Lo que durante años fue una rutina marcada por el riesgo en las minas del sur de Venezuela hoy se ha transformado en una misión de rescate, cerca de 200 mineros artesanales, dejaron temporalmente la búsqueda de oro para sumarse a las labores de remoción de escombros en el estado de La Guaira, donde un devastador doble terremoto continúa dejando una profunda huella entre cientos de familias.A casi dos semanas de los sismos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron la costa venezolana el pasado 24 de junio, las tareas de búsqueda no se han detenido. Mientras equipos de emergencia trabajan entre edificios colapsados, decenas de familiares permanecen en la llamada "zona cero" con la esperanza de encontrar a sus seres queridos, ya sea con vida o para darles una sepultura digna.Acostumbrados a desenvolverse en túneles estrechos y terrenos inestables, los mineros han puesto su experiencia al servicio de las labores de rescate. Su conocimiento para trabajar en condiciones de alto riesgo los ha convertido en un apoyo clave para las brigadas que, desde el 25 de junio, continúan retirando toneladas de concreto y estructuras derrumbadas en una carrera contrarreloj marcada por la solidaridad y la esperanza.Aarón Reyes, de 29 años, comentó a los medios que desde su llegada ha trabajado en las ruinas de tres edificios. En uno de ellos localizaron a un sobreviviente. "Cuando llegamos acá descubrimos dos cadáveres. Seguidamente, el Equipo de Búsqueda y Rescate (USAR) de República Dominicana había pasado una comunicación de que no había vida, pero unos compañeros que estaban rastreando encontraron a un niño de 12 años", agregó.Reyes explicó que una vez contactaron con el niño, volvieron a llamar a los rescatistas internacionales para que, con el debido equipo y conocimiento, lo rescataran con vida.Fotografías aéreas de la zona Caribe, en Caraballeda, muestran un sinfín de orificios circulares y toldos improvisados con tela para protegerse del sol, tal como se observa en los yacimientos mineros.En este lugar, durante los primeros días, los mineros ayudaron a los familiares a cavar esos accesos utilizando su experiencia, y en ocasiones, contradiciendo las recomendaciones de los rescatistas oficiales, quienes desaconsejan entrar por riesgo de nuevos desplomes."Si no hubiésemos ayudado nosotros a perforar, los familiares igual lo habrían hecho, solo que iban a demorar mucho más", comentó Felipe Rodríguez.Antes de ingresar, los mineros colocan cuñas de madera para estabilizar las estructuras y posteriormente descienden entre el concreto utilizando cuerdas, una técnica idéntica a la que emplean en los yacimientos. "Vinimos con valentía a asumir estas tareas de recuperación", afirmó Reyes, tras explicar que trabajar en las minas es muy distinto a hacerlo en las ruinas, "porque aquí tienes que tener idea e imaginación para salir vivo", mientras que en las minas diseñan el espacio en el que estarán.Muchas de las estructuras colapsadas en las que aún este martes trabajan los mineros continúan sufriendo desplazamientos y, de acuerdo con bomberos y socorristas, son totalmente inseguras.Pese al peligro y a que el aire en el lugar se vuelve cada vez más pesado por la descomposición de los cuerpos, siguen removiendo bloques de cemento junto a las familias, despejan áreas e intentan acceder a cada departamento, guiándose por el reconocimiento de baldosas, fragmentos de paredes o algún documento.Una vez adentro, explican que para detectar la ubicación de las víctimas se guían por los indicios del terreno, la humedad y la presencia de moscas o gusanos; en cuanto hallan estas señales, avanzan en esa dirección.Para los familiares de las víctimas, el apoyo ha sido crucial. "Nos llegó un grupo de mineros como de cinco personas a las que les debo todo. Son los que me han ayudado bastante a avanzar más de la cuenta, porque yo nunca había cargado un pico, una pala o una mandarria, yo no sé nada de eso", comentó Juan Andrade, cuya familia y vecinos quedaron bajo los escombros.En algunos edificios, la labor de búsqueda de cuerpos recae sobre sus hombros y los de los familiares, muchos de los cuales se oponen a las demoliciones, mientras los bomberos aportan sugerencias y apoyan la extracción de los cadáveres."Vamos poco a poco aportando nuestro grano de arena, sacando a nuestra gente de los escombros. Ya no contamos con las ayudas internacionales, ya no están aquí en este momento; estamos nosotros, un grupo de mineros", sentenció Wilmer Mata, de 32 años.Tras casi dos semanas del terremoto, aún se desconoce la cifra de desaparecidos. De acuerdo con el reporte oficial, al menos 3 mil 535 personas han muerto y 16 mil 740 resultaron heridas. Por su parte, la iniciativa ciudadana 'Desparecidos Terremoto Venezuela' ha registrado hasta ahora más de 30 mil personas a las que no se han podido localizar.TG