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Martes, 23 de Octubre 2018

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Y finalmente… ¿Qué?

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

¿Cuánto nos falta? Saquemos las cuentas y ya muy poco. Únicamente son cuatro días y pondremos punto final al decimoséptimo año de este siglo XXI. ¿Corrió muy rápido el tiempo? Quizás para algunas personas probablemente NO, pero considero que para un elevado porcentaje —me incluyo entre ellos— definitivamente SÍ.

Todavía hoy podemos recordar cuando transcurrían los primero días de este 2017, y como es lo habitual en cualquier apertura de un nuevo ciclo, nos planteábamos algunas expectativas —aunque con incertidumbres y mayores utopías— de que por fin se vieran pequeñísimos cambios positivos en nuestro Espectáculo Taurino. 

Eran ilusiones, o más bien anhelos, tratando de imaginar que nuestra fiesta retomara de nuevo la seriedad y grandezas —hoy TOTALMENTE perdida— que se vivió en los gloriosos años de la época de oro del siglo anterior, y que perniciosamente en las últimas tres décadas.

—acentuándose más en los años de este nuevo siglo— con todo lujo de cinismo y desvergüenza, han ido devastando los actuales promotores.              
Una vez más, en este comentario de fin de año tendremos que insistir en el argumento.

(tito) tan desgastado e inadmisible que han utilizado por décadas como salida o evasiva “¡ocurrente!”, todos aquellos mediocres que desafortunadamente tienen secuestrada a nuestra extraordinaria fiesta, en  todo México: “La fiesta en nuestro país es diferente a otras, ¡aquí tenemos la mejor!”. Qué sandez tan mayúscula, ¡vaya frasecita más absurda e imprudente!, la cual venimos escuchamos tan recurrentemente en las voces de todos los actores —léase promotores, actuantes, criadores sin escrúpulos y las huestes de parásitos— que con ella pretenden justificar y encubrir toda su mediocridad.    
    
En fin, un año más se nos ha ido, y en él, para angustia de los aficionados — al auténtico Espectáculo del Toro Bravo— nada cambió, pero sí se agravó mucho más, y es que NO existe la más mínima voluntad de parte de los involucrados

—¡vaya loza más pesada!— en la fiesta (cita) para regrésale su grandeza y “dignidad”. ¿Para qué?, si todo lo que ellos hacen está perfecto, aparte de que las autoridades actúan pasivas y sin comprometerse, permitiendo que las empresas se auto-regulen a su total y libre conveniencia. 

El resultado es contundente, otro desmoronamiento hacia el profundo barranco,  que día a día va llevando al más rotundo fracaso que jamás se había vivido en la fiesta, y todo como una consecuencia de las malas actitudes protagonizas por los actuales promotores, de los protagonistas en los ruedos y de ganaderos “ficticios”, que todos al unísono han mostrado un implacable afán por provocar la total aniquilación del espectáculo en nuestro México.
  
Así transcurrió un año más de la vergonzosa fiesta en nuestro territorio, un espectáculo lleno de incongruencias y atrocidades, en el que una vez más se navegó dentro de la corrupción, la impunidad, la soberbia y el engaño, que a ninguno de los actores involucrados les mortificó, y mucho menos pretendieron cambiar. Ya que NINGUNO de ellos ha podido admitir que esta mágica y sublime fiesta es únicamente dirigida y gobernada por su Majestad, El Toro Bravo.
 

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