Domingo, 25 de Septiembre 2022

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“Otros recuerdos a compartir”

Por: Carlos Enrigue

“Otros recuerdos a compartir”

“Otros recuerdos a compartir”

Pues fíjese, mi solitario lector, que me sorprendió mucho no haber sido -como yo me concebía- un gran cafetero. Después de las respuestas que muchos amigos me hicieron el favor de comunicarme, veo que a lo más no puedo considerarme como un gran cafetero sino uno bastante regularcito o, cuando menos, un usuario que no experimentaba sitios nuevos, sino que era monoidéico, poco variable y capaz que hasta enfadoso por no tener muchos temas que compartir o, como me dijera una querida amiga, “tú siempre con tus mismos temitas”.

Sin embargo, algún amigo se molestó en escribirme para platicarme de un café que no conocí, llamado el Partenón, que quedaba frente al Hotel Morales, por la calle Corona y que durante mucho tiempo fue un importante centro de reunión de una gran parte de la sociedad tapatía. Pues dicho sitio tenía una gracia adicional y era, según me dicen, que te leían el café, muy interesante y más porque me trajo a la memoria otro café, este sí de la época arcaica de la Hélade -o, lo que es lo mismo, de cuando había personas que afirmaban vehementemente que amarraban a los perros con longaniza y fue durante mi primera niñez- y ese sitio era la nevería La Acrópolis, a donde iba con mi padre, hasta donde recuerdo porque había un griego que trabajaba ahí o era el dueño y platicaban de literatura, y hasta puede ser que les enseñara algo de su idioma. Estaba ubicado en Juárez y Colón, y en mi memoria es muy vago, pero entre lo que creo recordar es que leían los restos del café, pero esto, créamelo, fue antes del diluvio universal, si no es que aquello estaba húmedo todavía. Aunque debo reconocer que se me hace interesante la lectura del café, pero nunca me ha pasado, así que no puedo saber si me gustaría o no.

Hay que decir que en aquellos tiempos nuestra ciudad era muy, pero muy provinciana, sin comparación, por ejemplo, con la gran chilangostlán, que a los tapatíos de aquella época nos parecía, o cuando menos a mí me parecía lo más cosmopolita del mundo y me impresionaba que allá hubiera muchas librerías cuando en nuestra Guadalajara había sólo unas cuantas.

Recuerdo que Juan Francisco González, a quien yo recuerdo con afecto como director de Bellas Artes (lo que ahora sería pomposamente la Secretaría de Cultura), que era muy amigo del maestro Juan Rulfo, al que quería convencer de poner un taller literario, lo que no se hizo a final de cuentas, pero lo tuvimos aquí una temporada e incluso me acuerdo haberlo llevado a una casa por el rumbo del Atlas Paradero, lo que nos permitió conocerlo y escucharlo, ya que si bien no era muy conversador, pues era un genio y algo se nos quedaría de la charla porque ya para entonces era quien era.

@enrigue_zuloaga
 

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