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Lunes, 18 de Junio 2018

¿De dónde es un judío?

La editorial Siruela comparte con los lectores de EL INFORMADOR un fragmento del capítulo “Fun vonen is a Yid?”, del libro “Por qué este mundo

Por: El Informador

Clarice Lispector fue una escritora brasileña de origen judío. ESPECIAL

Clarice Lispector fue una escritora brasileña de origen judío. ESPECIAL

No había característica que Clarice Lispector hubiera querido perder más que su lugar de nacimiento. Por esta razón, aunque la lengua la había atado al mismo, a pesar de la terrible sinceridad de su escritura, tenía fama de ser algo mentirosa. Mentiras piadosas como los varios años que se concedió para rebajar su edad son vistas como parte de la coquetería de una mujer guapa. Sin embargo, casi todas las mentiras que contaba tenían que ver con las circunstancias de su nacimiento.

En sus textos publicados, a Clarice le preocupaba más el significado metafísico de su nacimiento que sus actuales circunstancias topográficas. No obstante, esas circunstancias la perseguían. En las entrevistas insistía en que no sabía nada del lugar del que procedía. En 1960 concedió una entrevista al escritor Renard Perez, la más larga que hizo nunca; es probable que el amable y cuidadoso Perez consiguiera que se sintiera a gusto. Antes de publicar la entrevista, se la pasó para su aprobación. Su única objeción fue para la primera frase: «Cuando, poco después de la Revolución, los Lispector decidieron emigrar de Rusia a América...». «¡No fue poco después!», protestó. «¡Fue muchos muchos años después!». Perez hizo la corrección, y el texto publicado empezaba: «Cuando los Lispector decidieron emigrar de Rusia a América (muchos años después de la Revolución)...».

Y mintió acerca de la edad que tenía cuando llegó a Brasil. En el pasaje citado más arriba, pone en cursiva que tenía solo dos meses cuando su familia desembarcó. Sin embargo, tenía más de un año. Es una pequeña diferencia -demasiado pequeña, en cualquier caso, para acordarse de otra patria-, pero su insistencia en rebajarlo a la menor cifra entera creíble resulta extraña. ¿Por qué molestarse?
 

Clarice Lispector reescribía una y otra vez la historia de su nacimiento. En notas privadas de cuando estaba en la treintena y vivía en el extranjero, escribió: «Vuelvo a mi lugar de procedencia. Lo ideal sería volver al pequeño pueblo de Rusia, y nacer en otras circunstancias». El pensamiento se le ocurrió mientras se estaba quedando dormida. Entonces soñó que había sido prohibida en Rusia en un juicio público. Un hombre dijo: «Solo se aceptaban a mujeres femeninas en Rusia, y yo no era femenina». Dos gestos la habían traicionado sin que se diera cuenta, explica el juez: «Primero que me había encendido el cigarrillo, cuando una mujer debería esperar con él en la mano hasta que un hombre se lo encienda. Segundo, había empujado mi propia silla hacia la mesa, cuando una mujer debería haber esperado a que un hombre lo hiciera en mi lugar».
Así que se la prohibió volver. En su segunda novela, tal vez pensando en la finalidad de su partida, escribió: «El lugar en el que nació -se sentía algo sorprendida de que todavía existiera, como si fuera algo que también había perdido».

En una novela basada en la emigración de su familia, Elisa Lispector, la hermana mayor de Clarice, se hace la pregunta de manera repetida: Fun Vonen Is a Yid? Literalmente, «¿De dónde es un judío?», y es la manera educada en que un hablante de yidis pregunta sobre la procedencia de otro. A lo largo de su vida, Clarice se esforzó por contestar. «La cuestión del origen», escribió un crítico, «es tan obsesiva que uno podría decir que todo el corpus narrativo de Clarice Lispector está construido en torno al mismo».

En las fotografías casi no parece que pueda ser de otro lugar que no sea Brasil. Como si estuviera en casa en la playa de Copacabana, usaba el maquillaje dramático y la escandalosa joyería de la grande dame de Río de su tiempo. No había ni rastro de la niña abandonada y hambrienta del gueto en la mujer que pasaba sus vacaciones esquiando en la montaña en Suiza, o flotando por el Gran Canal en una góndola. En una fotografía está junto a Carolina María de Jesús, una mujer de color cuya biografía desgarradora de la pobreza brasileña, Hija de la oscuridad, fue una de las revelaciones literarias de 1960. Junto a la famosa y bella Clarice, cuyo traje entallado y gafas envolventes le conferían el aspecto de una estrella de cine, Carolina parece tensa y fuera de lugar, como si alguien arrastrara a la criada de Clarice a la fotografía. Nadie hubiera dicho que el pasado de Clarice era incluso más miserable que el de Carolina.

Sin embargo, en la vida real, Clarice a menudo daba la impresión de ser extranjera. Las memorias mencionan su extrañeza con frecuencia. Estaba esa voz rara, ese nombre raro, tan poco común en Brasil que cuando apareció su primer libro un crítico se refirió a él como «ese nombre desagradable, es probable que un seudónimo». Estaba su manera extraña de vestir; después de separarse de su marido, tenía poco dinero para poner al día su ropero, así que utilizaba la ropa antigua, comprada fuera, que durante años le dieron un aspecto de «extranjera, de estar pasada de moda».

Su extrañeza molestaba a la gente. «La acusan de estar alienada», escribió un crítico en 1969, «de tratar con motivos y temas que nada tenían que ver con su patria, con un lenguaje que recuerda a los escritores ingleses. No hay lámparas arañas en Brasil y nadie sabe dónde se encuentra esa ciudad sitiada».
 (“La lámpara” es el título de su segunda novela; “La ciudad sitiada”, de la tercera).

Fragmento del libro “Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector”, de Benjamin Moser. Publicado con autorización de la editorial Siruela. 

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