Jueves, 23 de Enero 2020
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¿Por qué matar a su maestra?

Por: Guillermo Dellamary

¿Por qué matar a su maestra?

¿Por qué matar a su maestra?

Seguramente existen motivos de fondo de la violencia de un alumno contra su maestra y de paso a los compañeros.  Es una de las tareas fundamentales de la investigación,  encontrar la motivos posibles de fondo y tratar de dar una explicación coherente para poder entender un fenómeno de esta naturaleza y así poder prevenir y remediar, a tiempo, este tipo de violencia escolar.

En el empeño que hemos recorrido en estas reflexiones hemos llegado a sugerir la importancia de la conciencia moral en la educación,  al acentuar una formación más de la persona, su carácter y sus valores, en vez de enfocarse tanto en el estudio de las ciencias.  Sugerimos darle más énfasis a la educación del interior, es decir de la razón,  la conciencia,  el pensamiento y la voluntad que el conocimiento del mundo externo, en especial las ciencias naturales.

La violencia es un problema que nace en los impulsos,  en la frustración,  en el coraje, el enojo, en el miedo. En la escuela se debe de enseñar a que los alumnos aprendan a conocerse a sí mismos y logren dominar sus impulsos y emociones. Pero cuando se descuida y desatiende este importante aspecto formativo,  y por el contrario se fomenta al aumentar las presiones,  las exigencias,  los castigos, la tensión y, tal vez, la burla, la humillación y lo que hoy conocemos como “bullyng”; seguramente la reacción es la agresividad.

Que fácilmente se transforma en deseos de venganza y desquite, que en la solución más transmitida por nuestra sociedad de consumo: “elimina lo que te estorba”, “tira lo que ya no sirve”, “mata lo que es un peligro”.

Las armas facilitan la acción de matar, como un insecticida lo hace con los insectos; estamos inmersos en la idea de que lo desagradable,  lo que nos molesta, lo que nos ofende,  lo que es diferente y nos incomoda,  hay que eliminarlo.

La solución no es eliminar las armas, que solo facilitan quitarle la vida a los demás, sino tratemos de disminuir la necesidad de resolver los problemas con la violencia y recurrir mejor al diálogo. Es decir, a los más altos valores de nuestra civilización.  Al igual que en vez de prohibir y restringir el consumo del alcohol y las drogas,  enseñemos en el hogar y en la escuela a no necesitar de ellas, ni utilizarlas como una evasión o un entretenimiento para evadir los problemas de la vida. En vez de tratar de eliminar la corrupción, con controles y castigos, eduquemos la conciencia moral y el compromiso social en el cumplimiento de las leyes.

Algo muy fuerte le hizo la maestra al alumno como para que se vengara de esa manera,  y seguramente recurrió a la solución que tenía a la mano.  La violencia en el hogar. Además encontró  el instrumento para hacerlo y lo supo usar bien. ¿Quién se lo enseñó?

Nuestro estilo de vida, nuestra cultura de la violencia, nuestra falta de moral pública,  la carencia de valores, la falta de amor y atención en el hogar, la escuela y la sociedad son la causa.  Ni los videojuegos, ni las armas.

El problema es más doloroso y complejo porque además se quitó la vida. Estamos ante la franca cultura de la muerte. Es un llamado de atención para todos nosotros para hacernos más responsables de la manera en que estamos viviendo.

Que los niños recurran al asesinato para resolver sus problemas es algo muy grave, al igual que se bañe de sangre una escuela que debe ser el recinto de los grandes valores e ideales del conocimiento y el saber.

Como señala E. Morin: “la tímida reacción ante la creciente violencia nos invita a nutrir más la ética de pacificación de las almas y de las mentes”. 

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