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Viernes, 18 de Enero 2019

Las batallas de Alfaro

La principal disputa del gobernador será consigo mismo y su estilo de gobernar

Por: Enrique Toussaint

Las batallas de Alfaro

Las batallas de Alfaro

Enrique Alfaro optó por una transición silenciosa. El gobernador electo decidió empezar a gobernar hasta el 6 de diciembre. No ejerció el poder ni opacó al gobernador saliente. A diferencia de López Obrador, el primer gobernador de Movimiento Ciudadano no disputó la atención pública. Pocos anuncios: los nombres del gabinete, algunas propuestas de reformas y su inconformidad con las decisiones que adelantaba López Obrador. Por ello, Alfaro aterriza en Casa Jalisco con menos desgaste, pero también con menos certezas. Éstas son algunas de las batallas que marcarán el sexenio del nuevo gobernador.

La primera batalla es consigo mismo. Los principales problemas que han afectado la trayectoria política del nuevo gobernador no son actos de corrupción, torpezas o ineficiencias. Tampoco grandes escándalos de sus colaboradores. Sino excesos de su personalidad. Si Alfaro quiere ser un buen gobernador debe domar su carácter, aceptar el disenso y estar abierto a opiniones distintas a las suyas. La soberbia no es buena compañera en el poder y Jalisco es habitado por una sociedad civil movilizada, y dispuesta a intervenir en las decisiones públicas.

La segunda batalla es la congruencia. Enrique Alfaro no es más un jugador local. Algunos ya lo califican como el principal opositor de AMLO. Sus divergencias con López Obrador lo han situado en el plano nacional. Si la intención del nuevo gobernador era pactar un armisticio temporal con el Presidente de la República, dicha aspiración está perdida y estamos frente a turbulencias si no hay disposición de acuerdo entre López Obrador y Alfaro. Alfaro tendrá que responder por lo que haga en Jalisco y, también, por las posiciones que tome Movimiento Ciudadano a nivel nacional. La congruencia es credibilidad. Alfaro tendrá que ser equilibrista para ser opositor y Gobierno al mismo tiempo. Un contexto que no le tocó vivir a Sandoval. Es la primera vez que Jalisco tiene un gobierno distinto al nacional. Lo que exige en la Ciudad de México, debe darlo en Guadalajara.

La tercera batalla es con el establishment jalisciense (algunos de sus célebres integrantes son sus aliados políticos). No me gustan los eslóganes en política Es decretar la historia a través de ingeniosas frases de mercadotecnia. No obstante, Jalisco necesita una sacudida. El Poder Judicial es un desastre. Los ministerios públicos están corrompidos hasta la médula. El Congreso es una oficialía de partes del Ejecutivo.  Y la mayoría de las instituciones que no funcionan se debe a intereses particulares o de grupo. Es decir, a alguien le conviene que las cosas no funcionen, privatizando  -de facto- a instituciones que tendrían que estar orientadas a la defensa del interés público.
¿Por qué tenemos un Poder Judicial que no funciona? Porque así lo han decidido los partidos políticos, los poderes fácticos y aquellos intereses que se han enquistado entre las togas (sean azules, rojos, naranjas o leones negros). ¿Por qué tenemos una televisión pública que nadie ve y que hace reverencias al gobernador? Porque eso conviene al partido en el poder. ¿Por qué tenemos sindicatos que no defienden a los trabajadores? Porque eso beneficia a líderes charros y hasta a los empresarios corruptos. ¿Por qué tenemos una fiscalía ineficiente? Porque eso beneficia al gobernador en turno y a sus cuates.

¿Por qué tenemos una política social que crea clientelas y no ciudadanos con derechos? Porque funciona para ganar elecciones. ¿Por qué tenemos un Congreso desvinculado de las agendas ciudadanas y sometido al Ejecutivo? Porque así es más fácil que se pongan de acuerdo entre tres o cuatro jefes políticos para definir el rumbo de Jalisco. ¿O por qué tenemos el desastre urbano que padecemos? Porque eso conviene a un grupito de constructores que paga campañas políticas y tiene comprados a magistrados. ¿Por qué tenemos una universidad pública no democrática y controlada por un grupo político? Porque eso da estabilidad y gobernabilidad. ¿Por qué tenemos un sistema educativo que expulsa a tantos chavos en secundaria? Porque se prefiere invertir en otros rubros.

