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Domingo, 27 de Mayo 2018

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El fantástico Río Colca

El Colca, belleza natural de aguas blancas, se encuentra no muy lejos de donde curiosamente también nace el Río Amazonas

Por: Pedro Fernández Somellera

Este destino turístico forma parte de la ciudad de Arequipa, localizada al sur del país y cercana con Chile y con Bolivia. EL INFORMADOR/ P. Somellera

Este destino turístico forma parte de la ciudad de Arequipa, localizada al sur del país y cercana con Chile y con Bolivia. EL INFORMADOR/ P. Somellera

Viajemos al menos un momento con nuestra imaginación para dirigirnos en América del Sur hasta el variopinto país del Perú, con sus altísimos Andes, hacedores tanto de cumbres impresionantes como de profundos abismos en el lugar menos pensado; poseedor de áridos desiertos junto al mar, y enmarañadas selvas imponentes en la amazonía de continente adentro.

La ciudad de Arequipa construida, ceremonial y elegante en blanca piedra caliza, muy al sur del país cuando ya se avecina con Chile y con Bolivia. Habrá que llegar a ella para lograr excursiones a los puntos interesantes de la región: uno de ellos es incursionar por el Río Colca.

El Colca nace a los 4,750 m de altura, no muy lejos de donde -curiosamente- también nace el Río Amazonas; es decir a los pies del Volcán Mismi: el primero llega al Pacífico, y el segundo al Atlántico.

El Colca, al transcurrir entre altos montes y desfiladeros es -digamos- sumamente temperamental, sus 4,160 m de profundidad en algunas partes, son testigo de ello. Y aunque los primeros kilómetros transcurre relativamente tranquilo, a partir de un punto llamado Cabanaconde, la pendiente puede llegar hasta los 60° de inclinación, por lo que las “aguas blancas” empiezan a suceder, haciendo tanto las delicias, como los peligros de los intrépidos balseros y kayakistas que se atreven a navegarlas hasta llegar a Canco.

Imponentes rápidos Clase III, IV y hasta los de Clase V empiezan a suceder para susto y gozo de los aventureros (III: turbulento y olas medianas; IV: difícil pero predecible; V: muy turbulento con olas de 2m, acompañadas de remolinos y cascadas). Los expertos dicen que son los mejores rápidos del continente. Existen excursiones de 2 a 3 horas en un solo día, o de varios días acampando en los escasos playones que tiene el río, con guías experimentados y provistos de cuanto equipo fuese necesario. Es realmente una experiencia muy asustosa pero padre (en ratitos).

Aunque los pueblitos de Chivay, Tanque, Maca  y Achoma, por donde se pasa para llegar a poder hacer estas excursiones son de verdad hermosos y llenos de artesanías y tradiciones pero, quien se lleva las palmas es el enorme Cóndor Andino (Vultur Griphus) con los casi 3.5 m de envergadura de sus alas, y hasta 14 kg de peso; resulta ser el ave no marina más grande que existe. Venerado desde siempre por quienes han disfrutado de su presencia.

Esta magnífica ave de alas negras listadas en blanco haciendo juego con su espumoso collar claro, que parece estar sosteniendo a su roja cabeza sin pelo, es el indiscutible personaje de estos territorios      
Lo mismo es capaz de remontar los picos de los Andes hasta los 7 mil metros, como descender hasta las simas de casi 4 mil metros entre los intríngulis rocosos del Colca.

Estando en un punto del cañón, llamado “La Cruz del Cóndor”, inesperadamente suelen aparecer uno y otro, y otro  ejemplar de estos imponentes aeroplanos vivientes.

Un espléndido macho adulto se inclina, y súbitamente regresa para pasar aún más cerca de nosotros ¡a casi cinco metros! Sus enormes ojos rojizos clavados en su carnosa cabeza gris rojiza parecen mirarnos con la misma curiosidad que nosotros a él. El zumbido de sus alas nos hace adivinar las enormes proporciones de su corpachón de casi 15 kilos.

Con el calor de la mañana más cóndores siguen ascendiendo suavemente desde las profundidades del cañón sin tan siquiera aletear. Se van elevando en círculos siguiendo las corrientes ascendentes hasta desaparecer en las alturas como pequeñas manchas voladoras. Fue un ballet aéreo que jamás habíamos esperado para ese suertudo día.

Cosa curiosa es también que cada año -entre diciembre y marzo- atraídos por un especial instinto, viajan enormes distancias hasta llegar al festín de placentas que dejan los “Lobos de Mar” (Otaria byronia) al nacer sus crías en las lejanas y pedregosas playas de las islas del Pacífico. No se sabe que es lo que les anuncia cuando van a nacer (o morir) esos pequeños y tiernos lobeznos.
Maravillas de la naturaleza que con gusto comparto con ustedes.

YR

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