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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

Suplementos

Las vías verdes

Esas caminatas me hicieron notar lo bueno que sería comunicar a los pueblos de la región sin tener que usar las peligrosas carreteras

Por: Pedro Fernández Somellera

La primera curva de las vías abandonadas, donde empezaron mis sueños. EL INFORMADOR / P. Somellera

La primera curva de las vías abandonadas, donde empezaron mis sueños. EL INFORMADOR / P. Somellera

En días pasados, Diego Petersen tuvo la gentileza de invitarme a platicar precisamente “de viajes y aventuras” en su gustado y polémico programa de radio de las ocho de la noche en el 93.9 de FM en donde, acompañado por Alejandro Sierra y Eduardo Mar de la Paz, los viernes a las ocho de la noche, con tacañería me dan unos doce minutitos en los casi me muerdo la lengua para condensar mis palabras ante tan singulares, veloces, conocedoras y divertidas personalidades: Considero un privilegio estar con ellos.

En este caso, le dije a Diego que su solicitud para hablar sobre las Vías Verdes, pudiera ser un poco doloroso para mí, ya que además de traerme tanto gratas como ingratas memorias, un sinnúmero de quijotescas ilusiones se agolparían en mi cabeza, aunadas a los recuerdos de energías perdidas entre las conocidas marañas de los seres humanos.

-No. ¡Si no quieres no!- respondió velozmente, característica muy suya.

-Sí. ¡Y sí quiero!- le reviré. -Aunque pueda ser que en ocasiones duela- agregué. -Hay mucha historia que vale la pena contar por delgada e insignificante que parezca- le dije. La historia tiende a perderse, y uno de nuestros males es olvidar la historia.

Siendo así, con más nostalgia que paciencia, me puse a rescatar las fotos y los artículos que desde el 2003 he venido publicando sobre el tema: Vías Vivas; Vuelve la Vida a donde las Vías Murieron; Vías Abandonadas a Vías Vivas, son algunos de ellos. “Vías Vivas” fue el nombre inicial con que las bauticé. En los primeros reportes oficiales así aparece.

Aunque Myriam Vachéz me ha dicho que debería de estar muy ufano de ver que mis ideas hayan trascendido a las Vías Verdes de ahora, no me cabe en la cabeza que se hayan destruido las hermosas vías del ferrocarril de rieles europeos, construidas en 1896 por orden de Porfirio Díaz, y que deberían de ser Patrimonio Nacional y que ahora están… están ¿En dónde están? (¿Y el INDAABIN?)

¿Por qué destruir una cosa tan valiosa, para construir otra, por excelente que ésta sea? ¿Qué no se puede hacer todo, respetándola y aprovechando sus cualidades y belleza? ¿Por qué destruirla? ¿Por qué no cuidar de nuestra historia en lugar de arrasarla como barbajanes? Ver a tanta belleza destruida, aún con un buen propósito, me apena y me acongoja.

Todo empezó hace ya casi 20 años cuando, después de remar (mi deporte favorito) en la Presa de La Vega para hacer ejercicio y meditar un poco, me gustaba caminar al lado de las vías disfrutando del paisaje y conviviendo con la gente. Esas caminatas me hicieron notar lo bueno que sería comunicar a los pueblos de la región sin tener que usar las peligrosas carreteras. ¡Las vías estaban ahí tiradas sin oficio ni beneficio! Pensé. Además: el derecho de vía es propiedad de la nación. Solo basta con  desmontar la hierba, y acondicionar un poco el terreno a uno y otro lado para facilitar el tránsito de peatones, de bicicletas y de caballos y ¡Ya está! ¡Gran beneficio y poco costo! (Año 2002)

Platiqué mi idea con varias gentes. Y alguien, escuchándome, me regaló una revista que trataba ese tema. “Rails to Trails” se llamaba el proyecto que hablaba de Carmen Aycart quien, desde España ofrecía ayuda para quien quisiera convertir las “vías abandonadas” en “caminamientos peatonales” ¡Lotería!

Comenté esto con la invaluable Chela de la Vega, en ese tiempo directora del Trompo Mágico. Le expliqué el proyecto y su trascendencia: se le iluminó la cara. De inmediato compartimos la idea con Tere Márquez y Lucina Rangel del Museo de los Ferrocarriles; y así entramos en contacto con Carmen Aycart, quien mostró la mejor disposición para nuestro proyecto.

Hicimos investigaciones, estudios y publicaciones. Fuimos a Orizaba a ver el antiguo puente de Metlac y nos asesoramos de gente conocedora. Mónica Solórzano nos instruyó sobre las estaciones antiguas etc. Supongo que,como todo esto lo iniciamos junto con el Trompo Mágico, curiosamente la responsabilidad vino a caer en la Secretaría de Cultura con el gran Ale Cravioto (que le metió todo su empeño y dedicación) en lugar de -supongo- haber sido Obras Públicas o Turismo quien se encargara del proyecto (¿?).  

Personalmente opté por retirarme del asunto cuando me sucedieron tres dolores: El primero fue cuando, al limpiar de breña las vías cercanas a la cortina de la presa, habiendo amontonado amontonado las ramas secas sobre el antiguo puente del 1800 que marca el inicio del Río Ameca,¡le prendieron fuego!, quedando tan solo las vías colgando inertes. El segundo, fue cuando vi que unas furiosas máquinas arrancaban de su lecho las hermosas vías y sus durmientes. Con incredulidad, simplemente enfurecí y me di la vuelta. El tercero fue al ver que una cuadrilla, machete en mano, estaban destruyendo la calzada de mezquites centenarios que marcaba la llegada la Estación de La Vega, simplemente porque “por ahí nos marca el trazo”; siendo que a unos pocos metros el terreno estaba libre. Fin del capítulo. Ya imaginarán el resto.

Actualmente las Vías Verdes están teniendo éxito; y deseo fervientemente que así sigan sin convertirse en uno más de los elefantes blancos que despilfarran nuestro dinero y, aunque no esté de acuerdo con el modo de hacerlo, defenderé con todo mi empeño el éxito de este formidable proyecto.

pedrofernandezsomellera@prodigy.net.mx

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