¿Por qué tenemos un transporte público de pésima calidad? Porque el modelo favorece a los transportistas y no a los usuarios. ¿Por qué tenemos un sistema de salud insuficiente y en permanente bancarrota? Por licitaciones mañosas, falta de inversión que expulsa al paciente al sistema privado y corrupción al por mayor. ¿Por qué tenemos un sistema de taxis tan deficientes? Por el acaparamiento de los permisos en pocas manos. Y, así, podemos analizar cada una de las problemáticas que afectan a Jalisco y darnos cuenta que son eminentemente políticas. A veces el concepto “voluntad política” no nos dice nada, pero en este caso es la explicación de la pervivencia del estatus quo.  La solución es política.

El establishment es esa compenetración corrupta entre élites políticas y económicas. Alfaro deberá decidir si quiere sacudir el tablero en Jalisco o conformarse con el gradualismo. Es una decisión política y está enteramente en su cancha. Tal vez es una batalla entre el Alfaro idealista de 2012 y aquél que muestra más signos de pragmatismo en 2018.

Una cuarta batalla es por dotar a su Gobierno de un proyecto político claro y sin ambigüedades. Un proyecto es, ante todo, una narrativa. Un relato que  busca responderse tres sencillas preguntas: ¿En qué se ha fallado? ¿Qué debe  y puede hacerse? ¿Y en dónde queremos estar? Las interrogantes se circunscriben a los tres tiempos: pasado, presente y futuro. La refundación busca simbolizar el proyecto, pero es difícil, en estos momentos, aterrizar qué reformas son las que Alfaro priorizará en su Gobierno. La carencia de una orientación ideológica le permite a Alfaro mayor libertad de maniobra, pero también incrementa los márgenes de incertidumbre sobre su Gobierno. Es fundamental que Alfaro esclarezca las líneas difusas de eso que ha llamado la “refundación”.

Otra batalla es con la herencia que recibe. No noto revanchismo en el discurso de Alfaro. Sin embargo, no es probable que pueda ser indiferente ante los escándalos que deja el Gobierno que se va: pensiones, salud, etc.… La justicia no se construye a través de selectividad o politización.  Nadie quiere “chivos expiatorios” que tranquilicen la sed de justicia. Por el contrario, la vía democrática de ajustar cuentas con el pasado es hacerlo con investigaciones serias y creíbles. La mejor manera que tiene Alfaro de dar resultados en esta materia es dotar al fiscal anticorrupción de todo lo necesario -económico, constitucional y administrativo- para cumplir con su trabajo. Alfaro se ha comprometido a esclarecer estos casos (Sandoval no lo hizo y el fantasma de la impunidad lo acechó hasta el último día).

Y una sexta: mantener el listón ético que dio origen al proyecto que hoy encabeza. Con el tiempo, el alfarismo pasó de ser un proyecto de naturaleza regeneracionista (que buscaba regenerar la vida pública) a ser una apuesta más fincada en la eficiencia. El objetivo de la ejemplaridad política no se abandonó, pero sí se matizó. En Jalisco, vimos pasar con Aristóteles Sandoval a una clase política frívola y lejana. Un grupo de amigos del gobernador que llegaron al poder sólo para cambiar, en meses, su forma de vida. Moches, porcentajes, asociaciones fraudulentas y más que el nuevo Gobierno deberá investigar. Alfaro tiene muchas encomiendas-seguridad, transporte, salarios- pero la regeneración de la vida pública debe ser prioridad.

Enrique Alfaro ha dicho que este es su último cargo público. Algo que dudo, sobre todo cuando hablamos de un animal político como él. Sea o no sea su último cargo de responsabilidad política, el ahora gobernador tiene casi todas las condiciones políticas para cumplir: una oposición destrozada, un Congreso a sus órdenes, un Gobierno que le deja finanzas relativamente sanas, la Zona Metropolitana de Guadalajara con hegemonía naranja, menos polarización social que a nivel nacional. La mala relación con el Gobierno Federal es su debilidad. Comienza la tercera alternancia en Jalisco y las expectativas son altas.

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