Martes, 19 de Enero 2021

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Hijos y amados del Padre

Hay un sacramento que es punto de partida y comienzo de nuestra existencia de cristianos, como o fue también en la ida apostólica de Jesús: el bautismo

Por: Dinámica Pastoral UNIVA

Es el Espíritu quien nos da a nosotros conciencia de nuestra opción filial por Dios. PIXABAY

Es el Espíritu quien nos da a nosotros conciencia de nuestra opción filial por Dios. PIXABAY

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA: Is. 42, 1-4. 6-7. “Mirad a mi Siervo, a mi predilecto”.

SEGUNDA LECTURA: Hech. 10, 34-38. “Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu”.

EVANGELIO: Mc. 1, 6b-11. “Tú eres mi Hijo amado”.

Hijos y amados del Padre

La acción del Espíritu santo que actuó en el bautismo de Jesús, en toda su vida y en el pentecostés inicial de la Iglesia, se prolonga en la vida de los discípulos de Cristo, en su comunidad eclesial y en nuestra propia vida individual. El Espíritu alentó en Jesús su conciencia de hijo de Dios, rey, profeta y mesías ungido para la obra de salvación humana que culminó en el bautismo de sangre de su pasión redentora. Pues, igualmente, es el Espíritu quien nos da a nosotros conciencia de nuestra opción filial por Dios.

Hay un sacramento que es punto de partida y comienzo de nuestra existencia de cristianos, como o fue también en la ida apostólica de Jesús: el bautismo. En él somos sumergido en el bautismo de sangre de Cristo, morimos al pecado con Él y como Él, para renacer también con Él a la vida nueva de Dios.

Necesitamos un perenne pentecostés bautismal en nuestra vida de creyentes para alcanzar la estatura de adultos y para vivir la madurez de nuestro bautismo, preanunciado ya en el bautismo de Jesús. Precisamos angustiosamente el agua del Espíritu, lo mismo que necesita humedad la tierra agrietada por la sequía.

Hoy en día el Jordán es un signo ambivalente, representa las aguas donde todas las barreras y discriminaciones negativas son borradas, las aguas del bautismo que nos hace a todos hijos de Dios, hermanos en la diferencia y la pluralidad. Muertos al pecado y a la muerte eterna, vivos para la esperanza inmortal. Pero al mismo tiempo, el Jordán es frontera, terreno militar minado y peligroso en muchos tramos, desde el que dos estados se vigilan atentamente. Esta desconfianza no existe sólo allí. También en otros lugares existen infranqueables fronteras visibles o invisibles. En nuestra sociedad, en las familias, comunidades, etc. Fronteras como espacios para encuentros o desencuentros que la crisis económica y ética pone aún más de manifiesto.

La eucaristía nos alimenta para poder contribuir a contener el odio y la violencia del mundo. Aquí nos reunimos y unimos a la entrega de Jesús en la cruz que con su amor destruye el odio, derriba los muros y arrebata su poder a la muerte. Desde el Jordán releído en la actualidad hacemos nuestro el grito de tantos: ¡No más muertes en las fronteras!

Renovemos hoy nuestro bautismo y digámoslo con nuestras vidas: haciendo el bien siempre que podamos, luchando contra las fronteras que deshumanicen.  Disfrutemos de la vida con responsabilidad y, sobre todo, comunicando la fuerza de nuestras razones para vivir con esperanza y sabiduría. En Jesucristo somos hijos amados por Dios, recibimos identidad, proyecto y futuro.

PRIMER DOMINGO ORDINARIO

Jesús es el Mesías, es proclamado solemnemente

El culto cristiano pone fin al tiempo navideño y al tiempo de epifanía, con la celebración litúrgica del bautismo del Señor. Los tres sinópticos Mateo, Lucas y Marcos narran este momento importante en la vida de Cristo. Importante, porque es la línea divisoria eritre la vida oculta del Señor y su vida pública. Importante, porque es la presentación oficial dicho en los términos actuales del Mesías ante la humanidad, representada por la multitud congregada allí en la ribera del río Jordán. La presentación es lo más solemne posible: Juan derramó el agua sobre la cabeza del Señor, y “al salir Jesús del agua vio que los cielos se abrían y el Espíritu en forma de paloma descendía sobre él”. Luego el momento sublime: “Se oyó entonces una voz del cielo que decía: ‘Tú eres mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias”’. Así fue manifestado. Los teólogos han llamado a este momento, en griego, teofanía teándrica, el Hijo de Dios en su realidad humana.

