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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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Suplementos | Esta entidad tiene mucha más historia de la que imaginamos

Oaxaca

Describir a este pueblo y a su gente en pocas palabras no es nada fácil

Por: El Informador

La Soledad, avasalladora, altiva y barroca.

La Soledad, avasalladora, altiva y barroca.

GUADALAJARA, JALISCO (24/SEP/2017).- Describir Oaxaca, me pareció una cosa sencillísima y muy divertida, al principio.

En una ocasión, en donde al entrar a una iglesia encontré a una señora hablándole casi a gritos a un cristo flagelado y sangrante que arrastraba cordones y cadenas, me dije… esto puede ser un buen principio de un capítulo donde se hable de la fe incólume del pueblo oaxaqueño. Grande fue mi sorpresa cuando al acercarme a ella -morbosamente no lo niego- para enterarme de sus cuitas, me di cuenta que ¡estaba hablando por su celular frente a la imagen! prometo que claramente parecía estarle implorando y llorando a la siniestra imagen que tenía enfrente. Saqué una foto y me dije a mí mismo: ¡ay compadre! Describir a este pueblo y a su gente en pocas palabras, no va a ser nada fácil.

Intenté tranquilizar mi espíritu con una nieve de las que venden ahí afuera de la iglesia de La Soledad: pedí una de las grandes. No me acuerdo si ordené de sandía con cajeta, o de tuna con chilacayota -las combinaciones que sugieren ciertamente son extrañas- pero de lo que si me acuerdo es que son aderezadas con trocitos de chapulín tostado para que agarren buen sabor. Y aunque las heladas  mescolanzas no calmaron mi desconcierto, la imponente fachada barroca de la basílica -que al acercarme a ella me dio la idea de ropero antiguo- se me figuró que quería abrazar el lente. Saqué la foto.

Como nos habían recomendado ir al restaurant Zandunga, que está no muy lejos del convento de Santo Domingo, mientras caminábamos hacia allá nuestras miradas se clavaron en las sorprendentes y delicadas miniaturas de pajaritos y mariposas que una encantadora señora de gran calibre y amplia sonrisa, tejía con sus manazas de beisbolero. A pesar de los reclamos de mi -siempre dulce- compañera, me di gusto adquiriendo una pequeña colección de cuanto hermoso bicho encontré. Otra foto.

La altísima tecnología no podía pasarnos desapercibida cuando vimos unos ingeniosos “gadgets” oaxaqueños para los celulares. El invento consiste en que, al hacer ciertas perforaciones estratégicas a lo largo de una caña de un bambú, y colocar en ellas el celular, el sonido de sus pequeñas bocinitas ¡se amplía de manera sorprendente! Claro que están decorados con tecnología de punta: ¡Increíble! Foto.

Más adelante nos salió al paso un jarro del delicioso “tejate” oaxaqueño que, adornado con flores de azar era servido por una joven y morena zapoteca envuelta en su blanco y almidonado delantal quien, desde una enorme cazuela y bajo un espléndido laurel, meneaba la blanca espuma cubierta de azares sobre la refrescante bebida hecha con cacao, maíz y gratísimos misterios. Sorbo y foto. Tercera parada.

Cuadras más delante, al solo entrar al Zandunga, el mesero al ver mis ojos desconcentrados, me recibió cual médico profesional con una copa de mezcal de la casa (quishe con espadín) que, ese sí calmó mi espíritu. Unas extraordinarias tlayudas (tortilla azul doblada en cuatro, con grasa de recinto y carnita picada en medio), con tres estupendas garnachas (pequeños y deliciosos sopes cubiertos de carne molida con especias) por un lado completaron el cuadro. La paz al fin llegó a mi espíritu (y a la panza también). La felicidad -no me apena decirlo- desbordaba mi humanidad. Con gusto la comparto. Muchas fotos.

Del Convento de Santo Domingo, ahora afortunadamente convertido en un magnífico centro cultural, mejor ni hablemos: bueno, por qué no. Fuera de la humildad y modestia de que hacían gala los religiosos fundadores, de su enorme altar cubierto de oro de arriba abajo, del árbol genealógico fastuosamente labrado en la entrada, y de las solemnes capillas donde los jerarcas ostentaban su poder… no hay nada. Aunque, en uno de los claustros de los monjes tuvimos el gusto de encontrar la magnífica exhibición de las extraordinarias figuras últimamente descubiertas en la famosa Tumba Siete de Monte Albán: increíble joya y tesoro de la humanidad.  Decenas de fotos (sin flash). Deliciosa tarde.

La biblioteca en sí misma, mereció otro capítulo (y quizá otro día). Aunque el impresionante mural en lo alto de la bóveda con las figuras de Victoriano Huerta abrazando a Joaquín Amaro perturbaban mi espíritu, tuve el privilegio de hojear con mis manos enguantadas, el libro de “Las Siete Partidas” de Alfonso X el Sabio: una de las grandes aportaciones a la historia del derecho. Deleite y maravilla. Fotos prohibidas.

Describir la espléndida Oaxaca en pocas palabras es una papa difícil de pelar: tiene mucho más historia de lo que creemos, y más cultura y encanto pueblerino de lo que parece. ¡Esto fue tan solo un día de andanzas!

NB: Vaya una oración por nuestro México tan aporreado, al que últimamente le ha tupido por todos lados. Una bandera en cada hogar, quizás podría ayudar a levantar el espíritu luchón de nuestro querido pueblo. Viva México, su bandera y su hermoso pueblo.

pedrofernandezsomellera@prodigy.net.mx

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