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Martes, 23 de Octubre 2018

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Un legado del Conde de Vistahermosa

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

Un legado del Conde de Vistahermosa

Un legado del Conde de Vistahermosa

Otra vez se repitió la misma historia. Una vez más surgió la negligencia, el tedio y la burla a nuestro egregio Espectáculo Taurino provocado por el fastidio, la nimiedad y la nefasta actitud mostrada —por su nula presencia, mayúscula mansedumbre y grandioso descasamiento, habrá que ponerles 10 y nota, y estrellita en el testuz— por las reses presentadas en el festejo del centro de nuestro país.

Y aunque nos queda muy claro que existe un número bastante cuantioso de productores de animales inservibles para nuestra verdadera Fiesta, que muestran un absoluto desconocimiento —quizás es, más bien su superlativa soberbia— de la extraordinaria historia del TORO BRAVO, continuar hablando de la casta de Vistahermosa, y hoy adentrarnos un poco en una de sus derivación principales, como lo es el encaste Saltillo, es prioridad.

Fundado en 1850 por el arduo trabajo que realizara Antonio Rueda Quintanilla “Marqués de Saltillo”, quien buscó dar a sus toros un sello y características muy particulares, que habrían de diferenciarlos de todas las demás reses que han existido, y proceden de igual forma de la casta de Vistahermosa. Llegado el siglo XX aparece en nuestra historia del Toro Bravo, un personaje muy significativo y trascendental: el Conde de Santa Coloma, que en 1905 compraría a Manuel Fernández Peña la mitad de su ganado procedente de Ibarra. Y un año después adquirió el Conde, gran parte de la vacada a Rafael Rueda Osborne, que había heredado de su padre, el Marqués de Saltillo. Tiempo en él se llevaban igualmente las históricas negociaciones de nuestros ganaderos mexicanos, que culminaron felizmente con la importación del ganado de Saltillo.

Pero, continuemos con nuestra narrativa. Con la mixtura de los dos encastes —Ibarra y Saltillo— nacerían los afamados toros “santacolomeños”, que llenaron muchas páginas de gloria para la fiesta. Así, siete años después, en 1912, el Marqués de Albaserrada recibiría una porción de ganado que le obsequiaba su hermano, el Conde de Santa Coloma, predominando la línea de Saltillo. A la muerte del Marqués la ganadería fue vendida por su viuda a José Bueno Catón, que la conservó hasta 1928, heredándola al fallecer su esposa Juliana Calvo y sus sobrinos Bernardo y Roque Escudero.

Venida a menos y a punto de desaparecer, en el año de 1960 no sé si fue el destino, la casualidad o la Providencia Divina, que pusieron en manos de los hermanos Victorino y Adolfo Martín, más de 150 cabezas de ganado de los hermanos Escudero Calvo, reses que estaban ya destinadas a ir al rastro. Cuando Victorino ve por primera vez el hato de ganado que le ofrecían, se dio cuenta que tenía ante él un tesoro que lo llevaría a lograr uno de sus principales objetivos que como “aficionado al toro bravo” se había trazado. Y fue así que con los bovinos adquiridos —machos y hembras— iniciaría su marcha triunfal, enarbolando como escudo el fierro y la divisa del Marqués de Albaserrada.

Sin embargo, no obstante a tanta incertidumbre y personajes adversos entremetidos en nuestra fiesta, aún seguimos contando hasta nuestros días con honestos y auténticos ganaderos, que a diferencia de la inmensa mayoría de los “mentecatos fabricantes” de reses mansas, descastadas e inservibles —que son un nefasto y mayúsculo peligro en nuestra fiesta— únicamente con tal de congraciarse y complacer a los “actores”, seguimos contamos con señores como Victorino, que SÍ ha marcado siempre la diferencia, y ha mostrado a todos los adeptos al “auténtico” Espectáculo Taurino, cuáles han sido siempre sus conceptos, sus metas, sus valores y su responsabilidad ante el mundo del Toro Bravo.  

Es por ello que una vez más insisto: ¿Qué sería de nuestra fiesta sin la presencia del verdadero Toro de Lidia? Él es la figura y eje central de éste Espectáculo, es por ello que jamás deberemos olvidar y mucho menos omitir, que todo debe girar alrededor de su Majestad El Toro Bravo.

Atenta invitación: para el próximo domingo 3 de diciembre, en la FIL a las 5:00 p.m. que tendremos la presentación de un libro que viene a enriquecer nuestra bibliografía taurina, y que estamos seguros, te complacerás en leerlo.

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