Para la salvación de todos los hombres, el Verbo de Dios se revistió de la naturaleza humana, para así, en medio de los hombres y en todo semejante a los hombres, menos en el pecado, abrir los ojos de los ciegos, hacer caminar a los cojos y los tullidos, dar libertad a los prisioneros, evangelizar a los pobres y entregarse a la muerte para rescate de todos. Con la palabra y, con más eficacia, con su ejemplo, dejó la enseñanza de su misión de servicio. Ante el asombro de sus 12, se postró la última noche a lavar los pies de Pedro y de los demás. Al concluir les dijo: “Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque en verdad lo soy. Si yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Señor y Maestro, también habéis de lavaros los pies unos a otros” (Juan 13, 13).

Juan el Bautista, con humildad y apegado a la verdad, declaró que él bautizaba con agua, pero que después de él iba a venir quien bautizaría con el Espíritu Santo. Al ser bautizado por Juan santifica el bautismo, para los que serían bautizados no en nombre de Juan, sino en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y sería un sacramento, o sea un signo sensible que da la gracia. Este bautismo es el fundamento · de toda la vida cristiana; es el pórtico de la vida del espíritu, la vida interior, la vida del alma; es la puerta que abre el acceso de los otros sacramentos. Por el bautismo el ser humano se limpia de todo pecado, es regenerado; es decir, toma otra naturaleza, que se incorpora a la Iglesia y queda así participando de sus dones y de su misión.

José Rosario Ramírez M.

La solidaridad como resiliencia

El 2020 fue un año desafiante, nos exigió mucha creatividad y fortaleza, generó en nosotros la capacidad de adaptación. El comienzo de este nuevo año nos debe llevar a reflexionar sobre qué aprendimos de este prolongado tiempo de confinamiento, sobre los logros y las dificultades, así como las formas en que hemos de enfrentar los desafíos que nos plantea el 2021.

La pandemia nos encontró sin ninguna preparación para enfrentarla. Este pavoroso acontecimiento cambió brusca y definitivamente nuestras vidas, nuestras formas de trabajar, de relacionarnos, y le dio una nueva cara al mundo que conocíamos. La experiencia nos ha dejado aprendizajes valiosos. Ahora estamos más interconectados, trabajamos de manera remota desde cualquier lugar y dispositivo. El confinamiento nos regaló una oportunidad al conciliar el trabajo en casa con la convivencia familiar, semanas enteras de convivencia diaria que los padres aprovechan para generar hábitos positivos en los más pequeños; ocasión para comunicarnos, para conocernos mejor, para compartir nuestras experiencias y vivencias, nuestros recuerdos y deseos. Ahora tenemos mayor conciencia de que lo importante es la salud, lo demás es secundario.

Ahora viene el desafío de este año que comienza: ¿cómo encontrar soluciones a los retos que nos plantea? Tendremos que desarrollar la capacidad de adaptarnos a modos nuevos en medio de la incertidumbre, y hemos de plantearnos otras metas con la claridad de que podemos construir un mejor futuro para todos. Esta experiencia nos ha enseñado a ser resilientes, a construir oportunidades en un escenario tan complejo. Nos hemos descubierto más fuertes y capaces de adaptarnos a situaciones complejas, lo que nos ha permitido seguir adelante con nuestras vidas, con esperanza y creatividad.

Como personas y como sociedad tenemos la oportunidad de emerger mejores a como entramos en esta situación alarmante. La economía familiar se ha visto tremendamente afectada y nos hemos visto arrastrados hacia una profunda crisis. ¿Qué oportunidades tenemos? La respuesta está en la solidaridad, no sólo entre familiares sino entre compañeros de trabajo, vecinos y sociedades. Cambiemos el individualismo -que caracterizaba nuestras relaciones- por la solidaridad y la misericordia. Eso podrá posibilitar la construcción de una sociedad nueva.

Gerardo Valenzuela, SJ - ITESO
 

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