El caso Folarin Balogun, el delantero estadounidense expulsado por el árbitro y desexpulsado por la FIFA es, en sí mismo, una definición de diccionario de lo que es una paradoja, un hecho aparentemente contrario a la lógica pero que no hace sino mostrar una verdad. De hecho, el caso Balogun es un hecho doblemente paradójico, lo cual lo hace aún más patético.Paradoja 1. El Mundial 2026 se está realizando en Estados Unidos, compartido pírricamente con Canadá y México, merced a una investigación por corrupción dentro de la FIFA realizada en 2015 por el FBI (la agencia de investigación policial estadunidense) y el IRS (la agencia tributaria) aplicando la llamada ley RICO, pensada y diseñada para combatir a las mafias. Sí, para la justicia estadounidense, la FIFA se comportaba como una mafia global que vendía sedes para los mundiales y compraba votos, torcía concursos y vendía por abajo del agua derechos de transmisiones televisivas. Llovieron acusaciones, detenciones y rodaron cabezas. La forma de acabar con el escándalo fue darle a Estados Unidos el siguiente mundial no asignado (el mayor escándalo de corrupción había sido la asignación de la sede a Qatar 2022).Paradójicamente, en un acto de corrupción nunca visto, el presidente del país acusador, Donald Trump, le pide a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA -que lo es merced al escándalo de 2015-, que anule una expulsión a un jugador de su país. La petición en sí misma es escandalosa; que la FIFA haya cedido, por más que Infantino diga que él no intervino, es una muestra de abyección; que el presidente Trump presuma públicamente este acto de prepotencia y corrupción es simplemente una inmoral exhibición de poder.Paradoja 2. Si algo ha hecho el Gobierno de Donald Trump es perseguir migrantes. Incluso, quiso negar la nacionalidad por nacimiento de los estadounidenses, pero se le atravesó la Suprema Corte que echó para atrás el decreto por inconstitucional. Folarin Balogun, el ídolo del equipo y a quien Trump defendió como López Portillo al peso, pero con mejores resultados, es hijo de migrantes nigerianos radicados en Inglaterra. Juega para la selección de Estados Unidos porque, paradojas del destino, de casualidad nació en Brooklyn, Nueva York, cuando su madre se encontraba de viaje en la Gran Manzana. Es decir, es un estadounidense por nacimiento, en este caso incluso por accidente, de esos que Trump y MAGA desprecian profundamente, excepto claro, cuando los necesitan para vanagloriarse.Cuando Donald Trump declara impunemente que efectivamente él hizo esa llamada y cambió una decisión arbitral, no podemos dejar de pensar que el hecho de que no hayan sacado la tarjeta roja a Messi en el primer partido, y el penal forzadísimo marcado a favor de Portugal para que Ronaldo siguiera vivo un partido más, son algunas unas de esas pequeñas concesiones que, en aras de un negocio profundamente corrupto (el FBI dixit), hace la FIFA. El futbol une al mundo, dice la FIFA; la corrupción une a los poderosos.