Estamos hechas, estamos hechos a imagen y semejanza de la cultura en la que nos desenvolvemos. Con lo que insinúo, por la indirecta referencia bíblica, que alguna divinidad incierta moldea nuestras formas de ir siendo, y con la fatalidad de nuestra condición de materia maleable en manos de esa diosa aparentemente inapelable, qué le va uno a hacer, podríamos recordar a Carlos Fuentes, en este medio social con sus condicionantes nos tocó nacer. Escribo “cultura” y más vale dar claridad al sentido del término: conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo, artístico, científico, industrial, en una época, en un grupo social, lo que implica que la cultura no es fija: nos modela y la modelamos, de tiempo en tiempo, de sociedad en sociedad.En México, hace no mucho las mujeres no tenían derecho a votar, la mayoría de los hombres concordaban en que era lo correcto; para la democracia, pensaban, bastamos nosotros. Muchas mujeres se resistían a esa tradición, renegaban de la cultura en la que les había tocado vivir (por cierto, para ellas, milenaria) y lograron que en 1953 las leyes reconocieran su derecho.El medio social obliga a abrazar acríticamente los roles previamente asignados a las mujeres y a los hombres, inhibe el pensar y mirar la cultura con suspicacia, de reojo, como quien no se la cree, como sí hacen los poetas, los artistas, los filósofos, los científicos, mujeres y hombres, las y los siempre bienvenidos inconformes. Los argumentos que tantos esgrimían para que las mujeres no votaran, setenta años después, lucen ridículos, ofensivos; entonces merecieron consideraciones morales e intelectuales aparentemente intachables, quedaron como huella de una época, sumados a las atemporales posturas machistas que nomás vociferaban que las mujeres no debían votar por eso, por ser mujeres.El 14 de julio, Fundación Marisa, aliada con Gendes A.C., presentó la investigación “Jóvenes frente a la igualdad”, en voz de su directora, Paola Lazo; es un testimonio de época, expone la complejidad ancha y espesa en la que estamos. El estudio trata de cómo el sector de la población que llamamos “jóvenes”, entre quince y veintinueve años, específicamente del área metropolitana Guadalajara, se planta, lejos y cerca, ante la igualdad de género y el feminismo. ¿Por qué atender este fenómeno? Para indagar cómo los jóvenes de por acá viven el fenómeno que a escala planetaria abarca cada vez más regiones, así lo frasea Fundación Marisa: “El contexto político global está marcado por un giro conservador en la sensibilidad sociocultural, que se aleja de las políticas progresistas que predominaron en las primeras décadas del siglo XXI. Esta tendencia se observa en un auge de gobiernos y movimientos que, si bien son diversos, comparten rasgos como la defensa de valores religiosos y familiares tradicionales, así como el negacionismo frente a la desigualdad de género. Este cambio ha generado un escenario particularmente conflictivo en América Latina, donde los derechos de género, sexuales y reproductivos se han transformado en ejes centrales de la disputa política y cultural”.Sí, una disputa política y cultural, la política conservadora parece estar escribiendo la partitura. De ahí que conocer qué piensan y sienten las y los jóvenes resulte primordial, para entenderlos y para entendernos. De acuerdo con el estudio, seis de cada diez de los varones opinan que las políticas que promueven la igualdad de género son necesarias, 20% expone su rechazo directo; lo debemos enlazar con que 36% cree que los hombres son víctimas de las denuncias por violencia de género. De entre los hallazgos, el estudio resalta: “Los hombres se sienten más conformes ante las exigencias que viven por su propio género (muchas ligadas a estereotipos añejos, como el de ser proveedores) en comparación con las mujeres (…) 78% de éstas siente disconformidad ante las exigencias sociales de ser mujer (por ejemplo, el que se sostenga que ellas están dotadas “naturalmente” para dedicarse a labores de cuidados)”. Es decir, sólo en los discursos avanzan la libertad y los derechos de las mujeres, la sociedad continúa imponiéndoles lo que deben hacer por ser mujeres. Que lo reconozcan las jóvenes no es un dato despreciable.Otro frente de la disputa es el feminismo: 40% de los varones piensa que no es necesario para llegar a la igualdad, postura que podría parecer “normal” si no perdemos de vista que algunas funciones tradicionales de la masculinidad persisten —está en el estudio—, pero que una de cada cuatro mujeres refieran que no es necesario evidencia el combate político y cultural: si no pocas sienten que el feminismo no es necesario para tomar el rumbo de la igualdad, no sólo hay que luchar contra las condiciones objetivas que la inhiben, sino contra los lastres culturales que impiden no digamos desarticular la desigualdad de género, sino verla en toda su magnitud.En cuanto a la política, “59% afirma no tener ninguna preferencia por algún partido político, esta posición es más elevada en las mujeres que en los hombres (65% a 53%)”. Y ante la pregunta: “Habitualmente se habla de la izquierda y la derecha política. ¿Dónde te situarías con respecto a tus simpatías políticas?” El porcentaje de mujeres con una postura más cercana a una visión de izquierda que los varones fue mayor, 44 contra 31.El estudio de Fundación Marisa es un espejo riguroso de cuerpo entero: del grupo que llamamos jóvenes y de las nociones y prejuicios que norman nuestro ir siendo sociedad. Si hoy tuviéramos que dar la pelea para que las mujeres votaran, no sería sencillo (y por como avanza el conservadurismo tendremos que darla para que conserven ese derecho y otros), lo que, desde la preconcepción de que hemos progresado, resulta increíble. La investigación aporta al debate sobre el modelo de sociedad en el que estamos, visto desde los jóvenes, y propone —apunta a un futuro esperanzador— hacernos a imagen y semejanza de una cultura atravesada por una idea, la que ha enarbolado desde siempre el feminismo, la igualdad.Para consultar el estudio: fundaciónmarisa.mx.agustino20@gmail.com