Las reglas se hicieron para proteger a los menos fuertes frente a los más abusivos. Si en el futbol no existieran reglas, quien rompiera más patas del equipo contrario tendría las de ganar. Por eso, y para que el juego no fuera otra lucha en lodo más, se inventaron reglas que definen qué se permite y qué no. Son, hasta cierto punto, arbitrarias: el portero puede usar las manos solo en un área; empujar con el hombro es carga legal, pero usar las manos se considera falta; un golpe con alevosía o exceso de violencia amerita expulsión, etcétera. Como evidentemente siempre hay dos versiones de la misma jugada, para aplicar el reglamento existe un árbitro, cuya decisión es inapelable. En política, sea doméstica o internacional, las cosas funcionan más o menos igual. La convivencia pacífica necesita reglas y un árbitro que las aplique.Cuando se rompen las reglas del juego lo que se pierde es la certidumbre sobre el futuro y vienen los llamados cambios de época. El común denominador de los liderazgos políticos de la última década es la inconformidad con las reglas, algo muy similar a lo que sucedió en la década de los 30 del siglo XX. Los populistas en todo el mundo están cambiando las reglas y si la gente los vota es porque en gran medida las reglas existentes dejaron de ser funcionales.Los desplantes de Trump no buscan otra cosa que cambiar la reglas para que ellos, los más fuertes, puedan proponer nuevas condiciones del juego. La rueda de prensa del presidente de Estados Unidos junto a sus secretarios de Guerra y de Estado es igual o más preocupante que la invasión y detención ilegal de un presidente en funciones (un presidente espurio y acusado de narcotráfico). El mensaje enviado es que el presidente Trump no tiene más contención que su ambición. No respeta ni respetará, no solo las reglas internacionales, ni siquiera las de su propio país: no le importa el Congreso o la división de poderes, mucho menos los organismos de arbitraje o la ONU. Está embelesado con su poder y su capacidad performática.¿Estamos frente al germen de un nuevo orden internacional? Es muy probable. De lo que no hay duda es que el que conocimos, el que surgió después de la segunda Guerra, está roto y que lo que viene es un juego sin árbitro. El nuevo orden, el que sea, no saldrá de un hermoso y democrático consenso sino de un prolongado conflicto que implicará el sufrimiento de millones de personas y cuyo desenlace es absolutamente incierto. Del otro lado del mundo, Rusia, China e India, entre otros, se frotan las manos porque saben que en la ley del más fuerte ellos tienen ahora mucho que ganar.Los únicos que pueden regresar al tigre a la jaula son los propios estadounidenses, propinándole a Trump una derrota en las elecciones intermedias, algo que se antoja francamente difícil.