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Miércoles, 23 de Enero 2019
Cultura | La tercera novela de Antonio Ortuño es una reverencia a su amigo fallecido Rigo Mora

Ánima: un organismo literario

La tercera novela de Antonio Ortuño es una reverencia a su amigo fallecido en 2009, Rigo Mora

Por: EL INFORMADOR

Antonio Ortuño recibió la noticia de que su amigo Rigo Mora había fallecido, así que dejó la novela en la que trabajaba. ESPECIAL  /

Antonio Ortuño recibió la noticia de que su amigo Rigo Mora había fallecido, así que dejó la novela en la que trabajaba. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (07/AGO/2011).- La muerte cambió el rumbo de su escritura. Antonio Ortuño recibió la noticia de que su amigo Rigo Mora había fallecido, así que dejó la novela en la que trabajaba y comenzó un nuevo recorrido creativo que llamó Ánima, una obra que parte de la exploración de sí mismo, a diferencia de El buscador de cabezas (2006) y Recursos Humanos (2007) que narró desde un ejercicio de exploración intelectual más que sentimental.

En Ánima (Mondadori, 2011) convive el Animal Romo y el Gato Vera, quien narra la novela en primera persona y comienza en el Séptimo Arte como utilero del Animal Romo. Y aunque parecería que es una proyección del mismo Antonio Ortuño, éste realmente aparece en todos los personajes de la obra que se narra en los bajos mundos de los creadores cinematográficos, desde un reseñista de periódico hasta un joven talento que es exitoso. Se burla de todos, se burla de sí mismo.

“La novela la escribí porque se murió Rigo, que para mí era un gran maestro y amigo. El libro en cierta medida es muchas cosas y una de ellas es que es un espacio en el que todavía puedo dialogar con él… a Rigo le habría dado risa leer todo esto. Y no trato de hacer una biografía en lo absoluto, traté de crear algo que estética y anecdóticamente me remitiera a aquello”, cuenta, por vía telefónica, el tapatío de 35 años, considerado por la revista británica Granta como uno de los mejores escritores jóvenes en lengua española. En días pasados estuvo en la Ciudad de México, en tour de medios. Desde allá atendió esta entrevista.

–¿Ánima es un homenaje a Rigo Mora?
Desde luego que el libro es una reverencia a la memoria de Rigo y realmente lo reconozco, no quería idealizarlo ni convertirlo en un santo, porque dejaría de ser mi amigo; y sí era maravilloso, pero si lo describía como a Hugh Grant, no me remitiría a mi amigo y lo habría perdido por segunda vez al hacer eso. Es un libro consagrado a su memoria, pero no es una biografía. Le tengo un gran respeto a su memoria, que es moral, porque sacrificó su vida al proyecto creativo. Y quise que fuera el Animal Romo. Eso exclusivamente, y todo lo demás puede quedar como un chiste privado entre él y yo.

– ¿Por qué utiliza por primera vez lenguaje coloquial?
A diferencia de mis otros libros, éste se sitúa en México y necesitaba que los personajes hablaran como mexicanos… durante muchos años fui muy hábil para manejar lenguaje no coloquial, pero en Ánima era necesario utilizar el lenguaje coloquial y la lectura de Ibargüengoitia y de Daniel Sada me fueron útiles para entender cómo uno puede arriesgarse con todas las palabras, no sólo con palabras prestigiadas. Un escritor tiene todo el vocabulario ante sí y el reto era utilizar el lenguaje coloquial, pero con el mismo rigor que siempre.

–Utiliza verbos que no tienen la misma fuerza escritos que en el lenguaje coloquial, como chingar.
El problema del lenguaje coloquial es que es simplemente utilitario, se emplea para todo, y una palabra como chingar quiere decir 60 cosas distintas, cosas contradictorias entre sí. Que te chinguen es contradictorio a ser chingón… Y también hay una reflexión sobre la marcha de los alcances de ese lenguaje.

-¿Esta novela es más personal que las anteriores?
Es distinta, pero no es una autobiografía y realmente me costó más trabajo que las novelas anteriores, a las cuales no categorizaría como más intelectuales, pues todas son parte de un proceso de escritura, con diferencias, pero también con bastantes similitudes. Pero en esta última sí quería hacer algo con diferencias marcadas a las dos anteriores. Y la empecé cuando murió Rigo. Estaba en otra novela y la dejé para escribir Ánima… la caminé con los pies adoloridos.

– En la obra se nota su paso por la prensa escrita.
A mí el periodismo me dio muchas cosas, como la disciplina, la conciencia del lenguaje y de que potencialmente alguien te va a leer y no puedes escribir de manera hermética, pero la literatura tiene otros propósitos, otros mecanismos, es más hermética que el periodismo. Pero sí queda en el escritor que soy un sustrato de esa idea de explicar lo suficientemente bien, de ser claro, de observar. Finalmente las dos profesiones trabajan con el mismo material, al menos la prensa escrita trabaja con el lenguaje, son escritores, pero los fines del periodismo son distintos y sus procedimientos también. El periodismo refleja una realidad y busca verdades, mientras que la literatura no pasa por ahí: el fin del periodismo es ético y el de la literatura es estético. Y del procedimiento, pues he de haber escrito más de mil notas para periódico, algo se aprende, sin duda.

