Luego de las dos balaceras registradas en la metrópoli contra hombres identificados como empresarios -que dejaron cinco muertos y 10 lesionados-, el silencio de las cúpulas empresariales, consejos ciudadanos y universidades volvió a evidenciar no sólo la normalización de la violencia, sino también el debilitamiento de quienes deberían incidir y exigir una coordinación efectiva entre autoridades.Uno de los episodios más graves ocurrió en los límites de las colonias Santa Eduviges y Residencial Victoria, en Zapopan. Una balacera se prolongó 17 minutos, durante los cuales 30 hombres armados atacaron las camionetas de Alberto Prieto y sus escoltas. Autoridades municipales y estatales tardaron en arribar a la zona y, hasta ahora, no hay detenidos.Tras los hechos, el coordinador de Seguridad, Roberto Alarcón, justificó la actuación al señalar que se priorizó evitar un enfrentamiento que elevara los riesgos. Con ello, surgieron cuestionamientos sobre la estrategia de reacción.Con ese contexto, se solicitó la postura del Consejo Ciudadano de Seguridad de Jalisco, cuyas facultades incluyen fungir como órgano de análisis, opinión y consulta, así como emitir propuestas y recomendaciones en materia de prevención, investigación y persecución del delito. No hubo respuesta del organismo encabezado por Rodrigo Lazo Corvera.Los mismos cuestionamientos se hicieron al Consejo de Cámaras Industriales, a la Coparmex y a la Cámara de Comercio. No existió un posicionamiento. El silencio se replicó en la Federación de Sindicatos de Servidores Públicos del Estado, la Universidad de Guadalajara, el Consejo Consultivo para la Innovación, Crecimiento y Desarrollo Sostenible y la Sección 47 del SNTE.La falta de una estrategia de seguridad con objetivos claros y comunicados genera incertidumbre y erosiona la confianza ciudadana, advirtió Augusto Chacón, director del observatorio Jalisco Cómo Vamos. Evitar enfrentamientos armados, dijo, no es suficiente si no existen acciones visibles que contengan la violencia.Frente a este vacío, recomendó, los liderazgos sociales deben involucrarse activamente y exigir coordinación, mejorar los protocolos y las alertas en tiempo real ante las balaceras, con metas claras y resultados verificables.A nivel nacional, el referente es el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, que detonó marchas contra la violencia, impulsó indicadores públicos y vigilancia civil y consolidó el Ranking de las ciudades más violentas.Para Lucía Almaraz, catedrática de la Univa, la inseguridad ya no es sólo un problema de cifras, sino un fenómeno estructural que se manifiesta en enfrentamientos armados. Dijo que no existen protocolos claros ni una reacción articulada de los actores con capacidad de incidencia social. Consideró preocupante la ausencia de posicionamientos públicos de líderes sociales.Preguntas que se hicieron a los liderazgos sociales y que no contestaron:1.- ¿Cuál es su opinión de la estrategia de reacción y atención ante eventos de alto impacto, como las balaceras? 2.- ¿Qué opina la postura de la autoridad, cuando contesta que estos hechos no se atienden en tiempo real para no exponer a los policías y a la población?3.- ¿De qué forma puede fortalecerse la estrategia o qué se necesita? Falla el Consejo Ciudadano de Seguridad frente a eventos violentos