Jueves, 21 de Octubre 2021

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Mi recuerdo del festival de Avándaro

Por: Carlos Enrigue

Mi recuerdo del festival de Avándaro

Mi recuerdo del festival de Avándaro

Reconocerá conmigo mi solitario lector que la vejez es uno de los estadios de vida más enfadosos porque ante la posibilidad de hacer o dejar de hacer algo la opción será siempre el no hacer y así, ante la imposibilidad real de realizar conductas inadecuadas no nos queda más que la posibilidad de dar buenos consejos o fingir demencia, y olvidar nuestra fecha de nacimiento y fingir que nos portamos mal. Así, con absoluta certeza, podemos hacer el ridículo o gozar con la memoria porque esa sí la tenemos y de más.

El otro día escuché que se cumplían cincuenta años del festival musical de Avándaro que para los fregados fue la celebración del Woodstock mexicano, que si se quiere un poco retrasado ya que aquel se había celebrado en agosto de 1969 y el refrito se efectuaría en septiembre de 1971, por lo que si las sumadoras son exactas se acaba de cumplir el cincuenta aniversario, medio siglo, ni más ni menos y hasta donde me da la memoria y si usted quiere la invención -para hacerlo parecer más interesante- ahí le voy con mi hacha.

Lo primero, hasta donde recuerdo, fue conseguir quién me acompañara, ya que de todas mis amistades los más groseros me mandaron simplemente a freír espárragos y la mayoría sencillamente me dijo que estaba loco, lo que en cierto modo me gustaba, pensando que se relataría como una de las locuras de Carlos Enrigue, lo que terminó rápido cuando algún sujeto con toda la propiedad del mundo sentenciaría que yo no estaba loco, que sencillamente era pendejo y punto final.

Pues el único que quiso acompañarme fue un querido amigo que ya hace mucho tiempo que falleció: el famoso Tenebras y que curiosamente no era ni mariguano ni aficionado a la música, vamos, lo hizo yo creo por lástima, porque nadie más me hizo jalón, pasó. Debo decir que íbamos greñudos y, según nosotros, perfectamente ajuareados para el caso, es más los pantalones de mi amigo eran los únicos con roturas reales en el fundillo, pero había gente que opinaba diferente ya que cuando nos dirigíamos a la entrada, unos barbajanes nos gritaron “par de fresas” y fresas en ese escenario significaba que no éramos adictos al zacate sagrado.

Otra cosa es que ahora dicen que fue un acto de rebeldía social y otras lindezas que no me acuerdo, pero lo cierto es que fuimos porque creíamos iba a haber desmadre, lo que se complicó porque estaba lloviznando.

Tan no éramos motos mi amigo y yo, y creo que tampoco lo parecíamos, que saliendo de ahí, donde dormimos muy mal entre el ruidazo y la música, que decidimos pararnos para no dormirnos en la carretera y nos cayó la chota, pero no para buscar droga o cosa semejante, no, querían ver los papeles del coche porque sospechaban nos lo habíamos robado. Y hasta ahí me da la memoria de un evento del que fui testigo.

@enrigue_zuloaga

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