Miércoles, 08 de Abril 2020
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Serenidad y paciencia

Por: Diego Petersen

Serenidad y paciencia

Serenidad y paciencia

Los que somos mayorcitos y ya no nos cocemos al primer hervor (es decir que estamos correosos como gallina vieja) escuchábamos en la radio la radionovela Kalimán, un personaje de origen noble, pues era el séptimo hijo de la diosa Kali, que iba vestido siempre de blanco, con una daga a la cintura (que no era un arma “sino parte de su atuendo”) combatía la injusticia, era sabio como ninguno y tenía un compañero de aventuras: el pequeño Solín. Este a su vez era un niño egipcio rescatado de la calle donde era explotado como encantador de serpientes, que luego descubriríamos su verdadero nombre, que era Rabán Tagore (y nada menos que el último descendiente de la dinastía del emperador Ramsés), a quien cuando se asustaba o se preocupaba por la situación, Kalimán solía decirle: “Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín, serenidad y paciencia”.

La llegada del Covid-19, mejor conocido como Coronavirus, es inevitable, ya está en México y gracias a la experiencia de otros países sabemos qué sigue, qué toca y cuáles son los riesgos. Hacerlo bien, asumir los costos y no convertirlo en una tragedia depende de nosotros y de nadie más.

Lo primero es asumir que esto no es culpa de nadie, ni del gobierno ni de los conservadores, es una pandemia mundial que tenemos que afrontar y punto. Si lo hacemos unidos como país las consecuencias económicas y de salud serán menores; si seguimos buscando culpables y tratando de lucrar políticamente de un lado y de otro solo lograremos más muertes y un mayor daño a la economía.

El periodo de emergencia, lo sabemos por experiencias ajenas, dura aproximadamente doce semanas, esto es, un trimestre completo. En el caso de México coincidirá con el segundo trimestre económico (de abril a junio) en el que sin duda decreceremos. De nosotros depende que sea un decrecimiento leve o lo convirtamos en una crisis. Hay que seguir todas las recomendaciones de salud, pero sin exagerar ni entrar en pánico porque eso solo profundizará el daño económico. Los rumores y las fake news que se distribuyen en las redes son más dañinos que el virus. Si quiere hacerle un bien al país y a usted mismo (a), apague sus redes sociales y atienda solo información oficial. Las autoridades saben lo que hacen.

En materia de salud el tema es aún más delicado. Siendo la epidemia inevitable, de lo que se trata es de achatar la curva de contagios. Suena complicado, pero no lo es. En la medida que todos nos cuidemos y hagamos lo que tenemos que hacer el ritmo de contagios será más lento y evitaremos la saturación del sistema nacional de salud. Esto último es el verdadero riesgo: si la enfermedad supera nuestra capacidad instalada y satura los servicios médicos, el número de muertes será mayor e incluso algunos enfermos de otras afecciones no podrán ser atendidos durante el periodo de crisis. Lo que podemos y debemos hacer nosotros para que eso no suceda es atender las indicaciones del sector salud: no acudir a los hospitales al primer síntoma, acatar las indicaciones médicas, ser pacientes, y sobre todo actuar con serenidad. Así lo decía el gran Kalimán.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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