Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Sábado, 15 de Diciembre 2018

Ideas

Ideas |

Noventa y nueve por ciento agua

Por: Alfonso Islas

Noventa y nueve por ciento agua

Noventa y nueve por ciento agua

En 1953, un estudiante llamado Stanley Miller nacido el 7 de marzo de 1930, en Oakland, California -fallecido el 20 de Mayo de 2007, en National City, California- se había graduado en la Universidad de su estado para después irse a la Universidad de Chicago, a hacer su doctorado. Trabajaba en el laboratorio de Harold Urey, y su aporte a la ciencia del origen de la vida fue montar un matraz de laboratorio que contenía gas metano, amoniaco, hidrógeno y 99% de agua. Este artefacto fue sometido a una corriente eléctrica produjo como reacción, compuestos orgánicos que incluían aminoácidos, que son los bloques de construcción de la vida. Entonces, se generó además el conocimiento también novedoso, del Ácido desoxirribonucléico o ADN, que se sabe, contiene la información de todos los seres vivos, ampliando el panorama sobre el estudio del origen de la vida.

Más aún, el descubrimiento de las condiciones prebióticas que anteceden a la vida, en otros planetas y el anuncio del hallazgo de un posible fósil bacteriano en el planeta Marte, llamó poderosamente la atención hacia el estudio de la Exobiología, término acuñado por Joshua Lederberg, y que significa el estudio de la vida más allá de nuestro planeta.

Sea como sea que se halla formado la vida en la Tierra o en otro sitio del universo, una molécula excepcional, compuesta por dos hidrógenos y un oxígeno, fue esencial para permitir, primero, un ambiente bioquímico y orgánico que favorece lo biológico, y después, la vida.

Sin duda, el hecho que permite esta recreación del origen de la vida, es la inquietud de ese joven de 21 años, Stanley Miller, que después de escuchar una plática de Urey en octubre de 1951, donde sugería que la vida se había formado en la Tierra bajo una atmósfera reductora compuesta principalmente de gas metano, amoniaco, hidrógeno y 99% de agua. El recién llegado a la Universidad de Chicago habría aceptado el reto propuesto por Urey en esa plática, de que alguien tendría que hacer el experimento para probar esas ideas de la atmósfera reductora de hace unos 4,000 millones de años en nuestro planeta.

“Fui a su laboratorio y le dije a Urey que yo quería hacer los experimentos. Lo primero que me dijo fue que mejor me fuera a hacer algo útil, yo insistí, y cuando se dio cuenta de mi determinación, me comentó que el experimento era muy riesgoso y probablemente no iba a funcionar y que él, era responsable de que adquiriera mi grado de doctor, pero que con esa incertidumbre no recibiría mi título en los tres años que tenía para tal fin. Acordamos finalmente que si en seis meses no teníamos resultados, lo abandonaríamos, sin embargo antes de ese plazo, en semanas, tuvimos buenos resultados”.

El montaje del experimento es digno de recreación: Se trata de una serie de matraces de laboratorio, muy al estilo alquimista, muy en la estética medieval. Tal como se puede apreciar en las ilustraciones, se puede percibir un contexto como de magos con sombrero de cucurucho que intentan convertir el plomo en oro.

Observen el quemado de la reacción; después de terminado el experimento, Miller raspó las paredes de uno de los matraces y puso ese material en un papel para realizar una cromatografía, que finalmente demostró que en esas manchas negras se encontraban aminoácidos, esenciales bloque de construcción de la vida.

Miller creó un “Oceano” en el matraz, después de calentarlo con vapor de agua circulando en el sistema. Dentro del matraz se encontraba un universo en miniatura que recreaba un modelo de lo que sucedía hace miles de millones de años en la Tierra. Esa atmósfera de metano (CH4), amoniaco (NH3), hidrogeno (H2) y agua (H2O) en abundancia circulando en forma de vapor. La exposición a la corriente eléctrica semejaba las tormentas intensas de la época, propiciando la interacción de los gases. Materiales solubles en la esencial agua bendita, pasaron por el condensador, disolviendo y aglomerándose en esas manchas negras, que después de analizadas se encontró que eran los aminoácidos esenciales de la vida, aproximándonos a la química prebiótica de la vida en la Tierra o en cualquier lugar del universo donde se conjunten estas condiciones descritas.

Confirmaciones recientes han dejado este experimento de magos medievales como cierto y riguroso, dando un sabor lúdico y literario a la ciencia, y demostrando que sin agua, nunca hubiera existido la vida, ni los seres humanos tal como somos.
 

Temas

Lee También

Comentarios