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Viernes, 17 de Agosto 2018

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Reflexión sobre el ciberconocimiento

Por: José M. Murià

Reflexión sobre el ciberconocimiento

Reflexión sobre el ciberconocimiento

El desarrollo de la tecnología y de la técnica ha comportado por doquier el cambio de muchos patrones de conducta e incorporado a nuestra vida cotidiana instrumentos que no hace tanto tiempo eran de plano desconocidos. Asimismo, dará lugar a que desaparezcan, tal vez para siempre, productos que antes parecían indispensables. 

Por fortuna, a pesar de que ciertos “agoreros” habían anunciado el fin de los libros, la tendencia ha ido en sentido contrario. Ahora se publican más que antes, independiente de que el buen uso de ciertos aparatos reclamen también lectura previa… Pero debe reconocerse que es verdad que algunos tipos de textos están condenados al retiro: diccionarios, enciclopedias, catálogos, etcétera. 

Sin embargo, ello puede acarrear sus bemoles. Por comodidad se tiene la tendencia a preferir la famosa Wikipedia, pero debe tenerse presente que ésta —en la que cualquiera puede meter baza aunque no tenga conocimiento de causa— nos puede llevar a graves errores. 

Recientemente, por caso, recurrí a ella para disponer de datos precisos sobre un personaje relacionado con otro que estoy estudiando. Horror me provocó la enorme cantidad de equivocaciones, mentiras e imprecisiones que contenía el texto en muy pocas líneas. 

Como hubiera dicho un profesor mío, con sorna pero con mucha razón: quien escribió eso no merece solamente ser reprobado, sino también azotado en la Plaza de Armas un domingo por la tarde…

En este caso, al tema de la información que nos proporcionan tales medios modernos, se suma el que cualquier barbaján pueda opinar.

De aquí brincamos al hecho de lo fácil que resulta que, no importa cual bípedo implume, con mala fe o simple ignorancia crasa, exprese sus opiniones con el mismo rigor que si se tratara de un “lavadero de vecindad”.

Dicho de otra manera, las famosas “redes sociales” han dado una opción a la sociedad de multiplicar sus expresiones sobre cualquier tipo de asuntos, pero también de que se den vuelo aquellos que hablan sin tener conocimiento de causa y, con mucha frecuencia por igual, sin la calidad humana para alcanzar al gran público. 

Hace casi dos siglos que se estableció por primera vez en Jalisco la libertad de imprenta. Fue después de que, para expresar cualquier idea por escrito se requiriera del famoso imprimatur que lo autorizara, pero se soltó de tal manera la pluma que pronto, propios y extraños, estuvieron de acuerdo con echar marcha atrás.

En efecto: corremos el riesgo de que, gracias a tantas falsedades y maledicencias, la dichosa libertad de expresión de las “redes” empiece a limitarse, según la conveniencia de quien tiene el poder y el régimen de libertad de expresión del que ahora gozamos se vaya por el caño. 

No se trata, pues, hay que dejarlo claro, de que nos impongamos autocensura, sino de que nos expresemos con respeto y responsabilidad.

(jm@pgc-sa.com)

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