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Jueves, 18 de Octubre 2018

Suplementos

Otra forma de aprender

El centro educativo ALAS, Aprendizaje en Libertad, propone una formación más allá de calificaciones, exámenes, premios y castigos; sino en el estudio experiencial, colectivo y de reflexión

Por: Jorge Pérez

Experiencia. ALAS contempla un rango de edad desde los 11 hasta los 18 años.

Experiencia. ALAS contempla un rango de edad desde los 11 hasta los 18 años.

Omar Muñoz Y Mónica González. Empezaron con talleres de cerámica, dibujo y paseos al bosque.

Omar Muñoz Y Mónica González. Empezaron con talleres de cerámica, dibujo y paseos al bosque.

Talleres. El centro educativo incluye talleres de agricultura.

Talleres. El centro educativo incluye talleres de agricultura.

ALAS, Aprendizaje en Libertad es un centro educativo alternativo que propone una educación con un perfil horizontal, lejos del modelo habitual con calificaciones fijas. Este proyecto surgió en 2014, con un grupo muy diverso de profesores con inquietudes e insatisfacciones frente a la escuela tradicional, varios también madres y padres de familia. Mónica González, una de las personas que comenzaron, platicó al respecto: “Éramos mamás y papás que nos preguntábamos si seguiríamos llevando a los hijos a esos mismos esquemas de aprendizaje cada vez más obstaculizados por el sistema escolar… Lo primero que hicimos fue estudiar, discutir y analizar”.

Luego de un periodo de investigación durante un año decidieron empezar a hacer este centro de aprendizaje: “hacer”, una palabra clave que refiere al hilo conductor de ALAS. Antes de lanzar el proyecto revisaron el contexto en la ciudad: “Vimos ese vacío de propuestas para jóvenes adolescentes. Hay comunidades de aprendizaje de mamás y papás, con gente que quiere compartir lo que sabe, pero dirigidos a niños. A adolescentes no encontramos algo que no fuera con calificaciones, exámenes, imposiciones”.

Así empezaron talleres de cerámica, dibujo, paseos al bosque para aprender de lo que encuentran en ese contacto con la madre tierra: “Una característica de los chavos actuales es ese aislamiento con la naturaleza, poder convivir con un entorno”. El viernes último de cada mes comenzaron a hacer estos recorridos, con Jesús Moreno, experto en la vida natural.

Uno de los primeros objetivos al crear esta comunidad de aprendizaje fue romper con vicios de la educación tradicional: “Sin premios ni castigos, no hay faltas ni reportes, sentimos que eso es lo que enajena el conocimiento: si no hay premio no lo hacen, luego, o si no hay castigo no importa”. Igualmente, en ese sentido, las materias no se imparten: la dinámica es un taller abierto para incentivar cuestionamientos, aprendizajes y experiencias: “No queremos transmitir el conocimiento como lastre muerto: queremos generar preguntas, hacerlos dudar, que busquen y encuentren qué quieren saber, sus intereses. Es más una construcción, no una impartición de conocimiento”.

Otros talleres son sobre historia, panadería, inglés, náhuatl, entre otros tantos, donde la función del profesor no es la de ser un “poseedor del saber”: “Esa idea está de salida, a un clic de distancia está el conocimiento”. Con los talleres de agricultura y panadería los chicos han aprendido también sobre emprendimiento, pues ya ponen a la venta lo que producen: “Queremos detonar que sí pueden, ya tienen un montón de capacidad, aunque sean menores de edad”.

Cuestionar e impulsar saber

El perfil de los asistentes a ALAS contempla un rango entre 11 años, cuando dejan la niñez, hasta 17 o 18 años, en el umbral de la edad adulta: “Los queremos acompañar en el periodo de transición”. La experiencia con los primeros jóvenes que aprenden en ALAS es motivadora: “Vimos que había una avidez por ese tipo de aprendizaje: es una característica de ALAS, aprender directamente donde están las cosas. Otra es aprender en colectivo. Así surgen preguntas”. Un perfil común entre los jóvenes es el de ser rechazados en algunas escuelas, precisamente por ser propositivos y cuestionar, por tener un impulso mayor de saber.

Con la práctica han comprobado que los talleres se interrelacionan, así sean de disciplinas en apariencia distintas: “Uno de los vicios de la escolarización es fragmentar los saberes. En la vida están y no traen letrero si son de civismo, arte o ecología. Queremos ir a la vida, desde diferentes esquinas a través de nuestras pasiones”. Una experiencia de colaboración entre los chicos y de vínculos entre las diferentes materias es un libro que produjeron, con grabados y textos.

Omar Muñoz, quien se integró como tallerista hace aproximadamente un año, platicó: “Me empecé a integrar por CiudAndantes, colectivo ligado a ALAS. En un evento me invitaron a tocar la jarana. Nos conocimos y empecé a participar más de lleno. Soy historiador también, cuando empezó el proyecto Moni me hizo la invitación de participar más. Dentro del colectivo me he integrado conforme me enamoro del proyecto. Hay ideas e inquietudes que tenía”.

Omar colabora en el taller titulado “Travesías”, donde los chicos se adentran en la historia local, entre otras actividades. Desde el punto de vista docente, el método de trabajo ha sorprendido a Omar por el valor que los propios jóvenes le dan a sus labores: “Es mucho más fuerte cuando se regulan entre ellos, es algo que incluso he aprendido de ellos. Es otro tipo de autoridad, por la edad. Pero entre ellos se regulan: por ejemplo, si debieron investigar sobre un tema y alguien sí lo hizo completo, alguien más que lo copió le dará pena. Mejor esperan al siguiente tema y sí investigar. Es padre: uno no pone la vara para medirse, es más auténtico entre ellos”.

En otro rubro, en el de la convivencia, Omar también resaltó cómo se diferencia la interacción entre los alumnos en las secundarias y preparatorias habituales y en ALAS. “Es otro mundo. Me parece muy valioso ver cómo interactúan”.

Aunque se puede combinar con la “escuela tradicional”, por lo menos en los tiempos de algunos talleres, lo ideal es que los jóvenes que acudan a ALAS lo hagan de tiempo completo, pensando en el modelo integral que proponen: “No está planeado para que estén yendo a una institución escolarizada y además aquí. El tiempo no da: cada vez más una institución requiere todo el tiempo, y en algunos casos los aísla de la vida.

No tienen tiempo de tocar un instrumento o visitar a los abuelos, están sumergidos en buscar ese rendimiento con las tareas. ALAS es una oferta para los padres y chicos que no quieren más de lo mismo y que desean autogestionar su aprendizaje”, dijo Mónica.

ALAS aboga por ponderar más el conocimiento y no el “papel” que supuestamente lo avala. Los asistentes a sus talleres, al igual que las personas que optan por el “homeschooling”, pueden presentar los exámenes para validar el aprendizaje: “Al cumplir 15 años la alternativa para certificarse es el INEA, a los 17 se pueden presentar los de bachillerato. Nosotros los apoyamos, si es lo que quieren. Pero sin la lógica del maestro persiguiendo al alumno”.

SABER MÁS

ALAS realiza sus talleres en diferentes instalaciones (dependiendo si son cerámica, panadería, ciclismo…), aunque su sede principal es Libertalia, en Prisciliano Sánchez, núm. 837. El siguiente ciclo comienza el 27 de agosto.

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