Domingo, 27 de Septiembre 2020
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Refundación, 4T y vida privada

Por: Diego Petersen

Refundación, 4T y vida privada

Refundación, 4T y vida privada

La refundación y la 4T tienen más en común de lo que creen. Sus respectivos líderes, Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador, seguramente odiarán esta comparación, pero más allá de sus evidentes diferencias ambos tienen en común una visión terriblemente personalista del poder -que incluye verse a sí mismos como salvadores uno del Estado y otro de la patria- y una bajísima tolerancia a la crítica y al ejercicio de la autonomía de los órganos de Estado. Las formas también les son comunes: no tienen empacho en traspasar los límites cuando se trata de imponer su visión de la realidad. Uno de esos límites es el uso de datos personales y de vida privada para combatir a sus enemigos.

La forma en que López Obrador y su equipo articularon la cacería (no tienen otro nombre) del hoy exsecretario de Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo, después de que éste criticara a la 4T en una reunión de trabajo, es muy similar a la forma en que el alfarismo ha perseguido a un miembro del Comité de Participación Social (CPS), David Gómez Álvarez, porque el Comité se atrevió a atravesarse y  ampararse ante las decisiones del Congreso en el nombramiento de los nuevos miembros del Consejo de la Judicatura. En los dos casos el mecanismo fue “filtrar” a la prensa datos de la vida privada de ambos personajes y luego soltar a los bots en redes sociales para amplificar la denostación como una forma de presión para buscar su renuncia. La de Toledo ya la lograron; la de Gómez Álvarez no. 

No es gratuito que ambos personajes se la pasen reafirmando, en el discurso, su superioridad moral. Lo que ellos hagan está justificado por la causa, lo que hagan otros para detener esa marcha es digno de toda reprobación. Abrir la puerta al uso de la vida privada de las personas como una forma de presión política no es solo a todas luces antiético, sino sumamente riesgoso para la vida pública. El límite de lo público y lo privado es una frontera siempre en movimiento que cambia de acuerdo con las culturas y los tiempos, pero dentro de lo privado está el ámbito de lo íntimo y lo personal en lo que no hay -o no debería haber- duda sobre los límites. Franquear esa puerta es la entrada al autoritarismo. 

Se puede discutir, para eso optamos por la democracia, si los señalamientos de Toledo fueron o no imprudentes y si era conveniente que siguiera dentro de un gobierno con el que no compartía la visión. Podemos debatir si el Comité de Participación Social se extralimitó en sus atribuciones al promover un amparo ante las decisiones del Congreso, lo que no podemos permitir como sociedad es que se use el poder para denostar a los incómodos invadiendo su vida privada y las de sus familias. 

diego.petersen@informador.com.mx

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