Martes, 24 de Mayo 2022

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Yo no he sido una buena alumna

Por: Argelia García F.

Yo no he sido una buena alumna

Yo no he sido una buena alumna

Dicen que cuando el alumno está listo, el maestro aparece. Pasaron ya más de dos años desde que oí por primera vez la palabra pandemia y volviendo la película del recuento “covidiano” me doy cuenta de que mis maestros siempre estuvieron, siempre se dieron, siempre aparecieron. Apenas nos mandaron a casa, configuramos todos más pronto que rápido el -ahora indispensable- Zoom.

Mil veces me equivoqué dándole click al -no sé cuál- ícono y luego a otro pasando del modo galería, al modo veo sólo a una persona, al modo me veo sólo yo, y qué susto y qué desesperación todo el mundo virtual. En un momento de la primera etapa aquella, me di cuenta que la batalla no sería siquiera por seguir entrenada sino por no perder tanta condición, no digamos el ánimo que iba en picada. Con una barra (que juré no usar porque yo jamás iba a tomar clase en casa) entre el comedor y mi sala, rodeada de perros, distraída por el ruido callejero, perturbada por el escándalo de la vieja y corroída bomba de agua, ponía la atención que podía a la música que sonaba lejana desde la pantalla de la maestra Lucy Arce que se acercaba tiernamente a su cámara dando instrucciones precisas sobre los ejercicios a venir.

Recuerdo lo duro que fue saberse en medio de la incertidumbre y poco a poco irnos dando cuenta de lo que se iba perdiendo. En otro importantísimo aspecto, el maestro Jorge Taddeo formó a las muy pocas semanas un grupo de estudio semanal de obras escénicas y literarias. Después de haberme lamentado por años de no haber tenido el tiempo necesario para leer con calma y repasarme entero el YouTube debido a la carga brutal de ensayos y quehaceres cotidianos, de un día para otro, ahora “desgraciadamente” tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo.

Finalmente la mente se ocupó en música, cine, danza, teatro y textos bellísimos que se compartieron en los foros de discusión y debate de cada lunes. En ningún plan de estudios habría soñado tener tanto conocimiento a la mano que se dio de manera generosa y cálida, pero sobre todo tanta camaradería y cercanía humana.

Yo no he sido una buena alumna, es más, he sido soberbia, difícil y desesperante. Mi mente vuela muy rápido y muy lejos a universos de los cuales al poco tiempo ni recuerdo. Mi amada maestra, la danza, me ha salvado la vida innumerables ocasiones al celosamente requerirme en el momento preciso aún yo ande buscando al unicornio azul.

Durante la pandemia perdí condición física, enfermé y pensé que mi carrera, qué decir mi carrera, mi camino junto con el de muchos compañeros de trinchera terminaría ahí, sepultado en la nada. Alguna vez entre colegas nos preguntábamos quiénes seríamos si los que tocaban algún instrumento no pudieran tocarlo, quién sería yo si no pudiera bailar, quién quedaría si no pudiera ponerme unas zapatillas o un tutú y no supe qué decir.

Hoy estoy segura que no quiero volver a estar fuera de un estudio de danza y que sobre todo quiero ser como mis maestros quienes dentro y fuera del salón de clases se conducen con los mismos valores éticos y amor al arte. No sé si un día amanecí lista para merecerme a los maestros que se me aparecieron, pero sé que a ellos les debo todo lo que como artista y en gran medida como persona soy.

Por ser fuente inagotable de inspiración, mi entero agradecimiento, cariño y respeto.
A Lucy Arce y Jorge Taddeo.

argeliagf@informador.com.mx • @argelinapanyvina

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