Lunes, 22 de Junio 2026

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La izquierda en tiempos difíciles

Por: Diego Petersen

La izquierda en tiempos difíciles

La izquierda en tiempos difíciles

En elecciones cada día más polarizadas, la izquierda pierde terreno particularmente en América Latina. Uno a uno, han ido cayendo los Gobiernos de izquierda democráticos. A la espera de resultados definitivos en Perú y Colombia solo se sostienen el de Lula en Brasil (quien, en un alarde de “quedabien” con la directora del Fondo Monetario Internacional dijo, sin saber que el micrófono estaba abierto, que él nunca fue un izquierdista) y el de Claudia Sheinbaum, acosado por Estados Unidos y por la falta de resultados económicos. Los Gobiernos izquierdistas no democráticos no están mejor: el de Venezuela derrocado por traición interna; el de Cuba en un hilo, envejecido, bloqueado y amenazado de invasión, y el de Nicaragua rogándole a los árboles de la vida, promovidos como símbolo místico por la vicepresidenta Rosario Murillo, que Trump no se acuerde de que existen. 

La portada de “The Guardian” con el título: “Cómo la presidenta de México se convirtió en la lideresa mundial más popular de la izquierda”, es un extraordinario perfil político de Claudia Sheinbaum -que harían muy bien en leer quienes detestan a la Presidenta- pero que bien pudo haberse titulado: “Al fin sola”, pues efectivamente cada día hay menos gobiernos de izquierda con los cuales hacer bloque en América Latina y por lo tanto con los cuales competir como la más popular.

Más allá de los pendulazos y oleadas que suelen acompasarse en todo el mundo, los Gobiernos llamados de izquierda, particularmente los latinoamericanos, tienen que revisar qué está pasando, dónde se están equivocando. Sin que se trate de un diagnóstico ni nada parecido, es evidente que las grandes debilidades de los Gobiernos de izquierda en América Latina han sido la economía y la cooptación de instituciones democráticas, que terminan convirtiéndose en un problema de confianza y a la postre también económico, y muy particularmente, la ineficiencia gubernamental.

La parálisis de la inversión no es solo de los grandes capitales. La reducción del número de patronos inscritos en el IMSS es quizá el signo más importante del freno de la inversión, como bien ha insistido Luis Miguel González, y por lo tanto de la falta de crecimiento. Regresar la confianza no es solo abrir de nuevo la economía a la inversión privada, sino generar certeza a mediano y largo plazo.

La ineficiencia gubernamental, sintetizada magistralmente por López Obrador en la frase aquella de que prefería colaboradores con 90 por ciento de lealtad y diez por ciento de capacidad, terminará siendo el reto más complicado para el Gobierno de Claudia Sheinbaum. Los programas sociales, sin duda fundamentales no solo como un necesario ejercicio de justicia social sino como pilar político del movimiento, se vuelven insostenibles e ineficientes si no hay crecimiento económico y servicios públicos de calidad en salud y educación, los igualadores sociales por excelencia.

La izquierda vive tiempos difíciles, quizá los más complejos desde la caída del muro de Berlín en 1989, y le urge quien la piense.

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