Jueves, 24 de Junio 2021

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Mentada de madre

Por: Diego Petersen

Mentada de madre

Mentada de madre

¿Cuál es el país de verdad? ¿El que es capaz de organizarse, tomar la iniciativa y vacunar en el auditorio Benito Juárez o la plazoleta de la Biblioteca Pública de la Universidad de Guadalajara hasta a 2,600 personas por hora con calidad y calidez, o el de las largas y desesperantes colas de los centros de vacunación para la segunda dosis de adultos mayores en Guadalajara, donde ciudadanos con problemas de movilidad hicieron colas hasta 17 horas en dos días consecutivos para acceder a un derecho, el derecho a ser vacunados? En los últimos días la cola era de solo 7 minutos, lo que habla de una pésima (nula) planeación.

La diferencia está en quién vacuna, el Estado (no el gobierno del estado, sino el Estado con mayúscula) o el gobierno. Parece una bobada, pero no es así. En los centros de vacunación para maestros se volcaron todos los recursos del Estado para hacerlo bien y lo hicieron muy bien: ahí estaban la Secretaría de Educación Jalisco, las secretarías de Salud federal y del Estado, los sindicatos de maestros del sistema estatal y el federal, la Universidad de Guadalajara, jóvenes voluntarios de todas las casas de estudio sin celos ni rivalidades, la infraestructura y la inteligencia de todas las instituciones puestas al servicio de un objetivo. En la vacunación para adultos mayores en primera y segunda dosis se quiso controlar desde la Secretaría de Bienestar, una extraña decisión que se tomó en Palacio Nacional hace meses; fue un desastre. Los bien pensados dicen que se designó a la Secretaría de Bienestar para controlar el acceso universal y sin favoritismos de un producto escaso y de alta demanda. Los mal pensado señalan un intención política: que fuera el gobierno de López Obrador y solo el gobierno de López Obrador quien te vacuna, para luego usarlo electoralmente.

En cualquiera de las dos hipótesis resulta un absurdo la torpeza logística con la que opera la Secretaría de Bienestar. No sé si de verdad alguien piensa que dejar a los adultos mayores horas y horas al rayo del sol en espera de recibir una vacuna, cual si fuera una dádiva y no un derecho, se va a traducir en votos. No lo creo. Por lo mismo hay que considerar una tercera hipótesis: en política la estupidez y la incapacidad son factores que nunca hay que descartar.

El desmantelamiento institucional del gobierno federal reducido a un superdelegado de programas sociales y un séquito de operadores llamados Servidores de la Nación ha provocado que la estructura del gobierno de la República no solo esté atrofiada, sino que en los estados dependa fundamentalmente de la capacidad que tenga el delegado para gestionar los programas del gobierno. Los resultados en Jalisco, tras la salida del primer súper delegado, Carlos Lomelí, y la llegada de un sustituto fantasma, Armando Zazueta, son particularmente malos. Es él quien debe rendir cuentas por el proceso de vacunación, porque hacerlo tan mal cuando quedó demostrado que se puede hacer muy bien, es una mentada de madre. Digo, solo para recordar el 10 de mayo.

diego.petersen@informador.com.mx

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