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Martes, 14 de Agosto 2018

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The Last Bookstore, viaje de papel

El corazón de la ciudad de Los Ángeles cuenta con una de las librerías más hermosas que puedes imaginar

Por: El Informador

Para los alamantes de las lecturas, la librería es un oasis en el corazón de Los Ángeles. EL INFORMADOR/ J. Pérez

Para los alamantes de las lecturas, la librería es un oasis en el corazón de Los Ángeles. EL INFORMADOR/ J. Pérez Copyright 2006 PerfectProof

Los precios pueden variar, aunque de forma individual, cada libro es un tesoro. EL INFORMADOR/ J. Pérez

Los precios pueden variar, aunque de forma individual, cada libro es un tesoro. EL INFORMADOR/ J. Pérez

Se aprovechó la arquitectural del viejo edificio. EL INFORMADOR/ J. Pérez

Se aprovechó la arquitectural del viejo edificio. EL INFORMADOR/ J. Pérez

El acomodo de los libros demuestra un ingenio infinito. EL INFORMADOR/ J. Pérez

El acomodo de los libros demuestra un ingenio infinito. EL INFORMADOR/ J. Pérez

Decía Jorge Luis Borges que imaginaba el paraíso como una especie de biblioteca. Para el lector común, ese cielo prometido tiene también forma de librería. Y lo es más cuando se trata de un espacio que va más allá de la definición habitual de librería como un simple negocio donde se comercializan libros. Así sucede con The Last Bookstore, una librería en el centro de Los Ángeles donde encontramos un sinfín de opciones por leer, desde libros a un  dólar hasta ediciones de colección de alto valor (y precio).

The Last Bookstore es una librería “de ocasión”, si vale decirlo así: lo que venden son libros “usados” (a veces nuevos, en realidad). El proyecto comenzó hace un decenio, cuando el propietario decidió emprender la venta de libros baratos que otros lectores habían desechado. La librería creció, se mudó a su actual sede y se convirtió en un referente de bibliómanos en la ciudad. Su nombre, “la última librería”, alude a la tendencia que se vivió en la década de los 2000, cuando muchas pequeñas librerías cerraron por el auge del comercio en línea.

Ahora el sitio se ubica en un antiguo edificio bancario. Si antes algunas de sus habitaciones fungían como bóvedas para resguardar los tesoros, ahora albergan otros tesoros: los libros. Lo que nos regresa a Borges, quien guardaba billetes en los libros de su biblioteca, según Alberto Manguel: “Un tesoro dentro de otro tesoro”, decía.

La sección de libros especiales se halla justo a la izquierda, tras pasar la entrada. En esa área de ediciones valiosas se resguardan verdaderos tesoros, siguiendo con el símil de Borges: primeras ediciones, ediciones firmadas, ediciones especiales, valiosos libros de arte… La característica de una librería así y una sección como tal es el continuo descubrimiento para los visitantes: de allí la definición de los “libros de ocasión”, uno se los topa una sola ocasión, aunque regresemos a la misma librería quizá nunca volvamos a encontrar el ejemplar que no nos llevamos.

Pequeñas joyas ocultas

Durante la visita a The Last Bookstore, las joyas que había en la vitrina de libros de colección eran verdaderos hallazgos: primeras ediciones de De Profundis de Oscar Wilde, de Absalom, Absalom! de Faulkner, It de Stephen King, Chamber Music de Joyce, una primera edición firmada de David Foster Wallace (su libro de entrevistas) Sylvia Plath, Ray Bradbury… la lista es larga, y enumera incluso a autores como Goethe (una edición de 1795 de Wilhelm Meister, la primera) o del filósofo Schelling (un libro de 1797), o ediciones de lujo de las obras completas Dickens, Hemingway, etcétera. Los precios exceden el presupuesto de el bibliómano promedio: por ejemplo, el poemario de James Joyce costaba 250 dólares; el libro de Goethe en alemán dos mil.

Por más que la bibliofilia lo pida, no siempre se pueden comprar esos ejemplares. Como consuelo está el resto de los libreros, con precios más asequibles, algunos de remate. En la planta baja, en el centro de la librería, es donde hallamos la mayor cantidad de libreros con literatura contemporánea, clásicos, algunas mesas con novedades, curiosidades (otros artículos que venden las librerías, como tazas, camisas, sujetalibros y demás accesorios). Allí los precios son más variados, y no suenan tanto a desfalco como las primeras ediciones.

Recorrer tan solo una línea de libreros puede tomarnos más de una hora, si nos demoramos para ver toda la variedad de los libros. Y todavía falta: un segundo piso reserva varias sorpresas más, entre ellas dos de los sitios más famosos de la librería, popularizados en redes sociales. Idea del dueño, el diseño del segundo piso es más libresco: una de sus escaleras lo avisa desde que la subimos, con un par de piernas que custodian la frase en español: “Nuestra Señora la Reina de la Librería Última de Los Ángeles”. Enseguida la decoración, un largo rollo mecanografiado que vuela por los aires, surgido de una máquina de escribir de ornato.

Luego una especie de laberinto de libreros: es el guiño a la temática, pues allí se exhiben los libros de misterio, suspenso y novelas negras. La propuesta es, literal y literariamente, perderse entre libros. Al final de uno de esos pasillos está una de las famosas postales de la librería: un marco hecho con libros, ad hoc para retratarse rodeado de lomos. Frente al marco el célebre túnel de libros, la otra famosa postal, recurrente: una proeza de la decoración en la que los visitantes quedan rodeados por una ola de libros cuya curva comienza al metro de altura y se inclina hasta alcanzar la pared contigua, dejando el hueco para que pase la gente.

Para los amantes de la nostalgia, la librería también cuenta con un amplio catálogo de discos en acetato, un detalle que solo acrecienta el tiempo que un bibliómano y melómano puede pasar en el lugar.

DR

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