Martes, 16 de Agosto 2022

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Suplementos | XIII Domingo Ordinario

Llamados a la libertad

El Espíritu es aquello que desata nuestro libre arbitrio, el Espíritu es el que nos suelta de todas las ataduras

Por: Dinámica pastoral UNIVA

La libertad es un don que recibimos de lo Alto, no de nuestra humana naturaleza, como sí lo es el libre arbitrio. WIKIPEDIA/Ángel con las virtudes contra demonio con los pecados

La libertad es un don que recibimos de lo Alto, no de nuestra humana naturaleza, como sí lo es el libre arbitrio. WIKIPEDIA/Ángel con las virtudes contra demonio con los pecados

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

1Re 19, 16b. 19-21.

«En aquellos tiempos, el Señor le dijo a Elías: “Unge a Eliseo, el hijo de Safat, originario de Abel-Mejolá, para que sea profeta en lugar tuyo”.

Elías partió luego y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él trabajaban doce yuntas de bueyes y él trabajaba con la última. Elías pasó junto a él y le echó encima su manto. Entonces Eliseo abandonó sus bueyes, corrió detrás de Elías y le dijo: “Déjame dar a mis padres el beso de despedida y te seguiré”. Elías le contestó: “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”.

Se fue Eliseo, se llevó los dos bueyes de la yunta, los sacrificó, asó la carne en la hoguera que hizo con la madera del arado y la repartió a su gente para que se la comieran. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio».

SEGUNDA LECTURA

Gal 5, 1. 13-18.

«Hermanos: Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la libertad. Pero cuiden de no tomarla como pretexto para satisfacer su egoísmo; antes bien, háganse servidores los unos de los otros por amor. Porque toda la ley se resume en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pues si ustedes se muerden y devoran mutuamente, acabarán por destruirse.

Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer. Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley».

EVANGELIO

Lc 9, 51-62.

«Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”

Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.

Después se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”».

Llamados a la libertad

“Hermanos, Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.”, nos dice San Pablo hoy. Normalmente pensamos que la libertad es el poder elegir entre posibilidades; no estar determinados a actuar de determinada manera, lo que los filósofos llaman el “libre arbitrio”. Pero ¿esta es la libertad de la que Pablo habla a los Gálatas? ¿Qué quiere decir que Cristo nos ha liberado?

La libertad es un don que recibimos de lo Alto, no de nuestra humana naturaleza, como sí lo es el libre arbitrio. Cristo nos ha liberado porque nos ha dado una posibilidad que antes no teníamos: la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios. Y esta posibilidad se llama Espíritu: “vivir de acuerdo con las exigencias del Espíritu”, dice San Pablo. El Espíritu es aquello que desata nuestro libre arbitrio, el Espíritu es el que nos suelta de todas las ataduras. El Espíritu que hemos recibido como don en el bautismo. Él es quien nos capacita para recrear en nosotros a Cristo y así llegar a ser hijos en el Hijo.

Y el camino es el amor liberado. El Espíritu libera nuestro amor y el amor nos hace libres. “Ama y haz lo que quieras”, decía San Agustín. El amor nos hace ver qué es lo que tendríamos que hacer en cada diferente situación. Es el amor el que nos desata de nuestros miedos, de nuestras ambiciones desmedidas, de perseguir obsesivamente nuestros propios intereses, “del desorden egoísta del hombre” afirma Pablo. El amor es lo que nos posibilita una nueva mirada para vernos a nosotros mismos y para ver a los demás.

El amor nos suelta, nos hace absolutos porque nos absuelve. Es esta absolutez a la que estamos llamados por Cristo. Es ésta la que está significada en el evangelio. “Deja que los muertos entierren a sus muertos”; “el que empuña el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios”, dice Jesús a los que llamaba. Esta absolutez es la libertad.

Héctor Garza Saldívar, SJ - ITESO

“El amor en camino”

¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo? Esta fue la propuesta de Santiago y Juan a razón del rechazo por parte de los samaritanos. Con razón Jesús dio a los dos hermanos el apodo de “hijos del trueno”. Nos queda claro que Jesús siempre rechazó toda violencia o intolerancia como parte del método del Reino. El Hijo del hombre ha venido para salvar a los hombres, no para perderlos. 

Mucho se nota la falta de ritmo por parte de los apóstoles en el acompañamiento del Mesías en su camino hacia Jerusalén. Aún no hay ideas claras de lo que significa seguir al Señor. Profesar el evangelio de Cristo y seguir los pies del Maestro no es aplastar y avasallar, imponerse a la fuerza y despreciar otras formas de entender la vida y la religión, cerrándonos a los demás.

La actitud justiciera y vengadora que se manifestó en los discípulos se hace también presente en algunos creyentes cuando hacen frente a los males del mundo. ¿Por qué Dios permite el poder y la arrogancia de los malos que oprimen a los buenos? ¿Por qué no hace justicia? Todas estas preguntas van acompañadas de un enorme anhelo por la venganza divina.

Sin embargo, Jesús nos da hoy una enorme muestra de tolerancia y paciencia. Siempre en Dios habrá espacio para la misericordia. Cristo prefiere manifestar el fuego de su amor a los hombres, a quienes ha venido a salvar y no a condenar. Esta es la misma actitud que el cristiano debe adoptar en su vida: la del amor que es capaz de vencer al mal con bien. Jesús elogia la vía del amor como la única y auténtica revolución capaz de transformar las relaciones humanas.

En medio de un mundo alejado aun de la vida fraterna, de sistemas políticos que generan víctimas de la pobreza y la muerte, hay una urgencia de que el creyente se disponga para escuchar y atender la llamada de Dios, de que entendamos la libertad como una entrega de la vida en favor de los demás y nuestro valor para denunciar y vencer tantos obstáculos que se oponen a la causa del Reino.

El Reino de Dios debe crear sociedades redimidas del pecado, reunidas en el amor, sin rupturas ni violencia, constructoras de paz y habituadas a perdonar, amantes de la justicia y custodios de la verdad. Pidámosle a Dios nos ayude a crecer en su amor y que cada creyente apueste por dejar a un lado todo aquello que supone un obstáculo para su misión de presentar al mundo el amor paciente de Dios.
 

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