GUADALAJARA, JALISCO (24/SEP/2017).- Monumento a la fe y a la persistencia. A la genialidad y a los divino. A lo temporal y a lo eterno. El Cristo del Cubilete, el de la canción de José Alfredo Jiménez, el que fue dinamitado, el que fue levantado una otra vez desde los escombros, observa de forma serena al Bajío y guarda silente una historia plagada de amor y conflicto. Enclavado en Silao, uno de los rincones más bellos de Guanajuato, el primer desafío que presenta tanto a peregrinos como aventureros es llegar hasta la cima. Claro, es posible hacer el recorrido a pie, pero si buscas experimentar el esfuerzo de los primeros visitantes a ese monumento, lo mejor es hacer el camino a la “antigüita”, a pie.Llegar a su cima (2 mil 600 metros de altura) es encontrar un espectáculo visual tras otro. El primero es la sensacional vista de Silao y sus comunidades vecinas. Los campos, pintados de verde o dorado según la estación, se asomarán ante tus ojos si hubieran sido pintados por la naturaleza.El otro es observar en todo su esplendor la estatua del Cristo Rey, con sus 20 metros de altura y 80 toneladas de peso, levantada sobre una basílica cuya construcción emula a un Globo Terráqueo. A sus pies se encuentran dos ángeles arrodillados que le ofrecen, cada uno, una corona: la de la gloria y la del martirio.Simbología absolutaEl interior de la basílica presenta un decorado donde el juego de luces es clave. En su conjunto, el recinto puede albergar (incluyendo explanada y ascenso) a más de 50 mil peregrinos. Para verlo con sus mejores galas, te recomendamos visitarlo el 21 de noviembre, día de la fiesta de Cristo Rey.Finos detallesEntre los detalles artísticos que ofrece la basílica se cuentan mosaicos de estilo bizantino y una monumental corona de espinas que circunda el interior del techo. El juego de luces que hacen las ventanas le da un aspecto de color dorado, junto con un predominante tono rojo.Mucho por verEn el cerro del Cubilete se encuentra también un museo cristero, donde se relata la atribulada historia que rodea al Cristo Rey, que fue dinamitado el 30 de enero de 1928, en plena lucha cristera. La obra actual fue inaugurada el 11 de diciembre de 1950.