE LOS FÍSICO
El cuerpo, siempre presente en su obra


Antonio Ramírez tiene claro que en las  piezas en proceso las novedades se combinan con los elementos que han estado presentes en su obra por mucho tiempo; “me reconozco y se reconoce también que se trata de mi trabajo; sobre todo en lo que significa la representación del cuerpo, que de pronto lo recargo mucho con líneas, pero está ahí siempre”.

Ahora bien, el “siempre” no significa que el cuerpo hubiera estado ahí en su trabajo como un elemento definitivo desde el principio de su trayectoria; “hubo un tiempo en que, incluso, fui abstracto; pero hubo un punto definitivo, alrededor de 1980, cuando sentí lo que quería yo hacer, que es lo que conoce la gente”.

Otra de los elementos con que se identifica el trabajo de Ramírez es la intensa “carga política” en muchas de sus obras, algo que “ya venía desde antes y, aunque menos notable que otras características, ha estado ahí”.

“De alguna manera, entre la persona y el artista hay una vinculación indisoluble, lo mismo que entra la participación social y la pintura, que es mi manera más constante de tomar parte en cuestiones sociales”.

Lo anterior, acusa el pintor, escultor y grabador, significó –de alguna manera– “dar con un lenguaje propio; el haber encontrado figuras menos decorativas y con una expresión más directa, algo que, sobre todo, fue para darme gusto, pero también hizo que mi trabajo se acercara a un público cada vez más amplio”.

Las obras se convierten de esta forma en testigos vivos de su tiempo.

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