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Martes, 14 de Agosto 2018

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¿Qué onda con los coches?

Por: Juan Palomar

¿Qué onda con los coches?

¿Qué onda con los coches?

Pues que son, en todos sentidos, demasiado. La gente ha dado en creer que el coche es una extensión de su casa que puede rodar y acomodarse en el lugar que mejor le parezca de la ciudad, en cualquier momento. En (relativo) movimiento o estacionados en donde mejor les venga en gana. Veamos: lugar para cinco personas cómodamente sentadas, música ambiental, aire acondicionado (en muchos casos), vista panorámica, ubicaciones al gusto. La ciudad es su reino, comprado módicamente por el precio de un automóvil más o menos caro. Mejor, imposible. Los vecinos y los peatones (no digamos los ciclistas) son sus súbditos. Para los automovilistas, una clara minoría, se gasta la mayor parte del dinero público en realizar cada vez más costosas obras viales, que además quedan rebasadas en corto tiempo. Es obvio que si esos recursos se gastaran en un buen transporte público otro gallo nos cantara, y desde hace mucho.

En conjunto, los automovilistas ahogan de contaminación (más del 80%) a Guadalajara. Pero su reinado es implacable, porque sus votos son claves para todos los partidos. Son los que más gritan y se quejan. Para ellos la ciudad es tanto mejor en cuanto les propicie llegar del punto A al punto B en el menor tiempo posible y a la hora en que les dé la gana. A partir de que un ciudadano logró hacerse de un carromato pasó a la “elite” urbana que jamás volverá a pensar en rebajarse usando el transporte colectivo y menos la marcha a pie o las bicis (fuchi).

Ya sueñan con los segundos pisos para Guadalajara, sin reparar ni por un instante del desastre que esta medida ha significado para México y otras ciudades. El cielo es el límite para las cada vez más expansivas ambiciones automovilísticas. Semejante dominio no lo hubiera imaginado el señor Schneider, dueño —según dicen— del primer coche con motor de combustión interna que circuló por las calles tapatías en los primeros años del siglo XX.

Nadie está diciendo que los coches no sean en ocasiones indispensables y necesarios. Pero algunos. No dos millones. La ciudad es materialmente incapaz de procesar esa carga que a todos afecta y perjudica gravemente. Basta ver lo que se está haciendo en muchas ciudades adelantadas: están limitando severamente la utilización de los autos. Por algo será.

Por mientras, hay que decir que los automovilistas de Guadalajara, en general, son muy majaderos y agresivos, y que manejan mal. Muchísimos tienen prisa a toda hora y van de mal humor. Pitan a la menor provocación y generalmente a lo idiota. Consideran que quien les pide el paso lo hace como una provocación y simplemente lo ignoran. Conducen agresivamente. Piensan que poner las direccionales es inútil. Creen que las luces intermitentes son un permiso para detenerse en donde les da la gana. No tienen mayor consideración con los peatones o los ciclistas. No respetan los pasos cebra. Se pasan los altos a voluntad. Las autoridades de tránsito están totalmente rebasadas.

Es más que hora de que reflexionemos a fondo sobre el papel y la utilización de los coches en Guadalajara. Una inercia histórica genera la sensación de que toda la ciudad fue dispuesta para ellos. Y nada más falso. La autoridad tiene la palabra y debe ser muy firme. Y los automovilistas, que están literalmente asfixiando a toda la población, deben tomar conciencia de ello y racionalizar al máximo el uso y el abuso del coche. Estamos ante un callejón sin salida. Es preciso cambiar de dirección.

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