Martes, 20 de Abril 2021

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Polvos de La Mancha XVII

Por: Carlos Enrigue

Polvos de La Mancha XVII

Polvos de La Mancha XVII

Personalmente me gusta especialmente de la obra la tercera salida, cuando ya el cura dijo a nuestro héroe “te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de su simplicidad”. Y tras los conflictos tenidos por Sancho -cada vez más convencido del destino de su amo- con la Ama y la sobrina, empeñadas con el cura y el barbero en tratar de evitar que el caballero cumpliera su sino, a pesar de que “nunca hazañas de escudero se escribieron”, ambos tratan de convencer al bachiller Sansón Carrasco del destino de los caballeros andantes y, desde luego, del de los escuderos, cuando Sancho afirma: “Yo, señor Sansón, no pienso granjear fama de valiente, sino del mejor y más leal escudero que jamás sirvió a caballero andante; y si mi señor don Quijote, obligado de mis muchos y buenos servicios, quisiere darme alguna ínsula de las muchas que su merced dice que se ha de topar por ahí, recibiré mucha merced en ello”.

Y tras un intento escuderil de obtener un salario conocido, que el caballero rechazó por falta de precedentes y más que el socarrón bachiller lo llama “¡Oh flor de la andante caballería! ¡Oh luz resplandeciente de las armas! ¡Oh honor y espejo de la nación española! Plega a Dios todopoderoso, donde más largamente se contiene, que la persona o personas que pusieren impedimento y estorbaren tu tercera salida, que no la hallen en el laberinto de sus deseos, ni jamás se les cumpla lo que mal desearen”. Tras las inevitables maldiciones de la Ama y la sobrina, fijaron la nueva salida de allí a tres días y después de calmar los ánimos de los cercanos, salieron por la tarde, con la discreta compañía del bachiller, que se regresó a poco.

El caballero y su escudero fueron rumbo al Toboso para “tomar la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea”, a donde llegaron por la noche y todos dormían cuando el caballero enamorado buscaba los palacios de la dama, que tras las sombras de la noche resulta ser el templo de la población. Desoyendo la opinión del escudero, que proponía buscar en callejuelas los Alcálceres reales y pensando don Quijote que Sancho ya conocía a la señora le dijo: “No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes”. Ahora que, “rabiaba Sancho por sacar a su amo del pueblo, porque no averiguase la mentira de la respuesta que de parte de Dulcinea le había llevado a Sierra Morena, y, así, dio priesa a la salida, que fue luego, y a dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque, donde don Quijote se emboscó en tanto que Sancho volvía a la ciudad a hablar a Dulcinea”.

@enrigue_zuloaga

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