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Lunes, 15 de Julio 2019
Cultura | María Palomar denunció el plagio de un texto suyo por el secretario de Cultura estatal

''Acepto que Belgodere es menos cobarde que Cravioto''

María Palomar, ensayista y traductora, denunció el plagio de un texto suyo, firmado por el secretario de Cultura estatal

Por: EL INFORMADOR

'El arquitecto Belgodere,que fue quien realizó ese documento,cometió un gravísimo error por falta de tiempo o descuido,explicó Cravioto EL INFORMADOR /

'El arquitecto Belgodere,que fue quien realizó ese documento,cometió un gravísimo error por falta de tiempo o descuido,explicó Cravioto EL INFORMADOR /

GUADALAJARA, JALISCO (23/FEB/2013).- La ensayista y traductora  María Palomar levanta la voz cuando recuerda que al leer hace unos días la presentación del libro El magisterio estético de José Ruiz Medrano, publicado por la Secretaría de Cultura de Jalisco en 2007, se encontró con que en la mitad del segundo párrafo de la página ocho arrancaba un texto que ella escribió ella hace 21 años y se publicó en marzo de 2002 en La Jornada Semanal, en un ensayo sobre la revista Bandera de Provincias, que también ella realizó.

El problema es que el texto en el libro apareció con la firma de Alejandro Cravioto, nada más y nada menos que el todavía secretario de Cultura  estatal, sin siquiera una cita al pie de página de dónde se había tomado el texto.

María Palomar denunció esto en su columna  del domingo en “Tapatío  Cultural”, de El Informador, a lo que han seguido notas en medios locales y las respuestas de funcionarios y ex funcionarios sobre este caso de evidente plagio.

Cuestionado sobre la publicación, Cravioto afirmó a este medio que en ese entonces él solicitó a sus colaboradores una propuesta de texto para la presentación del libro, y el arquitecto Francisco Belgodere, extitular de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura y responsable del documento, cometió un error por las prisas.

“Está perfectamente claro que lo que yo solicité a mis colaboradores fue una propuesta de texto para la presentación del libro. El arquitecto Belgodere, que fue quien realizó ese documento, cometió un gravísimo error por falta de tiempo o descuido: no poner en el pie de página la referencia a la autora. Yo, absolutamente ignorante de ello, lo asumí el texto porque ciertamente estaba muy bien escrito y por ello lo firmé. Pero queda claro que no hay, de mi parte, ni dolo y absoluta ignorancia de la procedencia de los textos. Bueno, no ignorancia, yo tenía la certeza de que ese texto provenía del arquitecto Belgodere, que fue quien lo preparó”,  se deslindó.

El funcionario explicó que ya se ofreció una disculpa a María Palomar. “Igualmente si es necesario yo ofrecerle una disculpa se la ofrezco. Es más: la misma maestra Palomar acepta que esto así sucedió”.

Entrevistada al respecto, María Palomar aceptó que hubo una disculpa personal de Francisco Belgodere –a quien dice, tomaron de chivo expiatorio-, pero no de Cravioto, cuya firma encabeza el documento. “Entonces nada que acepto. Acepto que Belgodere es menos cobarde que Cravioto. Eso sí acepto”.

Y agregó: “Que la ofrezca, que diga eso. Que diga: ‘Yo tontamente firmé una cosa que no sabía de dónde venía’, pero me habla muy mal del señor que haya mandado por delante al pobre Belgodere que es un señor ya mayor, un arquitecto respetable”.

En una carta dirigida a Belgodere, Palomar le dice: “Resulta más que difícil creer que se trató de una falta de atención debida a la premura. Si fuera una breve cita, sería posible (que no justificable), pero se trata de la mitad de todo el texto de dicha “Presentación”. (...) Desafortunadamente no todos los ministros de cultura son Malraux, y pocos escriben lo que se publica con su nombre. Pero no pueden descargar en otra persona la responsabilidad por un documento que lleva su firma. (...) ) Mucho le honra a usted haber tenido la presencia de ánimo de asumir su parte de responsabilidad en el asunto. Sin embargo, usted no puede eximir al Secretario Cravioto de su público yerro al firmar en un libro publicado por la dependencia que encabeza un texto que en buena parte es un plagio.”

Palomar recordó que cuando fungió como funcionaria y había un  problema de este talante, en la oficina “podían volar las patadas”, pero afuera quien asumía la responsabilidad era la persona que estampaba su firma.

“Que no se vayan sin que les dé por lo menos tantita vergüenza”

Aunque toma con humor el asunto, la escritora sostuvo que no podía dejar pasar en blanco algo que está mal hecho y que no debe hacerse.

“La semana pasada tuvo que renunciar en Alemania la ministra del gobierno de Angela Merkel porque le cacharon el fusil de su tesis doctoral. Y le quitaron el doctorado y tuvo que renunciar como ministra del gobierno alemán. Esas son cosas que no se pueden pasar en blanco. Yo me hubiera podido callar la boca, pero lo tomé con cierto sentido del humor”.

