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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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Reforma educativa... otra vez

Por: Laura Castro Golarte

Reforma educativa... otra vez

Reforma educativa... otra vez

Desde 2012, cuando se aprobó la dizque reforma educativa de la administración peñista, hasta el día de hoy, le he dedicado al asunto una veintena de columnas en este espacio. El tema es urgente y estoy convencida de la necesidad de darle seguimiento desde la trinchera que sea: como estudiantes, como padres de familia, como empresarios, como autoridades, como académicos…

La reforma educativa de la que se anuncia su próxima cancelación se aprobó con una rapidez inusitada: el 20 de diciembre de 2012 en la Cámara de Diputados, es decir, a 19 días de que Peña Nieto rindiera protesta como Presidente de la República; y al día siguiente, en el Senado. Dejaron pasar las vacaciones y poco más, y en febrero de 2013 el Ejecutivo federal ya estaba promulgando la reforma constitucional; para septiembre se anunciaban los cambios en las leyes derivadas.

¿Es posible emprender una reforma constitucional en 19 días sin que nadie se moleste ni se incomode?  En su momento y hasta el día de hoy, de esta reforma de Peña se dijo que era más una reforma laboral que educativa porque los cambios implicaban sobre todo una nueva relación con los maestros, pero efectivamente con toda la intención de dejarlos fuera, de ahí las marchas, plantones y todo lo que conocemos.

Cero gestión, cero socialización y sí una manipulación descarada a través de las grandes televisoras que llevaron a buena parte de la sociedad mexicana a aborrecer a los docentes, señalados por resistirse a la evaluación y por ser perezosos, cuando la OCDE, por ejemplo, tiene estudios en donde queda claro que los profesores mexicanos están ávidos de preparación y evaluaciones; aunque no, si a los procesos se les mete mano para que el sindicato y el gobierno pudieran deshacerse de docentes críticos y dejar entrar a profesores que se quedan callados y están cómodos en un sistema podrido, corrupto y corrompido por el mismo Estado desde hace décadas.

Además de estos cuestionamientos que no se hicieron esperar y que se estuvieron repitiendo a lo largo del sexenio, de la dizque reforma educativa también cuestionamos muchos que no incluyera cambios de fondo en los programas de estudio y en la currícula. De último momento empezaron a trabajar en un modelo educativo que hicieron en modo fast track como la reforma de diciembre de 2012 y aplicaron a rajatabla, igual, dejando fuera a los verdaderos interesados; también pasó con la integración del Instituto de Nacional de Evaluación y con todo lo demás, específicamente con la implementación de la primera etapa del nuevo modelo educativo a partir del lunes pasado.

Esta reforma tuvo críticos durante todo el sexenio, de adentro y de afuera del sindicato, de adentro y de afuera del magisterio; la cuestionaron políticos y hasta organismos internacionales manifestaron posturas y los opinólogos profesionales no se quedaron atrás. Algunas de las críticas fueron tipo “opositodo” y hubo otras constructivas con el ánimo de que una reforma constitucional como la que se planteaba fuera completa y de una vez resolviera rezagos añejos.

Andrés Manuel López Obrador, como candidato presidencial, prometió que la “mal llamada” reforma educativa sería cancelada. La promesa, pronunciada en un ambiente de campañas muy sucias, además, fue pasto para los candidatos opositores y, una vez más, se intentó manipular con frases y spots que decían, más menos: “no quiere que tus hijos aprendan inglés”, “no quiere que los profesores sean evaluados” y así por el estilo.

Ahora, en su calidad de Presidente electo, la promesa se reitera como una acción de Gobierno y también se interpreta con juicios similares a los de la campaña. Escuché en radio la siguiente pregunta: “¿Si AMLO le da marcha atrás a la reforma educativa, entonces se seguirán vendiendo plazas?”; otra: “¿Tendrá que hacer otra reforma educativa?”; “¿Los maestros ya no serán evaluados?”…

Hasta donde entiendo y más vale que así sea, se trata de mejorar el marco legal, no de empeorarlo; la idea es empezar a atender, de fondo y con una mejor gestión, los rezagos educativos que enfrentamos desde hace décadas; y si se requiere otra reforma constitucional en la materia ¿cuál es el problema? Se han hecho tantas y no decimos nada… y ahora resulta que es algo así como extraordinario o imposible. El propósito tampoco es dejar de evaluar si ese ejercicio tiene como objetivo mejorar la calidad de la enseñanza; si en cambio, si el móvil es deshacerse de profesores.

¿Otra reforma educativa? Sí, adelante, hasta dar con el esquema ideal para México, tomando en cuenta los rezagos, las diferencias regionales, las necesidades, las realidades, las urgencias… Y si no es así, toca demandar, justo como nos faculta a todos la constitución.

(lauracastro05@gmail.com)

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