–¿La ironía es una búsqueda como narrador?
No es algo que busque, es algo que creo que forma parte de la tradición que tengo. Es la manera en la que yo veo, como si observo a alguien que camina, cada quien lo narraría distinto, y en la novela, lo que yo narro, tal vez contado por alguien más podría ser un melodrama. Ibargüengoitia ha escrito mucho sobre la ironía y te resuelve la cuestión (decía que su vida está vista por una pantalla irónica), y creo que el humor no es un ingrediente, es mi manera de ver el mundo.

–¿Qué le da la ironía a su prosa?
Es un poco complicado decírtelo, tengo esa relación con el lenguaje y esa forma de ver las cosas, y ya cada lector es el que responde a ese humor, es una respuesta física que pasa por lo intelectual. Uno se ríe de ciertas cosas en la medida que sabe más o menos, en grados distintos. A los niños les dan risa los aplausos, porque los sorprenden, y luego nos reímos de otras cosas. No sé si algo tiene mi prosa, pero espero que dé risa. A mí me gusta el humor, es un elemento esencial del discurso literario, me agrada, es el mayor síntoma de agudeza que puede haber.

–Aunque dice no hacer descripciones cinematográficas, en la novela hay muchísimas.
Claro, la cuestión es que hemos crecido abrumados por el poder del cine. En cualquier escuela de comunicación te dirán que somos una generación visual, que la galaxia Gutenberg va de salida; pero la descripción literaria precede en miles de años a la cinematográfica, muchos elementos de ésta provienen de la literatura. El cine le debe mucho a la literatura, la fotografía y desde luego, al teatro. Sabemos perfectamente que es un arte colectivo, y yo escribo solo y solo no hago una película, son medios distintos, pero sí prefiero darle primacía a la literatura, no porque sea mejor, sino porque tiene cinco mil años de palabra escrita; el cine tiene 100 y mucho de lo que ha hecho ya lo ha esbozado la literatura.

–Dicen que la escritura es una traducción de uno mismo, ¿qué encontró de sí mismo en la escritura de Ánima?
No me gusta hablar de mi psique porque me pone vulnerable y me preocupa mucho, porque la desconozco completamente. Lo que me interesó en este libro fue la posibilidad de robar anécdotas que vi o me contaron, para luego deformarlas, trabajarlas, convertirlas en un organismo literario… y en mi caso uso esos estratos porque soy un escritor que generalmente imagina cosas pero con cierto sustrato de lo que he visto y quiero pensar que eso sucede con todos los autores. Si escribes de una superficie plana lo haces a partir de tu experiencia; si hablas de una emoción tiene que estar vinculada a tu experiencia personal; no es que seamos una máquina en la que por una ranura entra la vivencia, por otra la imaginación y por otra sale la escritura. Uno no sabe qué tanto está mezclado.

–La novela parece un desahogo de lo que ve en la sociedad tapatía, que igual podría ser de cualquier parte del mundo.
Dejo una línea en blanco en lugar del nombre de la ciudad por dos razones: porque es como un juego cervantino de un lugar cuyo nombre no quiero recordar, por el odio del narrador a la ciudad y también porque es la puerta abierta a que sea cualquier ciudad mexicana, como Irapuato, Mérida… cualquiera.

–También habla de pupilos y maestros, de fama y de su rechazo a todo a esto… Pero ahora tiene que vivirlo…
Soy un escéptico de todas esas cosas. Mis prioridades son ganarme la vida, estar bien con mi familia, con mis cuates… y todo esto (la escritura) no lo hago por una necesidad patológica ni por fortuna. Si quisiera eso, consagraría mi tiempo a ser administrador o corredor de bolsa y ganar más dinero y ser glamoroso. Escribo porque lo disfruto y espero que quien lo lea lo perciba… todo lo demás es accesorio.

Perfil

Es hijo de inmigrantes españoles y nació en Guadalajara, en 1976. Trabajó como periodista por varios años. Ahora mismo se gana la vida como funcionario federal y colabora en diversas revistas y medios nacionales, como Letras Libres y W Radio. Su primera novela es El buscador de cabezas (2006). La segunda se llama Recursos Humanos, y tiene dos libros de relatos El jardín japonés y La señora Rojo. Fue incluido dentro de la lista de la prestigiosa revista Granta, como uno de los mejores narradores jóvenes de hispanoamérica. Acaba de poner en circulación Ánima, con el sello de Mondadori.

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