En México el discurso político le apuesta a la amnesia social, al oportunismo y al cinismo con sorprendente frecuencia.Tampoco es que seamos los pioneros ni mucho menos los únicos; habría que recordar de qué manera el discurso político francés manejó las continuas derrotas de su ejército frente a los alemanes al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, o, mirando todavía más atrás, advertir que el discurso político en el Senado romano ya manejaba estas apuestas, si bien, con tanto estilo oratorio, filosófico y poético, que sigue siendo estudiado no porque dijera verdades, sino porque al menos mentía con mucha clase.En nuestro país dejamos ya los vuelos oratorios de los políticos que impresionaban a sus oyentes entre las administraciones de Ávila Camacho y Díaz Ordaz, y comenzamos el declive hacia un populismo cada vez más rastrero con Luis Echeverría y sucesores, quienes muy constantemente creyeron que el “pueblo” no merecía un buen discurso, que se contentaba con cualquier fritanga oratoria, emotiva y dramática.Y si uno es lo que lee, también uno es lo que oye, de manera que, si un buen discurso tiene el poder de elevar hasta al menos preparado, un mal discurso degrada a sus oyentes, haciendo que acaben pensando como su poco ilustre orador.En el discurso contemporáneo, populista, emocional y vano, lo que más priva es el cinismo y la deshonestidad. Nuestros políticos de todos los partidos no acaban de entender que lo que ellos tan fácilmente olvidan, mucha gente, en cambio, sí que lo recuerda, y si a veces el “orador” se rodea solamente de aplaudidores, eso que dice es igualmente escuchado y analizado por personas críticas que se resisten a la mediocridad política, que están bien informadas, tan bien informadas como el expositor que, a pesar de ello, miente y engaña.El oportunismo y la deshonestidad se han visto en todos los foros, pero muy recientemente se ha podido apreciar en todo su decadente esplendor en el espaldarazo a Maru, donde un ex Presidente mexicano afirmó: “queremos más Marus, y menos Rocha Moyas”; también podría haber dicho: “y menos García Lunas”, pues este exministro de dicho ex Presidente purga en Estados Unidos una condena de treinta y ocho años, entre otras cosas, nada menos que por sus vínculos con el cártel de Sinaloa. Qué bueno que Maru tenga defensores, no es ese el tema, aunque podría serlo y con mucho; lo que considero es que en ocasiones quedarse callado es la mejor opción, si es que no se sabe pensar a fondo lo que luego se va a decir en público, pero, ante todo, si se cae en la cuenta de que todavía la honestidad tiene en México defensores.Por otra parte, el manido discurso patriotero y soberanista pierde de vista una cosa de la mayor importancia: México sigue siendo un territorio tomado por los cárteles, tan es así que cada día siguen desapareciendo personas, lo mismo que se sigue asesinando a empresarios por la razón que sea, y que a nuestra Presidenta, tan digna de admiración dentro y fuera del país, le puede pasar lo que a Penélope, que lo que ella teje de día con su trabajo y su discurso, de noche se lo destejen los muchos capos que comparten el Gobierno del país, con o sin la complicidad de no sabemos cuántos funcionarios de los tres niveles y de los Tres Poderes. ¿Deberá afirmar en el futuro nuestra Presidenta, como el referido ex Presidente, que ella no sabía nada?armando.gon@univa.mx