Miércoles, 24 de Febrero 2021

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Entrenamiento espiritual

La cuaresma es una llamada de Dios, una oportunidad de renovar nuestra alianza bautismal con Él por medio de la conversión y la reconciliación con Dios y con los hermanos

Por: DINÁMICA PASTORAL UNIVA

PIXABAY

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LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA: Gn. 9, 8-15. “Pondré mi arcoíris en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra”.

SEGUNDA LECTURA: 1Pe. 3, 18-33. “El agua del diluvio es un signo del bautismo, que los salva”.

EVANGELIO: Mc. 1, 12-15. “Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían”.

Entrenamiento espiritual

Hemos iniciado nuestro entrenamiento cuaresmal, un ejercicio práctico de vida cristiana, de escucha de la palabra de Dios, de oración, de renovación bautismal, de conversión al Señor, y de amor a los hermanos. La figura de Jesús en el desierto superando las tentaciones de Satanás, y la consigna de su mensaje inicial: “Conviértanse y crean en el evangelio”, nos marcan el objetivo de este gran retiro del pueblo cristiano que es la cuaresma.

Si la vida cristiana es estar siempre en camino, ha de tener un objetivo y finalidad que dé sentido a la marcha. Este objetivo es morir con Cristo al pecado y resucitar con Él a la vida de Dios. Es decir, vivir la alianza de amor y elección que el Señor realizó un día con cada uno de nosotros por el bautismo.

La cuaresma es una llamada de Dios, una oportunidad de renovar nuestra alianza bautismal con Él por medio de la conversión y la reconciliación con Dios y con los hermanos. Así retornamos a las fuentes de nuestra identidad cristiana, a nuestra condición de hijos de Dios y hermanos con los hombres.

Para asegurar nuestra renovación bautismal debemos señalarnos hoy con realismo metas personales y comunitarias de conversión y progreso, a corto y mediano plazo. ¿Cómo demostrar que estamos realizando la consigna de Jesús: conviértanse y crean en el evangelio? Algunos signos y medios que reafirman la conversión son, entre otros: la penitencia cuaresmal (ceniza, ayuno, abstinencia); participación en el sacramento de la reconciliación; la oración como el diálogo con Dios; la escucha y la meditación de la sagrada escritura; la caridad, el amor al hermano, y la limosna como expresión de nuestro paso del egoísmo, de la soberbia y de la avaricia a compartir con los demás nuestros haberes y nuestro tiempo.

Jesús nos invita en esta Cuaresma a ser cauces del amor misericordioso y compasivo de ese Padre bueno, que abraza a los seres humanos y al universo entero, obra de su creación. Nos invita al perdón y a la superación de nuestro egocentrismo. Si compartimos, de verdad, el desierto con Jesús, también debemos compartir su compromiso con el Reino. Ese poner “el mundo al revés”, de acuerdo con los criterios del Evangelio, que nos va a exigir mucho compromiso y donación personal, particularmente a favor de los más pobres y excluidos de nuestro mundo. El camino hacia la Pascua pasa primero por el camino de la entrega, si es preciso hasta la muerte. ¿A qué tengo que morir para acelerar la Pascua, la Vida de Dios, en mí y en las demás personas?

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Cuaresma, tiempo de abrirse a Dios

Jesús, el Hijo de Dios, “empujado por el Espíritu Santo”, se retiró al desierto durante cuarenta días y fue tentado por el Maligno. Tiempo simbólico para el cristiano. Moisés y luego Elías llegaron al encuentro con Dios, después de una purificación de cuarenta días. El pueblo de Israel peregrinó cuarenta años por el desierto. Jesús asumió la condición humana y voluntariamente tomó ese tiempo de oración, de penitencia, y sobrellevó las tentaciones para dejar su ejemplo para todos los hombres. Desde la antigüedad, la Iglesia ha celebrado este “tiempo fuerte” desde el Miércoles de Ceniza hasta la Noche Santa, la solemnidad de la Resurrección del Señor, para instruir, evangelizar, catequizar, motivar a los fieles cristianos, para alejarlos del pecado y volverlos hacia Dios.

Conversión, la exigencia del Reino

La conversión es volver la mirada a Dios, cuando los ojos sólo querían ver, y veían, las cosas de la Tierra. Conversión es encontrar a Dios, de quien se había olvidado el hombre, atraído por las seducciones del mundo, del demonio y de la carne. Conversión es la respuesta al amor de Dios que llama.

Dios siempre ofrece su amistad, su perdón, su ayuda, y espera la respuesta libre, porque libre es el hombre. Espera como el padre de la parábola espera la vuelta del hijo pródigo. Conversión es cambiar el desorden, el desequilibrio interior, por la más bella liberación, la interior, a la vida de Dios. “Es el mismo Dios quien, en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo para que, hecho carne, venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a las que· les tiene sujetos el pecado. Pero la verdadera conversión requiere proyección social. La conversión no es sólo un acto salvífico. Todo pecado va contra Dios y contra el hombre. “El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso”.

La verdadera conversión es una apertura hacia los demás. En el mal, el pecado de uno repercute en todos. El pecado es cerrarse a la obra salvífica de Dios, con daño para las otras personas cercanas.Convertirse es interesante sanamente de los demás, tener un corazón sensible para todos. Combatir la injusticia, hacer algo por los marginados, por los oprimidos. Conversión es tener responsabilidad para con el hombre, para su pueblo, para el mundo.

José Rosario Ramírez M.

Cuaresma - Cuarentena

Inicia la Cuaresma en medio de la pandemia que perturba y afecta a la sociedad entera, que desdibuja el horizonte y provoca que se pierda de vista la señal de la Alianza, el arco iris, por las tinieblas de esta crisis. El coronavirus, que se ha propagado por todos lados, ha llegado a lo más profundo de nuestro ser, trastocando el estilo de vida de toda la humanidad.

Cuaresma -palabra semejante a la cuarentena, a los cuarenta años que duró el peregrinar del pueblo de Israel por terrenos yermos, a los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto después de su bautizo- representa la oportunidad para preguntarnos, ante el Señor en la cruz, “qué he hecho por Christo, qué hago por Christo y qué debo hacer por Christo”, como invita san Ignacio de Loyola en la segunda semana de los Ejercicios Espirituales  [EE, 53]. La Cuaresma es tiempo para examinar nuestra conciencia, lo que he hecho o dejado de hacer. Esta auscultación ante la imagen de Cristo crucificado es necesaria para vivir la experiencia de conversión y retornar al camino propuesto por Jesús.

El Papa Francisco propone “la cultura del cuidado como camino de paz”, como una manera de reconstruir un mundo nuevo, donde se manifieste la gloria del Padre -como dice el evangelio de Juan (Jn1, 1-35) -, así como para sentir la presencia de Jesús en nuestro peregrinar, no libre de tentaciones. El ayuno, la piedad y el poner en el centro el cuidado de los otros y de la casa común son obras que tienen que ser desde el corazón, radicales y generosas.

Es momento de intensificar la oración, el silencio y el discernimiento como medios para la reconciliación de uno mismo y con los demás; de reconocer lo que hemos dejado de hacer para evitar que esta crisis de salud avance hasta el agotamiento del sistema sanitario y la pérdida de la vida de tantas hermanas y hermanos, sobre todo de los que menos tienen. La Cuaresma también es tiempo para agradecer la salvación que nos ofrece el Padre a través de su Hijo Jesucristo.

Luis Octavio Lozano, SJ - ITESO

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