Sábado, 06 de Junio 2020
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¡Manos arriba!

Por: Luis Jorge Cárdenas Díaz

¡Manos arriba!

¡Manos arriba!

La advertencia “¡manos arriba!” ha caído en desuso. Ahora los delincuentes no advierten a sus víctimas. Si se trata de un asalto simplemente amagan con el arma o disparan sin previo aviso para evitar reacciones violentas de la víctima.

La delincuencia es una constante universal. Desde los inicios de la humanidad, en que no se habían inventado las armas, se utilizaban palos, piedras y hasta quijada de burro como describe la Biblia que usó Caín para matar a su hermano Abel. No cabe duda que el ser humano fue diseñado por el creador con un gen de maldad. Afortunadamente, la civilización ha devenido en controlar ese virus maligno y de más de siete mil millones de habitantes, son más los buenos que los maldosos.

Partiendo de esa premisa, los gobernantes deberían atacar el problema de la delincuencia desde dos frentes, el preventivo y el punitivo.  La acción preventiva se aplica desde la infancia en las escuelas primarias con clases de civismo, que inexplicablemente se suprimieron. El civismo, que además de fomentar el celo por la patria, nos enseñaba buenos modales y el respeto a nuestros semejantes, el cumplimiento de las leyes, el respeto a las instituciones, el cumplimiento de los deberes como ciudadano, el comportamiento correcto ante la sociedad y la contribución al bienestar de los miembros de la comunidad. El civismo es el conjunto de normas del comportamiento humano ordenado y responsable dentro de la comunidad; en tanto que la cultura está íntimamente vinculada con el civismo. Son unidos a la cultura cívica el altruismo, la caridad, la filantropía, la piedad y la generosidad.

El filósofo Erick From, fundador de la escuela humanista, preconizaba que el ser humano debería actuar en función de su conciencia y conducirse con rectitud por voluntad propia, no por temor al castigo terrenal o divino.

Tal vez dentro de varias generaciones, bajo la influencia de las acciones preventivas, se logre controlar al gen de la maldad pero, mientras tanto, las acciones punitivas son indispensables para someter a los malandros, entre más severas sean, mejores resultados tendrán, sin excluir  la pena de muerte, que se aplica en varios países; en aquellos que castigan severamente los delitos, Singapur y  Malacia, han logrado reducir al mínimo los actos delictivos.

El ser humano no solo está poseído por el gen de la maldad, sino que utiliza su ingenio para producir armas que contribuyen a fomentar la delincuencia.  En el mundo hay cinco países que son los principales fabricantes de armas, encabezados por los Estados Unidos, le sigue de cerca Rusia, luego Francia, Alemania y Siria, que entre todos exportan 75% de armas que se consumen en el mundo.

Ante el crecimiento de la delincuencia es preocupante que nuestros gobernantes no tomen medidas drásticas, tanto para corregir los vicios del poder judicial como el sistema carcelario y la  imposición de penas más severas.

Por otra parte, en las Juntas Cumbre de Ginebra, deberían pugnar por desaparecer las fábricas de armamento que es un negocio fabuloso.

Siento pena por la humanidad, por sus instintos salvajes y siento lástima por México por el grado de decadencia moral y humana en que ha caído y siento coraje con nuestros gobernantes que pretenden acabar con la delincuencia con sermones.

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