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Lunes, 15 de Octubre 2018

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¿Quién dijo yo?

Por: Laura Castro Golarte

¿Quién dijo yo?

¿Quién dijo yo?

Uno de los problemas más graves de México y que, por lo mismo, reclama urgente resolución, es la desigualdad económica y social. El asunto es viejo y de seguro los lectores habrán escuchado en lemas y “propuestas” o promesas de campaña el combate a la desigualdad o a la pobreza y la implementación de medidas para equilibrar la distribución o el reparto de la riqueza. Suena hasta como pasado de moda, de tan viejo que es esto, pero actual y lacerante como nunca, de hecho, empeora.

Esta semana se dio a conocer el informe de Oxfam México que se titula “México justo. Propuestas de políticas públicas para combatir la desigualdad” escrito por Diego Alejo Vázquez Pimentel, Milena Dovalí Delgado y Máximo Jaramillo Molina. Oxfam, como se indica en el informe, es un movimiento que trabaja en más de 90 países “para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad”. Su trabajo, pues, no se reduce a hacer un estudio y diagnóstico de las variables que combate, que no es poco, sino que proponen una serie de medidas atendibles todas para erradicar pobreza y desigualdad, erradicar, sí, no paliar ni maquillar ni usar ni manipular como se ha hecho por lustros en México. El estudio está disponible en línea por si quieren leerlo completo y archivarlo: https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/Informe%20Me%CC%81xico-DAVOS-reducido.pdf.

Antes de presentar la información para México, se expone brevemente la situación de la desigualdad en el mundo; el problema efectivamente es global y grave, pero resulta que nuestro país está en la cuarta parte del total de naciones con más desigualdad en el orbe: “Las brechas entre ricos y pobres son tan marcadas, que vive el hombre más rico de América Latina (lo fue del mundo) junto con más de 50 millones de personas pobres. La situación en México es dramática: el ingreso del 5 % más pobre en México es igual al del 2 % más pobre del mundo. Al mismo tiempo, el ingreso del 5 % más rico es similar al ingreso del 5 % más rico en países desarrollados”. Es decir, con estas cifras se podría decir que en México están los más ricos y los más pobres del mundo. Dramático sin duda.

El párrafo a continuación es demoledor pero expresa una realidad que todos conocemos y sufrimos, menos la clase política y… “El modelo económico mexicano beneficia sólo a las élites económicas. Con base en las últimas cifras de Forbes, la riqueza de los mexicanos más ricos en 2017 fue de 116 mil millones de dólares: las 10 personas mexicanas más ricas tienen la misma riqueza que el 50 % más pobre de México. Así, los grupos de interés económico ejercen influencia desmedida sobre diferentes políticas públicas para mantener privilegios. Eso constituye una captura política del Estado”. Tómala.

Entre 1996 y 2016, es decir, en 30 años, de la administración de Zedillo a la de Peña incluyendo las nefastas experiencias panistas, “los niveles de pobreza y desigualdad han permanecido casi constantes”. El rezago va más allá de la década de los noventa y por supuesto persiste. En el mismo estudio se reconoce un “leve” avance en el combate a la pobreza pero enseguida se indica que “el ingreso de la mayoría de los hogares mexicanos ha caído”. 

Hasta aquí, de manera general y resumida, los resultados, sin embargo, me parece importante incluir las propuestas porque ahora que estamos en campañas disfrazadas de precampañas alguien, por favor, podría hacerlas suyas: Consolidar un sistema de seguridad social universal y efectivo; incrementar los recursos de los cinco estados más pobres para mejorar la infraestructura escolar y de salud y aumentar las becas para estudiantes de bajos ingresos; a nivel nacional, enfocar los recursos a incentivar la matriculación escolar en el nivel medio superior; una nueva política industrial para que la clase trabajadora mexicana pueda insertarse en el mercado internacional con empleos dignos y de calidad; elevar el salario mínimo hasta la línea de bienestar seguido de aumentos graduales de acuerdo a la inflación; creación de mecanismos innovadores para la exigencia de transparencia y rendición de cuentas, empezando por la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción; restablecimiento de un impuesto a la herencia; mejor recaudación del  impuesto predial; mayores impuestos a rendimientos de instrumentos en mercados de capital y evaluar y diseñar un programa piloto para implementar el Ingreso Básico Universal.

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