En lo que va del año, en la Ciudad de México y su área conurbada se ha activado la fase 1 de contingencia ambiental en cinco ocasiones —un récord en los últimos 10 años—; la última, apenas el pasado 11 de marzo.En todos los casos el clima ha sido un factor determinante, debido a fenómenos que reducen la formación de nubes y la presencia de viento, lo que propicia que los contaminantes permanezcan suspendidos en la atmósfera y que se forme más ozono debido a la alta radiación solar.Ayer, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) dio malas noticias a la población de la Megalópolis al anunciar que entre marzo y mayo podrían presentarse de tres a cinco ondas de calor, la más extensa de las cuales podría durar hasta 15 días.Además, se prevé que haya entre 5 y 15 días con altos niveles de ozono."Las altas temperaturas en este periodo serán generadas por el calentamiento sostenido que presenta la Megalópolis en el largo plazo, así como por el establecimiento de sistemas anticiclónicos persistentes sobre el país, lo que propicia cielos despejados con alta incidencia de radiación solar y vientos débiles que inhiben la dispersión de contaminantes en el aire", detalló el SMN.En estos tres meses se prevé alcanzar temperaturas máximas de hasta 3 grados Celsius por arriba del promedio climatológico en la Megalópolis, lo que ocurrirá principalmente en la zona norte de la región, con mayo como el mes con más días de temperatura máxima extrema.La falta de lluvias también ocasionará que el calor extremo predomine en la región durante este trimestre. Para marzo se anticipan precipitaciones por debajo del promedio, mientras que en abril se prevé un regreso a condiciones normales. Aunque en mayo se espera una recuperación en el nivel de humedad, el inicio formal de la temporada de lluvias en la Megalópolis no ocurrirá sino hasta finales de ese mes.A pesar de lo anterior, se prevé que este año sea menos cálido que 2024, en el que las altas temperaturas alcanzaron niveles históricos. El escenario descrito favorece una alta tasa de evaporación en la región. Por ello, la vegetación que creció debido a que 2025 fue un año húmedo podría secarse y transformarse en combustible ligero.Esta situación eleva el riesgo de incendios forestales y afecta directamente la cantidad de partículas liberadas a la atmósfera. Además, estas condiciones mantienen el riesgo de que se presenten eventos que favorezcan la formación de ozono troposférico.