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Martes, 18 de Junio 2019
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San Gabriel y la devastación aguacatera

Por: Rubén Martín

San Gabriel y la devastación aguacatera

San Gabriel y la devastación aguacatera

Las primeras imágenes de la tragedia llegaron vía redes sociales. Videos y fotografías con el alud de agua, lodo, troncos, árboles, piedras y desechos destruyendo todo en el paso del río Salsipuedes por el centro de San Gabriel.

Pero la imagen que más impactó fue una fotografía compartida en Twitter por Osvaldo Ramos: la imagen muestra un cementerio de árboles a lo largo y ancho de la calle Independencia, paralela al río. El lecho de troncos y lodo media más de un metro de altura y se extendía a lo largo de 200 metros. Por su superficie caminan varios pobladores sorprendidos por ese alud que llegó sin avisar. Ese día ni siquiera llovió en San Gabriel.

Este cementerio de troncos constituye una prueba irrefutable de los responsables del desastre. El alud que afectó San Gabriel no es una tragedia divina, sino un desastre producido por ciertas intervenciones de los hombres en ese territorio. La masa de troncos que llegó al centro de San Gabriel son una gran prueba forense a la que se le pueden hacer exámenes periciales para señalar directamente a los responsables de las talas clandestinas, de los incendios provocados, de los cambios de uso de suelo, de la deforestación. Y todo apunta a la industria aguacatera.

Todos coinciden en que la responsabilidad recae en las aguacateras. Así lo señalan pobladores de San Gabriel, el gobernador de Jalisco, los académicos. Todos coinciden en que los grandes negocios de producción de aguacate son los responsables de la deforestación que, a su vez, provocó el alud que afectó a la mitad de la población de San Gabriel.

Los datos son contundentes: 60 por ciento de la superficie forestal de San Gabriel ha sido talada; 10 años atrás en el municipio había 158 hectáreas sembradas de aguacate y ahora hay cerca de 2,500 hectáreas del mal llamado “oro verde”.

Pero lamentablemente ya han ocurrido otras tragedias y muchas más se están produciendo en este mismo momento, pues la industria aguacatera se ha expandido hasta alcanzar más de 30 mil hectáreas en distintos municipios del Sur de Jalisco.

Lo advirtieron desde 2016 varias investigadores del Centro Universitario del Sur al presentar su libro La agroindustria del aguacate en el sur de Jalisco. Héctor Delgado Martínez, académico del CUSur y uno de los autores del estudio, enumeró algunos de los impactos negativos de este monocultivo: deforestación, uso excesivo de agroquímicos, mortandad de abejas y azolve de la laguna de Zapotlán, excesivo consumo de agua, salinización de suelos, entre otros, explicó al presentar el libro en la FIL el 1º de diciembre de 2016.

Así que las responsabilidades de lo que ocurrió en San Gabriel parecen claras, faltaría precisar a los autores de esta cadena de ilegalidades.

Pero ¿quién juzgará la responsabilidad de los gobiernos locales que tienen años promoviendo e incentivando este tipo de agronegocios bajo el discurso de atraer inversiones, crear empleo y llevar el supuesto desarrollo a las regiones? Los gobiernos también son corresponsables al impulsar las inversiones en las agroindustrias como la aguacatera, los berries, caña de azúcar, jitomatera y tequilera, que abren paso a enormes extensiones de monocultivos matando la diversidad de la agricultura tradicional, despojando territorios, deforestando bosques y provocando devastación ambiental.

Ahora hay que sumar la tragedia de San Gabriel a los costos de esta lucrativa dinámica de capital que es la agroindustria. 

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