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Sábado, 15 de Diciembre 2018

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Navidad en un mundo deshumanizado

Por: Lourdes Bueno

Navidad en un mundo deshumanizado

Navidad en un mundo deshumanizado

Desde la Segunda Guerra Mundial, con la presidencia de Roosevelt en Estados Unidos, y con Lázaro Cárdenas en México, se plantearon lineamientos políticos, económicos y sociales que tenían como su eje  la equidad y la integración de la población en el desarrollo. Fue entonces que se incluyeron a las clases trabajadoras en el crecimiento, y se logró el aumento y fortalecimiento de las clases medias, pero gradualmente ese ideal perdió impulso y adeptos bajo el actual sistema económico. Sin embargo, es la aprobación de la Reforma Tributaria en Estados Unidos, la que da la estocada final al proyecto de Roosevelt, porque ahora los pobres y las clases medias esforzadas quedarán sin apoyos sociales y los que más tienen, tendrán más.

Esta reforma beneficia a las grandes, muy grandes, corporaciones y a los ricos, muy ricos estadounidenses, no a la población mayoritaria. Pero esto no ocurrió sorpresivamente, las condiciones económicas y sociales se fueron gestando en el individualismo, la falta de solidaridad y, claro, en el libre mercado que incentiva el espejismo devorador del galopante consumismo, pantano que deteriora personas, países y ciudades, como la antes espléndida Nueva York, hoy, ciudad fracturada donde viven, en choque social, la pobreza más dura con la riqueza exorbitante. 

Como en Park Avenue, calle de los edificios más lujosos y las tiendas deslumbrantes, donde selectos clientes, que llegan en costosos autos con choferes impecables, se bajan, compran y regresan a su estéril y deshumanizada burbuja que los aisla. Mientras, los atractivos aparadores atrapan a miles que miran sabiendo que nada de su interior les pertenecerá jamás…. Y ahí justo, entre cadillacs y espléndido arte,  un Mac Donald de lámparas fundidas y pisos cubiertos de basura, es penetrado por varios “homeless”, sombras de humanos expulsados de la vida que, con trofeos militares sobre sus desgarradas y sucias chamarras, habitan de 6 a 23 horas en los rincones de varias mesas; improvisado refugio en el desamparo social de un Estado, una sociedad alejada de la responsabilidad social, solidaridad ausente para quienes de regreso de sus infinitas  guerras no reciben espacio, menos inclusión.

Un metro deteriorado, sucio, inseguro que ha provocado el aumento de vehículos particulares agravando el tráfico de la “gran manzana”. Miseria y lujos, suciedad y asepsia, inseguridad y guardias privados, insensibilidad y hambre, polos opuestos en una sociedad rota, sin puentes, sin vínculos, sin espacio para la reconstrucción social de una población hoy hundida en el egoísmo procurado. 

Y un parque, Central Park, en el que los paseantes evitan pisar las enormes ratas que a plena luz del día, sin prisa, dueñas del terreno, atraviesan las sendas de los corredores; animales enfermos, sin cola, mordisqueados, sin embargo, empoderados sobrevivientes retando a los humanos que parecen haber perdido la batalla.
Al final, en el súmum, una reforma fiscal de protección al capital que aumenta 20% las ganancias a grandes empresas, que les baja impuestos entre el 21 y el 35% a los que más tienen, pero que provocará la pérdida de recursos para el gasto social. Economía que marca el rumbo del mundo con una sociedad deshumanizada como punta de lanza.

A pesar de ello, o quizá alertados, de este lado del absurdo muro, muchos hombres, mujeres y niños, encuentran, en su generoso espíritu, el cálido sitio donde el pequeño Jesús, símbolo de amor al prójimo, tendrá cobijo; sencilla morada, tu morada, que desde los sismos se volvió comunidad, recuperando la compasión humana con una fuerza interna que ni la devastadora política económica del Norte podrá romper. 

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