Palomar dijo que no se pueden seguir admitiendo tantas mentiras en este país con acciones que hablan muy mal de los funcionarios que no se preguntan de dónde salió un texto en el que pondrá su firma ni cuestiona a sus colaboradores de dónde salen los materiales que se usaron para la realización del documento.

“Yo ni quiero hablar con el señor Cravioto. Me da lo mismo y qué flojera. Tampoco es hacer una tempestad en un vaso de agua. Es una cosa pequeñita pero bochornosa. Da nuestra medida de nuestro provincianismo y nuestra mediocr idad que un secretario de Cultura haga una cosa así. Es una ofensa para todos. Que no se vayan sin que por lo menos les dé tantita vergüenza”, remató.

El original, de María Palomar

Vasconcelos había sentado las bases de la educación en México sobre principios nacionalistas, había liquidado la herencia del positivismo porfiriano y propiciado el reencuentro de los intelectuales con la realidad nacional.

(...)

Los iniciadores eran cinco: Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Agustín Yáñez, Esteban A. Cueva Brambila, José Guadalupe Cardona Vera y Emmanuel Palacios, cuyas edades fluctuaban entre los veintitrés y los veintisiete años. Yáñez y Gutiérrez Hermosillo, que fueron realmente el alma de la revista, se titularon, ambos de abogados, durante el año que duró su publicación. Así pues, pertenecían estrictamente a la misma generación, y ya todos habían nacido en este siglo.

Desde el principio recibieron la adhesión y en muchos casos también colaboraciones de un grupo más amplio que no sólo incluía a jóvenes de la misma generación como Antonio Gómez Robledo, José Ruiz Medrano, Ignacio Díaz Morales, Luis Barragán, Lola Vidrio, José Cornejo Franco o el jovencísimo estudiante Gilberto Moreno Castañeda, sino también personas de mayor edad (más de treinta años) como Efraín González Luna, Julio Jiménez Rueda, Agustín Basave, José Rolón, José Arriola Adame, José Guadalupe Zuno, Saúl Rodiles, Manuel Martínez Valadez, Aurelio Hidalgo, María Luisa Rolón, Carlos Stahl, Ixca Farías...

(...)

También mantuvieron una relación estrecha con el grupo de Contemporáneos, a la vez amistosa y literaria, pues continuamente había visitas de los capitalinos a Guadalajara y viceversa, además de haberse publicado con frecuencia textos de Novo, Owen, Pellicer, Villaurrutia, Ortiz de Montellano, etcétera. Resulta asimismo notable la nutrida correspondencia intercambiada con grupos y revistas de todos los países iberoamericanos y España, así como la frecuente mención de contactos epistolares con intelectuales de casa que por una u otra razón vivían en el extranjero, como Alfonso Reyes, Enrique Munguía Jr. y Joaquín Rodríguez de Gortázar.

El pirata, firmado por Cravioto

Vasconcelos había sentado las bases de la educación en México sobre principios nacionalistas y, tras liquidar la herencia del positivismo porfiriano, propició el reencuentro de los intelectuales con la realidad nacional.

El momento de que  se vive en el México de José Ruiz Medrano es apoteósico. México se vuelca hacia adentro con el esfuerzo de gente como el ya mencionado José Vasconcelos, José Clemente Orozco, José Luis Martínez, Luis Barragán Morfín, Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Agustín Yáñez, Esteban A. Cueva Brambila, José Guadalupe Cardona Vera, Emmanuel Palacios, Antonio Gómez Robledo, Ignacio Díaz Morales, Lola Vidrio, José Cornejo Franco, Gilberto Moreno Castañeda –muy joven a la sazón-, cuyas edades fluctuaban entre los veintitrés y los veintisiete años, o personas de mayor edad como Efraín González Luna, Julio Jiménez Rueda, Agustín Basave, José Rolón, José Arriola Adame, José Guadalupe Zuno, Saúl Rodiles, Manuel Martínez Valadez, Aurelio Hidalgo, María Luisa Rolón, Carlos Stahl, Ixca Farías y una pléyade más.

(...)

Mantuvieron una relación estrecha con el grupo de Contemporáneos, a la vez amistosa  y literaria, pues continuamente visitaban los capitalinos Guadalajara, y viceversa; además de haberse publicado con frecuencia textos de Novo, Owen, Pellicer, Villaurrutia, Ortiz de Montellano, etcétera, en las publicaciones literarias tapatías. Es notable la nutrida correspondencia intercambiada con grupos  y revistas de todos los países latinoamericanos y de España, así como la frecuente mención de contactos epistolares con intelectuales de casa que, por una u otra razón, vivían en el extranjero, como Alfonso Reyes, Enrique Murguía hijo y Joaquín Rodríguez de Gortázar.

FRASE

"
Quizás se lo hubiera creído si fuera una cita pequeña en donde luego a uno se le pasa poner la nota al pie de página, pero no es una cita pequeña, es la mitad de todo el texto del señor Cravioto "

María Palomar
, ensayista.

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