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Miércoles, 17 de Octubre 2018

Suplementos

El amor por la danza

El originario de Cuba fue primer bailarín del San Francisco Ballet; hoy en día permea su talento y comparte lo que ofrece el Institute Of Dance & Arts Centre (IDAC)
 

Por: Kike Esparza

“Queremos ayudar a la cultura en Guadalajara, que la gente se dé cuenta que el ballet  no es solo para niños o niñas, aquí puede venir cualquier tipo de persona a tomar clase”. EL INFORMADOR/ M. Vargas

“Queremos ayudar a la cultura en Guadalajara, que la gente se dé cuenta que el ballet no es solo para niños o niñas, aquí puede venir cualquier tipo de persona a tomar clase”. EL INFORMADOR/ M. Vargas

El ex primer bailarín del San Francisco Ballet, Carlos Quenedit -originario de Cuba- desde hace seis meses, está radicando con su esposa Ana Robles en Guadalajara -vienen de estar viviendo en San Francisco- Ana es originaria de la Perla Tapatía. Ambos se establecieron en la ciudad para llevar la dirección en conjunto con Fernanda Medina Sedillo, del Institute Of Dance & Arts Centre (IDAC), en Pablo Neruda #2614.

Este espacio, explica Carlos está ideado en función de dos proyectos, uno, como su nombre lo indica, ser un centro para las distintas clases de ballet clásico y contemporáneo para principiantes, intermedios y avanzados, pero también contemporáneo con técnica cubana, así mismo, folclor cubano, africano, yoga, salsa, hip hop, entre otras disciplinas.

La otra función que se plantean los tres socios con IDAC es que sea una academia para desarrollar bailarines profesionales, con un plan de estudios formal y donde exista el intercambio de alumnos, además de que el espacio sirva como un pequeño foro para realizar presentaciones.  Carlos imparte clases de ballet avanzado los martes y jueves de 19:30 a 21:15 horas y los sábados de 10:00 a 11:30 horas.

“Ana y yo vivimos en San Francisco cinco años y llegamos hace seis meses aquí a Guadalajara. Fernanda fue quien construyó este centro, antiguamente era una casa. La conocemos de hace mucho tiempo y se enteró que veníamos, cuando llegamos nos ofreció asociarnos. Este es un proyecto súper padre. Estamos trayendo muchas cosas nuevas a la escuela, dando otro tipo de concepto, como lo es un dance center  que consiste en que tenemos muchos tipos de clases y cualquier persona puede venir a tomarla, ya sea de manera profesional, o no, tenemos clases para todos los niveles”.

“La otra  parte del concepto que traemos es una escuela profesional que todavía estamos en esta etapa (de desarrollo). Necesitamos un plan de estudios que nos ayude a crecerla, queremos formar bailarines, hacer intercambios, graduarlos a estos bailarines. Queremos ayudar a la cultura en Guadalajara, que la gente se dé cuenta que el ballet  no es solo para niños o niñas, aquí puede venir cualquier tipo de persona a tomar clase”.
Carlos se graduó en Cuba como bailarín profesor de ballet, asegura que le satisface enseñar y ver el proceso y progreso de los alumnos. “Me apasiona mucho enseñar, siempre estoy en movimiento, quiero que (los alumnos) aprendan bien todo el material que les doy. Yo no trato de hacer clases complicadas, me baso más en la limpieza de las piernas y los brazos”.

Señala Carlos que en San Francisco el concepto de dance center se da mucho, donde lo primordial es que los que no bailan profesionalmente o apenas están comenzando, convivan con quienes tienen el oficio y viven de él. “Todos van a tomar clase y se conocen, conviven, de repente no sabes con quién estás hablando y resulta que puede ser un bailarín principal del San Francisco Ballet y te puedes volver su amigo, eso se me hace muy bonito, una interacción que se da con los que no son profesionales”.

Carlos no ha dejado de hacer presentaciones, sólo que ahora baila cuando existen invitaciones de por medio, en diciembre pasado estuvo en Wisconsin y Texas haciendo “El Cascanueces”. El bailarín dejó de radicar en Cuba en 2007 y desde entonces ha estado viviendo y trabajando en diferentes ciudades como Monterrey, Miami, Chicago y San Francisco.

Primeros pasos

El bailarín descubrió su vocación a la edad de ocho años. “Mi familia es de bailarines, uno de ellos fue primer bailarín en el Joffrey Ballet de Chicago y también bailarín principal en Ballet Nacional de Cuba. En mi país hay mucha cultura de ballet, van y se presentan 500 niños a la audición y solo quedan 20. A mí me empezaron a entrenar con ocho años, mi familia me llevó a hacer las pruebas y quedé en los seleccionados, de ahí me empezó a gustar, fue mucho sacrificio”.

Cuando se fue de Cuba, Carlos era bailarín solista del Ballet Nacional de su país, después en Monterrey le ofrecieron un contrato como solista y permaneció por un año. En Estados Unidos fue parte del Miami City Ballet. “En aquel tiempo estaba Edward Villela, un bailarín muy famoso, el me ofreció cuerpo de baile que es una categoría debajo de la solista. Él me dijo que me vería seis meses, porque no me conocía, y pasado ese tiempo medio de nuevo esta categoría de solista”.

Luego regresó a Monterrey y después permaneció en San Francisco donde también fue solista y luego primer bailarín. Carlos tiene un hermano de 22 años de nombre Rafael que también se está desarrollando en la danza, ahora es primer solista en Cuba. Carlos estará como profesor invitado en la Universidad de Guadalajara en la carrera de danza.

Para más información sobre el instituto, llamar al 01 (33) 2001-9268.

YR

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