Jueves, 16 de Julio 2020
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Rabia contra el racismo asfixiante

Por: Rubén Martín

Rabia contra el racismo asfixiante

Rabia contra el racismo asfixiante

El video es impactante. Desata al mismo tiempo la rabia de ver la brutalidad de un policía que parece disfrutar ahogar con su rodilla el cuello de George Floyd; al mismo tiempo, nos provoca toda la compasión de ver prácticamente en tiempo real cómo se extingue la vida de Floyd sólo por ser negro y sólo porque el policía blanco abusa de su poder con extrema brutalidad. 

“I can’t breath, I can’t breath”, se alcanza a escuchar a George Floyd durante repetidas ocasiones en los ocho minutos y 40 segundos que dura la rodilla del policía abusador sobre su cuello y las rodillas de otros dos policías en su espalda y piernas. 

El asesinato de George Floyd, ocurrido el lunes 25 de mayo en Minneapolis, es el último episodio de una larga cadena de casos de brutalidad policiaca por lo general cometidos contra personas afroamericanas, especialmente hombres. 

Cabe recordar que el 17 de julio de 2014, Eric Garner, otro hombre negro, también murió asfixiado por policías de Nueva York. Garner también repitió que no podía respirar. 

Pero, como se sabe, las muertes de negros a manos de policías blancos se multiplican por miles. “Las personas negras tienen 3.5 veces más probabilidad que las blancas de morir a manos de la policía cuando no están atacando ni tienen un arma. Los adolescentes negros tienen 21 veces más probabilidades que los blancos de morir por agentes de policía. La policía mata un negro cada 40 horas”, escribió Rashawn Ray, investigador del Brookings Institution, con sede en Washington DC, citado por la BBC (https://bbc.in/3eJeoaB). 

El abuso policiaco es el corolario de un racismo que prolonga el dominio blanco sobre la población negra en Estados Unidos. A pesar de que afroamericanos, blancos y todas las minorías son iguales ante la ley, hay un privilegio blanco que se expresa en la segregación, las desigualdades y la encarcelación masiva que padece la población negra en Estados Unidos. 

En este contexto de abuso policiaco, segregación, encarcelamiento y explotación, no sorprende la masiva respuesta de protestas y de abierta rebelión que han ocurrido tras el asesinato de George Floyd, que es el detonante, pero no el origen de esta oleada de protestas. El racismo asfixiante ha desatado una rabia justificada que quiere poner fin a los abusos y al racismo. 

En apenas unos días se produjeron protestas en más de 140 ciudades de Estados Unidos, y el lunes y martes de esta semana se extendieron a otros países como Gran Bretaña y Francia, donde también hay racismo y abuso policiaco. 

Se trata de la ola de protestas contra el racismo más masivas y extensas, desde hace 50 años cuando en 1968 fue asesinado Martin Luther King. 

Pero esta ola de protestas se enfrenta también a un movimiento de “supremacía blanca” alentado por un presidente que en lugar de rechazar el racismo y la brutalidad policial, parece alentarlos. De hecho, el lunes Donald Trump amenazó con sacar al Ejército a las calles a contener las protestas al tiempo que amenaza con declarar a organizaciones participantes en las movilizaciones como terroristas. 

Podría decirse que el brutal asesinato de Floyd vino a radicalizar el antagonismo social existente en la sociedad capitalista de Estados Unidos, con el agravante de que ahora está en el poder una corriente claramente fascista, pero con la esperanza del surgimiento inesperado de un poderoso movimiento no sólo de las comunidades negras, sino de minorías, pobres, desempleados, latinos, blancos que se oponen al fascismo que se les quiere imponer y que luchan por un Estados Unidos igualitario y verdaderamente democrático. 

“El desafío, claro”, escribió Keeanga-Tamahtta Taylor, “es pasar del reconocimiento a la humanidad negra a la transformación de las instituciones responsables de esa degradación” (De #BlackLivesMatter a la liberación negra, Tinta Limón editores, 2017). 

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