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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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Qué hubiera pasado si…

Por: Martín Casillas de Alba

Qué hubiera pasado si…

Qué hubiera pasado si…

Lo que dice T.S. Eliot en Burnt Norton, el primero de sus Cuatro cuartetos, es cierto:

Todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción
y sigue siendo una perpetua posibilidad
sólo en el mundo de las especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
tienden a un solo fin, presente siempre. (I, 5-10)

Sí, el tiempo ‘irredimible’, no se puede librar, ni eludir y lo ‘que pudo haber sido’ -como dice Eliot- sigue siendo una posibilidad aunque pertenece al mundo de las especulaciones como esas que imagino cuando salgo a caminar por el bosque de Tlalpan y de pronto me pregunto qué hubiera pasado si en lugar de haber rechazado el rancho de mi padre, cerca de Atequiza, con todo y sus cincuenta hectáreas de riego y, en un tiempo, las vacas Jersey, con lo que nos mantuvo desde que llegamos a Guadalajara en 1952, hasta el fin de su vida en 1974, digo, qué hubiera pasado si me hubiera gustado y le hubiera propuesto hacerme cargo y, al mismo tiempo, estudiar Letras en la UDG, en lugar de Ingeniería Química para que, al terminar, me hubiera ido a vivir al rancho en una casa diseñada por Andrés mi hermano, rodeado de los campos de alfalfa -verde que te quiero verde-, para atenderlo por las mañanas y, por las tardes, ponerme a leer en la biblioteca, apuntando en esas tarjetas rayadas de 3x5 pulgadas los datos relevantes: las citas, las referencias y los pensamientos que van surgiendo de la lectura, sobre todo, si lo conectara con otras cosas: con las cuatro estaciones del año o las de Vivaldi o las ‘atmosféricas’ de Juan Palomar Verea.

Entonces, todo hubiese sido de otra manera, como lo imagino cuando camino por el bosque de Tlalpan entre sus árboles y una que otra buganvilia color magenta que tanto me gusta.

Agotado ese guion, sigo con el qué hubiera pasado si en lugar de haberme ido a Alemania casado, me hubiera ido a Cambridge soltero, para hacer estudios de posgrado en letras inglesas y no en matemáticas aplicadas, como lo hice en Freiburg para descubrir a los isabelinos, mejorar mi pronunciación -y que no sea tan ranchera, como la que tengo- y, entrado en el qué hubiera pasado si, por una de esas cosas del azar, me hubiera ido un verano a Sevilla -tan cerca y tan lejos de Guadalajara-, aprender árabe y reconocer las huellas que dejaron durante los ocho siglos que habitaron por esos rumbos para entender mejor su arquitectura y los jardines de la Alhambra, además de escudriñar los escritos de Cide Hamete Benengeli y de pasada, estudiar las obras de Juan Ruiz de Alarcón: La verdad sospechosa y El examen de maridos que me ha servido de inspiración para un nuevo libro que preparo a partir del mensaje que le dejó su padre a doña Inés en donde le decía que “antes que te cases, mira bien lo que haces” y, con eso...

¡Ay, caray!, ya me fui por la tangente como otras veces, como si padeciera el ‘síndrome de Chelo Acosta’ evadiendo el tema principal que tiene que ver con lo que pudo haber sido, aunque no sean más que especulaciones, como dice Eliot, sobre todo, porque ‘estamos hechos de la misma materia que los sueños’ y, por eso, lo que pudo haber sido y lo que ha sido, ‘tienden a un solo fin’.

Entonces... salgo al rancho por la mañana para observar el campo en general, el nivel de la tierra, el agua de riego en las parcelas, mientras discuto con el administrador si conviene que la cosecha del año que entra sea mejor de cebada y así, de pronto, me doy cuenta que aquello que pudo haber pasado, como lo pueden ver, está presente, sin importar que sea especulación, sueño  o ilusión.

(malba99@yahoo.com)

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