Lunes, 03 de Agosto 2020
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Un cambio ineludible

Por: Guillermo Dellamary

Un cambio ineludible

Un cambio ineludible

Esta experiencia de la pandemia nos hará cambiar a muchos nuestra visión de la vida y la manera de entender las cosas. Desde luego que habrá otros que ni en cuenta y seguirán haciendo exactamente las cosas como antes en cuanto se pueda. 

La diferencia es que unos toman consciencia de las cosas y son capaces de recapacitar y reflexionar, mientras que otros siguen viviendo sin pensarlo.

La sabía naturaleza nos enseña los mágicos ciclos que fluctúan entre el invierno y la primavera, las lluvias y las heladas, los días de luna llena y el esplendor de los rayos matutinos. 

El canto de las aves, que nos anuncian el inicio del amanecer, y el suspiro de una noche de fatiga que nos conduce a descansar. 

Hay cambios que se repiten, hay rutinas que hacemos sin propósito alguno que alcanzar el dominio de una disciplina. La continuidad de la vida nos hace fluir con ella, como los ríos en una cañada. Sin embargo, hay irrupciones que aparecen de imprevisto y que sacuden nuestra vida habitual. Y de inmediato hemos de responder para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Los que reaccionan a tiempo logran entender que las cosas ya no son, ni serán iguales. En cambio, los inconscientes, que no observan las modificaciones, seguirán viviendo como si nada, y ni si quiera serán capaces de aprender las enseñanzas que nos regala la vida. 

Para muchas familias el COVID-19 ha venido ha despertar una mayor capacidad de reflexionar lo que se estaba haciendo bien o mal, como si llegara un examen para cuestionarnos lo que sabemos y estamos dispuestos a reconocer del estilo de vida que veníamos realizando.

Habrá quien reconocerá que es inminente hacer cambios sustanciales en los hábitos alimenticios y la forma de cuidar la salud, o algunos más dejarán a un lado sus enojos e inútiles reclamos para apreciar más lo que se tiene, y dejar de quejarse por aquello que aún no se ha conseguido. 

Tal vez aprecies más la ciudad en la que vives, o quizás se te antoje irte a vivir a otra, o al menos a cambiar de domicilio. En fin, son oportunidades de revalorar la manera de afrontar o esquivar los problemas de la vida. 

Los necios y ciegos no verán ni querrán modificar un ápice de su forma de vida, sólo quieren que ésto se acabe lo más pronto posible, la realidad les estorba y no están dispuestos a recibir lecciones. Si las quisieran, ya las hubieran solicitado. La vida está sólo para vivirla y punto. 

Los árboles necesitan de una poda periódica para que den más y mejores frutos, y los que ya no dan nada, hay que talarlos y poner unos nuevos. Así la tijera de la irrupción viral nos invita a podar nuestros errores y a cortar lo que nos impide alcanzar una excelencia de vida. Si no queremos hacerle caso al aviso que nos entrega esta crisis, entonces es probable que transcurra tu peregrina y te vayas con las manos vacías, habiendo tanta riqueza que cosechar en estos inesperados momentos. 
 

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