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Martes, 13 de Noviembre 2018

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¿Tendríamos que acostumbrarnos?

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

¿Tendríamos que acostumbrarnos?

¿Tendríamos que acostumbrarnos?

¡Aunque es por todos consabido que será un año electoral, no por ello tendremos que soportar tantos dislates! Con tan sólo tres cuartas partes del mes inicial, y ya nos estamos saturando de tantas impertinencias.  

¡Ahora resulta que todos son los mejores, los más capacitados y lo que es peor, “blancas palomas”!

Pero nada es novedad, y mucho menos diferente, ya que en el devenir de la historia del hombre, siempre han existido personas, grupos y especialmente “gobernantes” en cada uno de los pueblos y naciones, que se pasan la vida fingiendo o aparentando logros, triunfos y avances que nunca han existido, con el único propositito de hacer creer a sus gobernados, que son eruditos y expertos en la construcción de hechos importantes, además de intentar engrandecerse —¡dime de qué presumes y te diré de que…!— de situaciones mediocres y insustanciales, ayudándose de fingir y maquillar la realidad.  

En nuestro país, como una histórica característica que vive acompañando muy particularmente el entorno de políticos y gobernantes, este adverso comportamiento se ha tornado en hecho cotidiano, y al parecer se presenta —cuánta ironía—como una cualidad de la que se apropian muchas personas, que por lo visto a todas luces nunca se han detenido a pensar en todo el perjuicio y devastación que causan con este desfavorable e inmoral proceder para toda la sociedad, y todo con el único fin de alcanzar o retener el botín y los dividendos personales.

Estos nocivos y vergonzosos procedimientos que por muchísimas décadas —creo que sería más exacto hablar de un siglo— se han utilizado en nuestro país, sería tema imposible el negar que no se reflejen de igual forma en la fiesta brava nacional. ¡Faltaba más! ¡Cómo que no!, y es que a similitud, las empresas, actores y demás integrantes de la fiesta, han relatado principalmente en las últimas cuatro décadas, una serie de “historietas” de triunfos, logros y epopeyas, que definitivamente nunca han existido. Y sin embargo, a sabiendas que sus —reitero— “historietas” y narraciones no son y jamás han sido verdaderas, buscan con descaro e insolencia la forma de maquillar y retocar los hechos mediocres y pusilánimes de los que son generadores, ocultando por años y años sus atrocidades, en detrimento del auténtico y legitimo Espectáculo Taurino.

Los hechos hay que manipularlos, “¡éste es su criterio!”, y viven buscando por todos los medios las fórmulas —falaces— con las que han pretendido convencer a los públicos —que generosamente les pagan el boleto— de que sus criterios y negligente e inadmisible forma de operar es la adecuada, cubriéndose con un antifaz, que disfraza el más vil de los engaños, y que ha ido minando —a pasos agigantados— la fiesta brava en todo nuestro México.

Nuestro Espectáculo Taurino con su magia, su esplendor y el agrado que produce a los aficionados, no necesita de simulaciones ni retoques que disfracen los absurdos. En él, todo deberá ser claro y transparente, para que realmente brille por su importancia y esplendor único, que finalmente se obtendrá cuando en todos los ruedos se distinga la presencia axiomática; de su Majestad El Toro Bravo.

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