Hace un par de semanas, en esta página de mis recuerdos, mencioné una serie de restaurantes y lugares dónde comer en nuestra ciudad y me faltó espacio para platicarles de tres sitios que frecuenté y que sin duda ustedes también conocieron.El primero de ellos era el restaurante Cazadores. Yo conocí dos ubicaciones, una de ellas en la avenida Unión, creo que entre Mexicaltzingo y Vidrio, y el otro en la ciudad de Chapala, frente al lago, a espaldas de la Parroquia de San Francisco de Asís.Tengo idea de que el restaurante Cazadores, antes de localizarse en la Av. Unión, estuvo un tiempo por la calle Tolsa, pero no estoy seguro, aunque ya que menciono esta calle de nuestra ciudad quisiera recordar otro lugar también muy frecuentado en ese tiempo: “Carnes Asadas Tolsa”, que tenía un letrero amarillo con el nombre y con figuras de animales pastando en una sabana africana, como anuncio que llamaba mucho la atención, y de este lugar sí tengo la seguridad de su ubicación, pues se encontraba a escasos metros de una farmacia muy famosa en la Colonia Americana que estuvo muchos años en la esquina de Tolsa y Montenegro, donde regularmente mis papás acudían a surtir sus recetas, pues nos quedaba muy cerca ya que vivíamos en la avenida Libertad, casi esquina con Prado, y esa farmacia tenía un enorme exhibidor de cómics donde me daba el quien vive gastando mis domingos.Volviendo a los restaurantes Cazadores, el de la ciudad de Chapala estaba ubicado en la confluencia de la avenida principal, es decir, la que da directamente al faro, y la avenida Ramón Corona o del malecón, en lo que era la antigua casa Braniff, de la que fuera propietario Alberto Braniff, perteneciente a la familia cofundadora de la compañía de aviación Braniff Airways, a espaldas de la Parroquia de San Francisco de Asís, con una espléndida vista al lago y que fuera inaugurado apenas iniciada la década de los 70 del siglo pasado.En la ciudad de Chapala también era famoso en la década de los sesenta el restaurante Beer Garden, muy frecuentado por los tapatíos y visitantes en general. Beer Garden fue donde inició su carrera artística Mikey Laure y también gozaba de una espléndida vista al lago, y se encontraba a espaldas del Hotel Nido, prácticamente donde estuvo por muchos años el que quizá fue el más antiguo hotel de ese hermoso lugar, el Hotel Arzapalo.Regresando a nuestra ciudad, otro lugar que también era muy frecuentado fue la llamada Nevería Valencia, que se encontraba por la avenida de los Ingenieros, hoy conocida como avenida López Mateos, en la Colonia Chapalita, a unos pasos del antiguo campo de Polo Chapalita.La Nevería Valencia tenía en una jaulita a un changuito que estaba sujeto a una larga cadena y andaba en una semilibertad, porque se salía de la jaula, se subía al arbolito donde estaba esta empotrada, y andaba también dando brincos y maromas en la banqueta; el monito tenía una enorme cola y recuerdo una ocasión en que dos norteamericanas, de aquellas que venían a Guadalajara a los cursos de verano, iban caminando por la banqueta muy despreocupadas y el travieso changuito enroscó su cola en una de las piernas de las muchachas, quien gritó asustada: “Un culebro, me agarró un culebro”, ante las inevitables risas de los que ocupaban las mesas exteriores y los que estaban en los carros disfrutando del servicio. Anécdotas como esas hubo muchas con el famoso changuito.Este restaurante y nevería daba servicio tanto en su interior como en los vehículos que se estacionaban alrededor del lugar; los meseros atendían al llamado de los automovilistas simplemente con que les prendieran y apagaran las luces del vehículo.Los meseros eran solícitos y cuando llevaban el pedido empotraban en la portañuela del carro charolitas donde uno podía poner los vasos, los cubiertos y el plato, y en la privacidad del interior del vehículo lo mismo estaban las parejas de enamorados que familias enteras platicando y disfrutando de la buena comida y de la comodidad del carro, y digo comodidad porque los automóviles de antaño vaya que eran cómodos, el asiento trasero parecía el sofá de la sala de mi casa.Recuerdo que en ese lugar probé uno de los más ricos sándwiches de jamón con queso amarillo y tenía como guarnición una deliciosa ensalada de papa con chícharos, zanahorias y mayonesa; eso, acompañado de una malteada de fresa y como postre el muy famoso Banana Split, con tres bolitas de nieve, una de fresa, otra de vainilla y otra de chocolate, decoradas con su respectiva cereza, crema batida y una rebanada de plátano a lo largo, aunque también estaba el “Helado Tres Marías”, con diferencia del primero en la fruta y los aderezos.El Valencia cerró sus puertas apenas iniciando los años 70 y se mudó a la Calzada de las Torres, hoy llamada avenida Lázaro Cárdenas, casi esquina con Lorenzana, pero no tuvo el éxito de su sede original y finalmente terminó cerrándose también, dejando gratos recuerdos a los tapatíos.Finalmente recuerdo el merendero llamado “Don Tomasito”, que se encontraba por la calle Vidrio, casi esquina con la avenida Tolsa, que también tenía servicio tanto en el automóvil como en el interior del local. El servicio en el automóvil también era solicitado con solo encender y apagar las luces del vehículo y el servicio de meseros era excelente y la comida de lo mejor, limpia, calientita y sabrosa.Por cierto, y a propósito del servicio en los vehículos, nunca supe de alguien que después de haber disfrutado de sus alimentos y bebidas se hubiera ido del lugar sin pagar la cuenta; la verdad, antes sí que había decencia y honradez.En Don Tomasito servían un pozole exquisito porque tenía muy poca grasa y no caía pesado al estómago, los granos bien cocidos y la carne muy blandita; también me gustaban las tostadas de lomo y de pierna, que eran bañadas con una salsa en su punto de sazón, y también fueron famosos sus taquitos dorados y durante algunos años fue el sitio preferido de los tapatíos para cenar en la calle.Hablando de las cenadurías, ya les contaré de algunas en una próxima entrega, donde además habré de referirme a las que aún existen, sin mucho renombre en la ciudad, pero sí famosas en los barrios, y que se instalan en plena calle, en las afueras de los domicilios particulares, con improvisadas mesas hechas con tablones y cubiertas con manteles de plástico, donde se cena literalmente en plena calle, a un lado del paso de vehículos y que muchos de nosotros buscamos con frecuencia para disfrutar de los guisos que nos ofrecen “ya pardeando” (como se decía antes), lo mismo pozole que taquitos, tostadas, flautas, sopes y otras delicias con su dotación de rabanitos, repollo, lechuga, limón y chile, pero de esto ya me ocuparé con mayor detalle en otra columna porque no abusaré del espacio ni seguiré abriéndoles el apetito.Por hoy solo me resta agradecerles la bondad de su lectura e invitarlos para que nos reencontremos el próximo domingo aquí en EL INFORMADOR, si Dios quiere. Como saben, disfrutaré de mi cafecito, bísquets y hoy se me antojó un omelette de jamón y queso. ¿Gustan? Feliz domingo.lcampirano@yahoo.com