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Jueves, 12 de Diciembre 2019
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Los pueblos originarios en tiempos de López Obrador

Por: Diego Petersen

Los pueblos originarios en tiempos de López Obrador

Los pueblos originarios en tiempos de López Obrador

Los indígenas y los pueblos originaros se han convertido en el centro de la política social de López Obrador. Los presume todo el tiempo, les dedica su tiempo. Ningún Presidente había tenido el gesto político de visitar todas (o casi todas) las comunidades indígenas del país. Ninguno los había puesto en el centro de su Gobierno y de su discurso como lo ha hecho este Presidente y, sin embargo, hay comunidades indígenas que no sólo no están de acuerdo con él, sino que consideran que la política del Gobierno actual es represiva y de hostigamiento a las comunidades, como lo denunció la vocera del Consejo Nacional Indígena y ex precandidata a la presidencia de la república María de Jesús Patricio.

Según López Obrador nueve de cada diez hogares indígenas ya reciben alguno de los apoyos del Gobierno federal, lo que de alguna manera alivia las economías de los más marginados del país. Pero los pueblos originarios ven otra cosa. Lo que ellos señalan es que los megaproyectos del Presidente, concretamente el Tren Maya y el Transístmico, lejos de traer desarrollo lo que provocarán es destrucción ambiental y desplazamientos de comunidades. Acusan que ha comenzado ya la presión e incluso desaparición de líderes indígenas que se oponen al proyecto desarrollista de la autodenominada Cuarta Transformación.

Evidentemente, no todas las comunidades indígenas tienen la misma visión y por supuesto no todos al interior de una comunidad indígena piensan igual. Ese es el error más común que los analistas, los políticos y el mismo Presidente, cometemos cuando queremos analizar y pensar el mundo indígena. Los indígenas no son una entelequia o una categoría, sino personas y comunidades concretas con problemas concretos y visiones particulares. Cuando desde las ciudades y desde los escritorios de los políticos se quieren “solucionar” los problemas indígenas se suelen cometer errores gravísimos. La vía corta Guadalajara-Mezquitic que se pretendió construir hace unos años es un buen ejemplo de ello, pues los ingenieros que trazaron la carretera nunca entendieron la noción de territorio de los pueblos wirraritari.

La consulta sobre el Tren Maya a mediados del mes de diciembre será la prueba de fuego para la administración de López Obrador. No se trata de ganar una elección amañada, como lo hicieron con el aeropuerto de Texcoco, sino de entender la lógica y los intereses de los pueblos aparentemente beneficiados. No es sólo un asunto de poner mesas de votación, eso sirve para legitimar la obra, pero nada más, sino de escuchar y eso es más complicado, más tardado y sobre todo implica estar abierto a recibir la crítica.

En un gobierno con prisa, que habla mucho y escucha poco y sobre todo que es poco tolerante a la crítica, la realización de la consulta podría ser incluso contraproducente. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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