Domingo, 28 de Noviembre 2021

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“Vengador anónimo”

Por: Jaime García Elías

“Vengador anónimo”

“Vengador anónimo”

Nadie sabe su nombre. Nadie conoce su rostro. Difícilmente se sabrán algún día su domicilio o su paradero...

El alias -tomado de una película que ya es pieza de museo- se lo aplicaron, en una especie de consenso tácito, los lectores de la página electrónica de un diario capitalino, al difundirse un hecho como los que diariamente ocurren cientos en este bendito país.

Va de cuento...

-II-

El miércoles pasado, en los suburbios de la Ciudad de México -en la colonia Villas de Tonanintla, para más señas-, los pasajeros de una camioneta de transporte colectivo que se dirigían rumbo a Naucalpan, en el Estado de México, fueron sorprendidos por cuatro asaltantes, armados con una pistola calibre .22, que ordenaron al conductor no detener su marcha, y a ellos, entregarles sus carteras y teléfonos celulares. Uno de los pasajeros, del que solo se sabe que “llevaba el cabello cortado al estilo militar, aunque iba vestido de civil”, desenfundó un arma y disparó contra los asaltantes. Sometidos éstos, los pasajeros los arrojaron a la orilla de la carretera. Tres asaltantes -dos hombres y una mujer- quedaron muertos; el restante, herido. Álguien llamó a la policía; ésta acudió a recoger los cadáveres y enviar a un hospital al herido, quien quedó detenido y relató los hechos. Por supuesto, ninguno de los pasajeros denunció el asalto en grado de tentativa de que fueron víctimas, ni de los tres homicidios y el intento de uno más del que fueron testigos.

Por supuesto -también-, la totalidad de los comentarios de la nota coincidió no solo al no condenar, sino al aplaudir al ciudadano -posible militar, aunque casi seguramente nunca se sabrá a ciencia cierta-, al que etiquetaron de “vengador anónimo”, que frustró el asalto al disparar contra los delincuentes. Algunos sugirieron la pertinencia de que policías o soldados vestidos de civil viajaran ordinariamente en el transporte público, como pasajeros simulados, con la consigna expresa de evitar los asaltos que son comunes en los suburbios de la capital del país.

-III-

Casi todos concordaron, en fin, en que la justicia por propia mano es el único recurso que queda cuando la autoridad es insuficiente, incompetente o -lo peor- deliberadamente omisa para cumplir con sus funciones -idealmente preventiva y eventualmente reactiva- con respecto a la delincuencia.

Después de todo, aunque pueda decirse que se trata de “La Ley de la Selva”, ésta aplica en un entorno social más parecido a la selva que a la civilización...

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