Viernes, 27 de Enero 2023

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Reprochable

Por: Gabriela Aguilar

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¿Hasta cuándo una denuncia tendrá suficiente valor para actuar a la primera? Leía que recién fue destituido el titular de la Dirección de Carreras de la Academia de Policías de la Secretaría de Seguridad del Estado, Juan Antonio García Corona, por maltrato a varias funcionarias. Tres años de humillaciones, insultos e incluso agresiones se maquillaron a lo largo de su operación bajo la justificación de su estricta formación militar. Lo lamentable es que es justo en esa institución donde los nuevos policías aprenden los valores que deben defender. Varias trabajadoras de la dependencia lo reportaron en su momento, pero la investigación interna no prosperó. La destitución no resarce el daño.

Guardando distancias y diferencias, recordé el caso de José de Jesús “N”, quien hace un año fue destituido como magistrado y separado de la academia en la Universidad de Guadalajara luego de que se difundiera un video agrediendo sexualmente a una jovencita de 15 años. Sin embargo, las denuncias de decenas de estudiantes de Derecho en la UdeG se desestimaron durante años. Uno destituido, otro prófugo: impunidad total.

Cuando crees que vives en un lugar inseguro, siempre hay otro que lo supera. Este fin de semana, Guerrero reportó en 72 horas al menos seis homicidios dolosos en las calles. Una mujer murió por la agresión a mano armada de unos motociclistas; se llamaba Elizabeth y fue asesinada cuando salía del Servicio Médico Forense para recoger el cadáver de su esposo, ejecutado un día antes. Lo irónico es que todo sucedió a espaldas del edificio de la Fiscalía del Estado de Guerrero, donde siempre hay vigilancia. 

Quizá con esto los responsables esperaban que quedara cerrado el círculo de impunidad en el homicidio del esposo de Elizabeth, ya que tanto ella como sus hijos fueron testigos cuando un comando ingresó a una marisquería y asesinaron al hombre. No imagino el dolor que deben experimentar los hijos de esta pareja que en tan sólo dos días perdieron a sus padres de forma violenta sin responsables capturados. Y es que con un 97% de impunidad en esa entidad, se entiende que sin más se abra fuego en un parque y se hiera a un joven mientras platicaba con su novia, que después murió mientras recibía atención médica, o que se pueda ingresar armado a un parque y se abra fuego contra unos jóvenes que patinaban, resultando uno sin vida y uno más herido. 

¿Dónde están nuestros lugares seguros? ¿En quién podemos confiar? Habrá que repensar la respuesta, pues una de las noticias más estremecedoras que leí fue la muerte de Rosa Isela, una jovencita de 20 años y ocho meses de embarazo que falleció luego de ser secuestrada en Veracruz para robarle a su bebé. La joven acudió a una cita para recoger ropa que una mujer prometió regalarle para su futuro bebé. A su llegada, fue secuestrada y posteriormente intervenida, pero los responsables no tenían interés en salvar la vida de la madre, por lo que la dejaron morir y abandonaron su cuerpo junto a un río mientras huían con una pequeña recién nacida. 

Reprochable hasta la médula. El tráfico de infantes llega al punto de matar a una madre a punto de dar a luz para robarle a su hijo. Por fortuna los responsables fueron capturados y la niña rescatada para regresar con su familia, pero casos menos afortunados y con el mismo móvil ya hemos visto en Veracruz (2018) y en Nuevo León (2020). Hasta dónde llegará el nivel de indolencia y deshumanización. La normalización de la violencia cada vez nos hace más susceptibles de ello. 

Décadas atrás era impensable ver la imagen de un cadáver sin que fuera intervenida, pensando en la audiencia que podría acceder a ella. Hoy en día podemos ver cómo un hombre sale con el cuerpo de una mujer a cuestas, la sube a su camioneta y más tarde la arroja al pie de una carretera. Vemos cómo en redes sociales se viralizan los videos que exhiben los cuerpos golpeados salvajemente de unos aficionados del futbol. 

No se trata de maquillar la realidad, se trata de no normalizar la violencia; existe, lo sabemos, pero no hagamos de ella parte de nuestros días, no alimentemos a los niños y jóvenes con información que no sean capaces de discernir. Se trata de exigir justicia para que la próxima vez que veamos una imagen tan lamentable como todas las anteriores haya también el rostro de un responsable capturado que pague por sus acciones en lugar de subir los números en la estadística de impunidad que tiene roto el tejido social.

puntociego@mail.com

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