Jueves, 25 de Abril 2024

Una cuaresma más

Corre ya este tiempo santo de oración, de ayuno, de abstinencia de carne en ciertos días y de un gran deseo de intensificar la vida de fe y de caridad

Por: El Informador

“Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. ESPECIAL/

“Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. ESPECIAL/"Jesús en el desierto"/Barthélemy Parrocel/Wikipedia

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Gen. 2, 7-9; 3, 1-7

«Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”

La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín, pero del árbol que está en el centro, dijo Dios: ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir’”.

La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”.

La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.».

SEGUNDA LECTURA

Rom. 5, 12-19

«Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.

En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos».

EVANGELIO

Mt. 4, 1-11

«En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.».

Una cuaresma más

Corre ya este tiempo santo —cuarenta días— de oración, de ayuno, de abstinencia de carne en ciertos días y de un gran deseo de intensificar la vida de fe y de caridad. Es la Cuaresma una práctica tan antigua, que algunos pretenden hasta llevar su origen a los tiempos apostólicos. Cuando la Iglesia celebró el Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325, ya eran comunes el tema de la Cuaresma y su finalidad como preparación para la alegría de la Pascua. Con idéntica finalidad, aunque hayan aparecido cambios y adaptaciones, es uno de los llamados “tiempos fuertes” del año, con el objetivo claro de invitar a los creyentes a escuchar la divina palabra, a despertar, a sacudir la pereza, a acercarse al Señor, a renovar la vida cristiana.

Los textos de la Sagrada Escritura que se proclaman en los días de Cuaresma, y el culto; la liturgia, invitan al hombre a descubrir desde sus orígenes su realidad de creatura, su condición de pecador y la necesidad de acudir al Señor para encontrar misericordia, perdón. Es el tiempo de entrar dentro de sí mismo, de ver con ojos de fe y con humildad la propia situación y retornar a los valores auténticos.

La conversión es obra de la gracia, y ésta se la obtiene, se consigue, con la oración, el ayuno y la penitencia. En sentido general; conversión es un cambio de vida, dejar el comportamiento habitual y emprender otro nuevo, ponerse a vivir con limpieza de espíritu. Es una innovación, una decisión de acercarse más a Dios. El término conversión no goza de preferencias, porque supone ascender, esforzarse, y en la cultura dominante del siglo XXI choca contra el afán de diversiones y placeres. La conversión es un cambio en el pensamiento y en la acción; es pasar del pecado a una vida en todo nueva.

Tiempo de gracia, tiempo de conversión es éste, más para escuchar la voz de Dios y para que se abra el hombre al conocimiento de sí mismo y a un planteamiento de su estilo de ser y caminar, en gran manera sirven el silencio y la soledad.

José Rosario Ramírez M.

Sólo a tu Dios, adorarás

La liturgia de este primer domingo de cuaresma nos invita a considerar con el ejemplo de Jesús cómo enfrentar las tentaciones que nos propone el mal que nos rodea y aquel que llevamos dentro. Hace apenas unos días, con el pretexto del carnaval que acaba de celebrarse, el mundo que se guía por los placeres y el desenfreno nos invitaba en diferentes lugares a participar en verdaderas orgías, olvidando cuál es el sentido del carnaval. Era una invitación a dejar la carne como alimento para entrar en una época de templanza y severidad de vida. Se celebraban, sí, festejos con cierto humor y alegría. Pero como sucede con otras festividades, van perdiendo el significado y cambian totalmente la dirección que ha pretendido la Iglesia.

Jesús nos muestra cómo despreciar los honores falsos que el mundo ofrece. A Él, que es hijo de Dios y lo tiene todo, se le ofrece un mesianismo político temporal, con mezcla de gloria y poder humano. Después, desde lo alto del templo, el demonio le pide que se arroje al vacío, al cabo es hijo de Dios y vendrán sus ángeles a salvarlo. “No tentarás al Señor tu Dios”, le responde Jesús, y lo rechaza al no aceptar manifestaciones vanas del poder de Dios. Finalmente, desde lo alto del monte donde el demonio le ha mostrado el esplendor de las naciones y se lo ha ofrecido si postrado lo adoraba, Jesús lo rechaza de nuevo: “Sólo a tu Dios adorarás y sólo a él le rendirás culto”. El diablo lo deja y los ángeles le servían.

La firmeza del Señor en cumplir la voluntad de su Padre lo sostiene ante las tentaciones. Jesús nos invita a que sigamos la voluntad de Dios sobre nuestras vidas y la misión que nos ha encomendado en la construcción y realización de su reino.

Francisco Javier Martínez Rivera, SJ - ITESO

Puede más el amor

El mensaje del papa Francisco para la cuaresma de este año, lleva por título “En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios” (2 Co 5,20), texto usado el miércoles de ceniza. Desde el comienzo de la cuaresma miramos hacia la meta a la que caminamos, el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo. Es este misterio el fundamento de nuestra conversión, del reorientar constantemente nuestra vida hacia Dios. Para lograr esa transformación, el Papa propone precisamente el contemplar “los brazos abiertos del crucificado” para “mirar y llegar a tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren”.

En el primer domingo de cuaresma contemplamos la creación y el pecado que distorsionó el proyecto original de Dios (Gen 2, 7-9; 3, 1-7). Con Cristo el hombre es redimido y hecho nueva criatura, pero sigue expuesto a la tentación y tiene que vencerla como hizo Jesús (Rom. 5, 12-19).

El evangelista relata cómo después de recibir el bautismo por parte de Juan, el Hijo de Dios fue “llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo”. Tentar es someter a alguien a prueba, y de este modo determinar su consistencia o inconsistencia. La tentación ciertamente busca encontrar en quien es sometido a la prueba una fisura, una debilidad, una fragilidad, con la intención de quebrar su fidelidad a Dios y a sus planes. En el desierto el Mesías, antes de iniciar su ministerio público, será sometido a esta durísima y exigente prueba por el demonio mismo, el tentador por excelencia.

Ante la tentación, Jesucristo no se aparta ni un milímetro del camino que Dios Padre le había señalado.  La victoria que el demonio había obtenido en el paraíso se revierte ahora en el desierto con una total derrota. Y así debe ser nuestra actitud ante las tentaciones: derrotar al maligno con la gracia que Cristo nos obtuvo. Las tres tentaciones del desierto fueron intentos de satanás para lograr que el Maestro abandonara su confianza en Dios y confiase tan sólo en sus propios planes, en sus propias fuerzas. Jesús vence al tentador por su confianza total y por su dependencia constante de Dios. Si el núcleo de toda tentación consiste en prescindir de Dios, Cristo manifiesta que en su vida Dios tiene el primado absoluto.

A lo largo de la cuaresma tenemos que rehacer la imagen de Dios en nosotros, deformada por el pecado. Para ello debemos tener fijos los ojos en Cristo, imagen verdadera del Padre. La victoria del Nazareno sobre el mal es la promesa y garantía de nuestra propia victoria; también un día nosotros triunfaremos totalmente sobre el pecado. No estamos solos en esta lucha contra la seducción del mal, Cristo está a nuestro lado y Él ha vencido ya al mundo. La victoria que vence al mundo es nuestra fe.

Te pedimos, Señor, aguante para superar las tentaciones que nos rodean constantemente al paso de los días. Líbranos, sobre todo, de los ídolos que quieren dominarnos borrando tu imagen del horizonte de nuestra vida, y haz que avancemos sin cesar en el camino hacia la Pascua. Amén.

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones